sábado, 16 de octubre de 2010

Capítulo 50

Gracias por todos los comentarios. En especial a la persona que me dejó el último por hacerme ver que todavía queda alguien que recuerda esta historia cuando ni yo la recordaba. GRACIAS

DENÍS

Nos dirigimos hacia la puerta de embarque, no quería pensar en lo que acababa de pasar, la perspectiva de ver a mi padre en menos de tres horas ocupaba toda mi mente.

-¿Estás bien?

Saqué el pasaporte al tiempo que notaba como Ed apretaba mi mano con fuerza.

-Perdona ¿que?- dije mirándolo fijamente. No sabía a ciencia cierta si había dicho algo o no, estaba demasiado distraída como para hacer caso a lo que me rodeaba.

-¿Estás bien? ¿quieres hablar de ello?

Enmudecí durante unos instantes, estaba bien, claro que estaba bien. No sabía si lo que había dicho Robert era verdad pero si así lo era me alegraba. Me alegraba no por mis sentimientos hacia él, si no porque en el fondo si me quería deseaba que sufriese tanto como había sufrido yo por su culpa.

-si, estoy bien... solo estoy nerviosa por.. mi padre y eso, ya sabes.

-Si quieres hablar de lo de Robert.. no me molesta, soy tu novio para lo bueno y para lo malo y quiero que compartas conmigo cualquier cosa que te moleste.

-Lo de Robert me da igual, ¿alguna vez alguno de los dos me va a decir lo que pasó entre vosotros para que os llevéis tan mal?-dije forzando una sonrisa.

Ed enmudeció un momento y acto seguido se dispuso a hablar.

-Prefiero contártelo yo antes de que lo haga él y sea su versión y no la mía la que escuches.

Miré el suelo fijamente, después de tanto tiempo iba a saber lo que había pasado y por lo que Ed acababa de decir la culpa había sido suya.

-está bien, cuéntamelo, prometo ser imparcial-dije sonriendo.

-¡Pasaporte por favor!

-¡Salvado por la campana!- dije sonriendo, los dos dejamos el tema durante un rato para mostrar nuestra documentación a la azafata que nos hablaba en aquel momento.

Avanzamos por el túnel y una vez que llegamos al avión nos dirigimos a nuestros asientos.

-¡Me pido al lado de la ventanilla!-dije al tiempo que me deslizaba entre los asientos para tomar el sitio sin posibilidad a una negativa.

Escuchamos el discurso de la tripulación al tiempo que las azafatas hacían las pertinentes indicaciones de las medidas de emergencia. Siempre me había hecho gracia aquel ritual, en caso de accidente más de la mitad de los pasajeros olvidarían todas aquellas medidas y se provocaría una histeria general.

-Deja de mirar a las azafatas y cuentame la dichosa historia.-Ed sonrió y tomo aire.

-Bien, hace unos cuantos años una noche estábamos en un local unos amigos y yo. Se me acercó una chica y empecé a hablar con ella... unas cosas llevaron a otras y terminamos besándonos.

-Continúa...- dije divertida.

-Pues resulta que la chica en cuestión tenía algo con Robert...

-Así que el malo de la película eres tu...-dije entre carcajadas.

-Para empezar no lo sabía, el caso es que la cosa se complicó y todavía no se quien insultó a quien pero terminó con una pelea entre sus amigos y los míos y todos fuera del local.Al parecer esa noche tocaba un amigo suyo por primera vez allí y por nuestra culpa-dijo esto levantando las manos y haciendo el gesto de comillas en el aire-no lo pudieron ver, con lo cual aparte de echarme en cara lo de la chica tuve que aguantarlos quejándose por lo de su amigo.

Me quedé callada un rato, esperando a que Ed dijese algo más.

-¡Dijiste que ibas a ser imparcial!-dijo medio riéndose.

-No es eso,es que ahora me siento menos especial, solo te fijaste en mi por seguir tu costumbre-dije poniendo una falsa cara de pena.

Ed comenzó a reírse al tiempo que me besaba.

-¿Entonces todo bien?- preguntó dubitativo.

-Por supuesto... no entiendo tanto odio por tanta tontería...- dije con total sinceridad.

-Creo que somos los dos demasiado orgullosos para cambiar las cosas a estas alturas...

Apoyé mi cabeza sobre el hombro de Ed y me dispuse a dormir hasta el momento del aterrizaje.


ROBERT

Denís iba a reencontrarse con su padre, después de tanto tiempo y yo no estaba allí para acompañarla en un momento tan importante. En mi lugar estaba él.

Maldito oportunista, lo odiaba, lo odiaba sobre todas las personas sobre la faz de la tierra, le deseaba lo peor aunque eso implicase que Denís sufriese. Quizás así tendría la oportunidad de estar con ella a solas sin ese imbécil pululando como una mosca cojonera...

-¡Robert!- la voz de Sam que en ese momento golpeaba mi brazo para llamar mi atención me sacó de mis pensamientos.

-¿Que?

-Te estoy hablando... podrías asentir por lo menos de vez en cuando, yo que se, fingir que me escuchas...

-Perdona, tengo los oídos taponados del vuelo...-mentí.-¿que me decías?

-Te decía que es el momento en el que ideemos un plan, esta noche, los 5 nos juntaremos y cuando el alcohol comience a tomar el control inventaremos un gran plan de reconquista.

-¿Pero tu te escuchas?- dije un tanto incrédulo.

-Napoleón le llamaban...- dijo Bobby que en ese momento no podía controlar la risa ya doblado sobre su cintura.

-Vamos a ver Robert, en la guerra como en el amor para que todo acabe es necesario verse de cerca... mientras ese idiota esté pululando no va a haber aproximación, ¡tenemos que hacer algo!

-¿tenemos?-pregunté incrédulo nuevamente.

-Somos tus amigos queremos ayudarte...- dijo Bobby que había recobrado la seriedad.

-Eso es, y si tienes que coger un vuelo a España pues lo coges

-No quiere verme ni en pintura... y no la culpo.

-Da igual hoy toca reunión... a las 8 todos en mi casa.

Daba igual lo que dijese hoy a las 8 estaría en casa de Sam dispuesto a escuchar los consejos más idiotas que se les ocurriesen. Al fin y al cabo hacía demasiado tiempo que no estaba con mis amigos y se lo debía.

miércoles, 7 de abril de 2010

Capítulo 49

Después de tanto tiempo no creo que quede nadie que lo lea.. pero de ser así mis disculpas por haber tardado tanto.

Espero que lo disfruteis tanto como yo escribiendolo.


Capítulo 49

Me sentí insignificante en aquel momento y los recuerdos de unos meses atras vinieron mi mente. De nuevo volvía a estar en su jardín, en aquella tarde soleada totalmente enamorada y perdida.

-Todavía falta uno. Sacó de su pantalón una pequeña cajita cuadrada y me la entregó. La abrí y deslicé entre mis dedos su contenido. Era una cadena de plata, con un colgante rojo en forma de lágrima.

-No sabía como representar mejor el amor. El rojo, representa la pasión, lo material y corpóreo entre dos personas. La lágrima, es más un significado de los lazos reales que unen a esas dos personas, estando entre esos lazos el del sufrimiento y alegría que las lagrimas representan.

-Coloqué el colgante en la palma de mi mano y lo miré fijamente.

-Mientras lo lleves puesto, sabré que quieres estar conmigo, si algún día te lo quitas, no tendrás que decirme nada más para saber que las cosas han terminado.

-¿Y si lo pierdo?

-¿Tan poco importante soy?

-No me lo voy a sacar nunca…-Robert me miró y me sonrió.

Como acto reflejo llevé mi mano al colgante mientras permanecía con la vista clavada en mis pies. Elevé la mirada y la clavé en él. Me sonreía, seguramente el también estaría recordando aquella tarde.

Sentí una mezcla de odio y ganas de besarlo de nuevo a partes iguales. Ed agarró mi mano y la apretó con fuerza. Robert observó nuestras manos entrelazadas y la sonrisa se esfumo de su rostro.

-Espera un momento- le dije a Robert titubeando.

Aparté a Ed unos metros para hablar con él. No se como se tomaría aquello pero era algo que tenía que hacer.

-¿Estás bien?- dijo mirándome con preocupación.

-Ed, necesito hablar con él, dejanos unos minutos -sentí un profundo vacío al ver su expresión.- por favor.

-Está bien, voy a por un café. ¿Quieres que te traiga algo?

-No...-durante un instante lo miró a él quizá pensando en ofrecerle uno también. Sin embargo se giró y se alejó en dirección a la cafetería.

Miré a Robert de nuevo y poco a poco fui acercándome a él. Me senté a su lado en el banco que ocupaba en ese momento y observé como entrelazaba sus manos inquietamente y movía su pie.

-¿Que tal todo?- dije con un hilo de voz. Es sorprendente como personas que lo compartieron todo tiempo despues no tienen nada que decirse.

-Ehm... bien. Aunque podría haber sido mejor- dijo clavando sus ojos en los míos. Como acto reflejo bajé la mirada, no era capaz de sostenerla, resultaba imposible no derrumbarme si continuaba mirándolo.

Él me había hecho daño, demasiado. Había jugado con mis sentiemientos de la forma más dolorosa que en aquel momento pudiese imaginar. No importaba que sintiese odio hacia él, la herida no estaba totalmente cerrada y al contrario de comportarme como realmente debería solo conseguía sentirme frágil.

-Todavía lo llevas...- dijo sonriendo tristemente.

-Si...- ojalá me lo hubiese quitado. Ojalá él no hubiese tenido la oportunidad de vermelo puesto.

-Denís se que no me porté bien contigo... pero esto no es lo que quería para ti.

-¿Que esto no es lo que querías para mi?-dije levántando la voz. No podía dar crédito a lo que estaba oyendo. Después de haberse ido tenía la desfachatez de volver dándome lecciones y opinando sobre mi vida.

-No deberías estar con él. Puede que suene como un exnovio celoso pero realmente no es lo que pretendo...

-Robert, de verdad, no sigas.

-Si sigo.. porque si hice lo que hice fue para que todo ese mundillo no te afectase... para que no te vieses involucrada...

-Si te creyese te diría que no eras quien para tomar esa decisión por mi...

-¿Si me creyeses? ¿que quieres decir con si me creyeses?

-Lo que quiero decir es que no creo esa tontería de que me dejaras por mi bien... ¡No eres Edward Cullen!

Me sentí un poco extraña cuando varias personas de las que se encontraban a nuestro lado comenzaron a mirarnos y cuchichear. Había olvidado lo que era estar con él. Flashes y más flashes. Quizá mañana sería portada de alguna revista. No me importaba, no me importaba en absoluto. Había esperado demasiado tiempo callada para volver a tenerlo cara a cara y decirle lo que pensaba.

-¡Yo no te engañaría!-dijo a modo de reproche.

-¡En realidad lo hiciste!

-Parece mentira que me conozcas tan poco

-Sinceramente creo que nunca te conocí...

-Me entristece que pienses así... y sobre todo que estés con Ed.. él no te merece.

Comencé a reirme descontroladamente.

-¿Él no te merece?- dije imitando su voz apesadumbrada al tiempo que continuaba con mi risa nerviosa.

-Claro que no... él lo intentó cuando estabamos juntos, solo tuvo que jugar las cartas que yo le había dejado.

-Exactamente... si no te hubieses ido, él no tendría cartas que jugar... pero te fuiste!-dije riéndome.

Nada de aquello tenía la menor gracia pero no conseguía dejar de reirme. La situación de por si surrealista empeoraba con cada palabra que pronunciaba.

-Ed es amigo de Amanda.

-¿y que quieres decirme con eso?- dije enarcando una ceja.

-Nunca te paraste a pensar que quizá el hecho de que ella viniese a nuestra habitación y que tu acabases en casa de Ed tal vez no fuese pura coincidencia?

-Realmente nunca te conocí... estás totalmente loco!

-Piénsalo solo un momento...

-¡No voy a pensar nada! O antes disimulabas bien o estos meses te volvieron un trastornado.

Me daban miedo los planes locos que atravesaban su mente, me dolía que se metiese con Ed, MI Ed, el que había estado ahí para apoyarme cuando lo había necesitado.

-Ed me apoyó cuando lo necesitaba... si es algun tipo de estrategia me da igual. Es estuvo ahí.

-¡Robert!- escuché unos gritos de lejos. Dos chicos vinieron corriendo y uno salto sobre su cuerpo. Eran Bobby y Sam... nunca me los había presentado pero mi tiempo de busquedas contantes en internet han dado sus frutos.

-Esperad un momento...- dijo Robert mirándolos y señálandome disimuladamente con la cabeza.

-Em vale... espera ¿tu eres Denís?- dijo Sam mirándome con una sonrisa.

-¿Quien lo pregunta?- dije haciendome la loca al tiempo que enarcaba una ceja.

-Soy Samuel, encantado... Robert, ¿nunca le hablaste de mi?- dijo fijiendo estar dolido.

-Yo soy Bobby...- dijo el otro estendiendome su mano.

-Pues como creo que ya sabeis yo soy Denís.

-¡Es tan guapa como nos había dicho Tom!-dijo el tal Bobby dándole codazos.

Robert se puso colorado. Al contrario de lo que pudiese parecer me estaba divirtiendo con la situación. La cosa solo podría empeorar si se presentaba en el aeropuerto toda su familia.

-¡Nos nos dijiste que lo habíais arreglado... si ya te decia yo que no podía estar con ese gilipoll..

-Sam...callate.

-En realidad el gilipollas me está comprando un café. Nos vamos ahora a España a casa de mi padre- dije mirándolo seriamente.

-Ah... vaya... parece que vais enserio...

-Es lo que tiene, cuando salgo con alguien yo suelo ir enserio.

Vi como Ed salía de la cafetería y le hice señas para que me salvase. Aquello estaba siendo demasiado violento.

-Denís, te quiero

-Es verdad, te quiere- dijeron los dos al unísono.

-¡Quereis callaros! Enserio Denís te quiero.

-Yo... te quise.- dije de forma seria- entiende que no confié en ti.

-Podemos por lo menos ser amigos. Quedar y hablar cuando vuelvas, tengo muchas cosas que decirte.

-Me gusta fiarme de mis amigos... y lo siento pero no me fió de ti.

-Dame solo una oportunidad.

En ese momento Ed llegó me entregó el cafe y me cogió de la cintura. Las miradas de los cuatro fueron cuchillos cortantes mutuamente.

-Tenemos que irnos.. un avión nos espera.

Me despedí de ellos y agarré la mano de Ed con fuerza al tiempo que lo besaba.

-¡Solo piensalo! -pude escuchar a mi espalda.