martes, 17 de noviembre de 2009

Capítulo 46

Denís.

Me quedé como una idiota mirando el teléfono, como si el tuviera la culpa de mis problemas. Me levanté de la cama y fui directa a la estantería. Comencé a rebuscar entre mis cds y entre ellos elegí el de Jeff Buckley que me había regalado mi padre años atrás. Adoraba aquel cd, por lo que significaba y por el efecto que era capaz de hacer sobre mi.

Lo dejé sonar y me acosté en la cama. Cerré los ojos intentando concentrarme en cada una de las notas musicales, pero por mucho que lo intenté no lo logré. La melodía se mezcló con la voz de Robert. Mi mente se negaba a dejar de repertirme un te quiero doloroso y desgarrador. No lo pude evitar y comencé a llorar al rememorar cada uno de los momentos que habíamos pasado y por primera vez no fui capaz de saber si las lágrimas demostraban tristeza o la más profunda de las alegrías.

El timbre sonó y me desperté sobresaltada sin darme cuenta de cuando me había dormido. Me desperecé y bajé corriendo las escaleras sin consultar el reloj. En ese momento mi hermana se acercó con una carta entre sus manos.

-Es para ti, no trae remitente...- dijo con una sonrisa.

Se la arrebaté con fuerza y subí a mi habitación para leerla. La abrí nerviosa, sin saber lo que me iba a encontrar.

La desdoblé y una sonrisa se dibujo en mi cara. No importaba el tiempo que pasara, reconocería aquella letra donde fuese. Era de mi padre.

Pensarás que tu padre es un anticuado, que las cartas son del siglo pasado y que un e-mail hubiese sido mucho más adecuado. Puede ser, pero con el e-mail no podría haberte mandado los billetes. Son dos, uno para tu novio y otro para ti, me gustaría que tu hermana viniese pero al ser menor de edad tendremos que esperar un año para que tu madre no se oponga. Tengo muchas ganas de verte y no acepto un no por respuesta.

Un beso mi vida. Estaremos esperandoos en el aeropuerto.

Comprobé el contenido del sobre, en efecto como mi padre había dicho, en el interior se encontraban dos billetes fechados en la semana próxima. Guardé la carta en el cajón y busqué el momento adecuado para comunicarle a mi madre mi plan.
Por fin vería a mi padre de nuevo, había fantaseado con aquel momento durante mucho tiempo, conocería a su mujer y lo que era más importante, a mi hermano.

Me vestí a toda velocidad, faltaba apenas media hora para que Ed llegase. Bajé las escaleras corriendo y fui directa a la cocina para hablar con mi madre.

-Denís ayúdame con el estofado. Espero que ese chico llegue puntual porque si esto se pasa de tiempo no estará ni la mitad de rico- dijo mirándome con una sonrisa.

-Mamá... prométeme que te vas a portar bien...- dije con ciertas dudas.

-¡Por Dios, hija! Creo que a estas alturas tengo bastante claro como tengo que comportarme...

Por un momento estuve a punto de sacar el tema de Robert. No era necesario. Mi madre por alguna razón estaba feliz, tarareaba al ritmo de la música de la radio y bailaba al tiempo que removía el contenido de una olla. Tenía su buen humor de mi parte, no había necesidad de cambiar eso.

-¿De quien era la carta?- preguntó mi hermana que entró en ese momento en la cocina.

-Shh... ya te lo contaré después- dije agarrándola del brazo y sacándola de la cocina. Podría habérselo contado pero no me sentía capaz. Sabía que ella tenía tantas ganas como yo de verlo. Me comporté como una egoísta, preferí retrasar el momento y tenerla de mi parte por si algo durante la comida salía mal.

El timbre sonó en ese momento, me dirigí a la puerta y alli estaba Ed. Me abalancé sobre él y comencé a tirarle de las orejas.

-¡Felicidades! ¡Felicidades!- dije al tiempo que lo besaba.

-Deja de tirarme de las orejas, 22 ya son muchas veces- dijo mientras me besaba y me cogía por la cintura guiándome hacia la cocina.

-Parece que conoces mi casa mejor que yo misma- dije sonriendo. Me giré y lo observé durante un momento. Me sorprendía el atuendo que llevaba. Había pensado que se iba a poner ligeramente elegante para la ocasión y sin embargo me equivocaba por completo. Vaqueros y camiseta de manga corta. Le sonreí y lo besé nuevamente antes de entrar en la cocina.

Tosí ligeramente para que mi madre que se encontraba muy ocupada entre fogones se girase y nos prestase atención.

-Mamá este es Ed...- la miré fijamente para observar la cara que ponía mientras lo examinaba.

-Señora Anderson- dijo Ed al tiempo que estrechaba su mano.

-¡Por favor! ¿No me creerás tan vieja como para tratarme de señora?, llámame Olivia- dijo mi madre entre risitas.

-¿Te ayudo en algo? Olivia- dijo Ed muy serio al tiempo que yo lo miraba sorprendida intentando aguantar una carcajada.

-No, no, hoy eres nuestro invitado, sentaos a la mesa.

Salimos de la cocina y nos dirigimos al salón.

-Espera aquí un momento, tengo que ir por algo al coche... ¡hola Beca!- dijo girándose hacia mi hermana que acababa de entrar en la estancia en ese preciso momento.

-Hola Ed, que guapo ¿intentando impresionar a la suegra?

-Haciendo lo que se puede...- dijo al tiempo que acariciaba su cabeza.

Lo observé salir y antes de que me hubiese dado tiempo a moverme, volvió a entrar. Traía una caja grande que dejó en la puerta y una bandeja que todavía tenía en sus manos.
Nos dirigimos a la mesa, mi madre y Beca ya nos esperaban allí. Dejó la bandeja encima de la mesa y le quitó el papel que envolvía el contenido.

-¡Tortilla!- dijo mi madre con emoción.

-Bueno... es un poco extraño presentarse con una tortilla pero se que estuvisteis viviendo en España y seguro que la echáis de menos.

No daba crédito a lo que estaba viendo. Tenía a mi madre completamente ganada, aunque nunca le había dicho nada a Ed mi madre solía bromear sobre la tortilla de patata y como era lo que más echaba de menos de España.

-¿De dónde la sacaste?- le dije en voz baja.

-Tengo mis contactos....- comenzó a reirse.- En realidad fue tan fácil como buscar un restaurante de comida española, espero que sepa bien.

-Y dime, Ed, ¿que estudias?-preguntó mi madre de manera inocente.

Beca y yo nos miramos durante unos segundos mientras me esforzaba en disimular para no reirme.

-En realidad ahora ya no estudio, abandoné la universidad Hertfordshire para estudiar teatro y... ahora soy actor.

-¿Eres actor?- preguntó mi madre con ironía.

-Si... o eso intento.

-Actor, bueno eso ya lo he oído antes. ¿De verdad no se trata de una broma?

-Lo siento pero no.

-Denís, por Dios, ¿no te puedes buscar un novio normal?- dijo mirando hacia mi.

Cuando me disponía a responderle con una frase para que cambiara el rumbo de la conversación Ed me interrumpió.

-Bueno en realidad creo que me puedo considerar normal. Mi madre es psicóloga, mi padre profesor, tengo dos hermanos, me gusta el cine, la música y pasar el tiempo con mis amigos y mi novia. Si le preguntas a alguien “normal” de mi edad, no creo que te responda algo muy diferente.

Ante estas palabras mi madre se quedó callada.

El resto de la comida transcurrió positivamente. Ed estuvo hablando todo el rato, se le veía muy cómodo. No sabía como lo conseguía pero siempre conseguía ganarse a todo el mundo. Sonreí durante un momento, dentro de lo malo a mi madre no le importaría que fuera él quien me acompañase a ver a mi padre.

-Ed, vamos tengo que darte el regalo-dije una vez que habíamos acabado.

Lo observé mientras se levantaba y se disponía a recoger los platos.

-Ed, por favor, te repito que eres nuestro invitado.

-Pero no importa, de verdad, así acabamos antes.-dijo mirando a mi madre muy seriamente.

-Vamos anda...-dije mientras lo agarraba de la mano y lo dirigía hacia mi habitación.

Antes de llegar a las escaleras cogió la caja que había dejado junto a la puerta y me siguió hasta mi habitación.

-¿Que tal fue?- preguntó mirándome fijamente.

-¿Me tomas el pelo? A este paso mi madre me echa de casa para adoptarte a ti.

Ed me recostó en la cama y comenzó a besarme al tiempo que acariciaba mi cuerpo.

-Ahora no...-dije apartándolo de mi.

Sin inmutarse cogió la caja blanca que se encontraba en el suelo y me la dio.

-¿Qué es?

-Un regalo...

-El que estás de cumpleaños eres tu... ¿dónde se vio que hiciese regalos el cumpleañero?- dije al tiempo que le daba un beso.

-Venga, ábrelo.

Lo abrí. No podía creerlo, dentro de la caja se encontraba un vestido rojo y negro que había visto días atrás en un escaparate y del que me había enamorado a primera vista.

-Ed...

-Sabía que te gustaba... lo dijiste durante toda la tarde, no iba a dejarlo allí.

-Gracias, aunque ahora mi regalo queda muy cutre...-dije sacando de debajo de la cama un paquete.

Era un álbum con fotos de los dos y algún que otro recuerdo. No se me había ocurrido nada mejor, no resultaba nada fácil escoger un regalo para alguien que podía comprarse todo lo que quería.

-Me encanta- dijo al tiempo que iba pasando las páginas. Era verdad, realmente le encantaba, podía notarlo en sus ojos.

-Y eso no es todo- saqué el sobre con la carta que me había mandado mi padre y le di un billete de avión.

-¿que significa esto?-preguntó mientras observaba el billete.

-Significa que ahora que pasaste la prueba delante de mi madre, espero que tengas el mismo éxito con mi padre... la semana que viene.

-Por fin lo vas a ver...- dijo dándome un abrazo.

Se apartó de mi y me miro fijamente.

-Denís... no se como decirte esto porque se que no te va a apetecer.

-¿que no me va a apetecer?- dije mientras golpeaba su brazo.

-Me llamó hoy mi representante, hay una fiesta “sorpresa” hoy en mi casa para celebrar el cumpleaños. ¿Vendrás? Dime que si.

Pensé durante unos segundos en la gente que habría allí. Seguramente gente que en anteriores ocasiones me había despreciado. Sonreí. Yo ya no era aquella Denís indefensa que se acobardaba a la primera de cambio.

-¿A que hora?

-7.30

-Estaré puntual.- dije esto y a continuación comencé a besarlo.