miércoles, 15 de julio de 2009

Capítulo 41

Permanecí con la mirada clavada en el cuerpo de Denís que cada vez se encontraba a más distancia del mío. Quedándome allí sin moverme no conseguiría nada, no conseguiría cambiar lo sucedido ni conseguiría retrasar mi vuelta a Vancouver.

Miré la parada y comprobé como el taxi que había llegado minutos atrás continuaba en el mismo lugar. Me dirigí hacia allí. Pensé durante unos segundos en ir andando. No era una buena idea, seguramente me encontraría a alguien y no estaba en mi mejor momento como para responder con una buena cara.

Indiqué al taxista la dirección y clavé mi vista en la calle. Al adelantar a Denís me giré para verla de nuevo. Pude ver como las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Sentí una fuerte necesidad de bajarme del taxi. Me contuve y la miré por última vez.

Abrí la puerta de casa sin demasiadas ganas, me quité la chaqueta, la tiré al suelo y me acosté en el sofá. En ese momento Patti vino corriendo y comenzó a lamerme la mano y la cara.

-Patti, quieta…-dije girándome para mirarla. Hizo caso omiso a mis palabras y continuó lamiéndome.

Me senté en el sofá y le hice un gesto con la mano para que subiese. Patti se colocó sobre mis piernas mientras yo la acariciaba.

-¿Crees que hice lo correcto?- le pregunté. –Si tan solo me hubiese despedido como algo provisional… o quizá si le dijese que viniera conmigo… No, mientras estuviese rodando ella se aburriría… y si…

En ese momento me puse a recordar todos los momentos que habíamos pasado juntos. Desde la primera vez que la había visto en aquel bar hasta la última en aquel parque. Recordé su sonrisa, el ataque de celos que me había entrado cuando la había visto con Ed, la primera vez que la había besado, la primera pelea que habíamos tenido con su posterior reconciliación…

Aunque era algo que me había prometido a mi mismo que no haría, comencé a llorar. Abracé a Patti con fuerza que en ese momento se había puesto a aullar.

-La echaré mucho de menos ¿sabes?-me quedé observándola durante un rato.- ¿pero que hago contándole mis problemas a un perro?-dije en voz alta para mi mismo.

Me levanté del sofá y subí las escaleras sin demasiada prisa. Mi cuerpo se movía sin fuerza, lento y a regañadientes.

Llegué a la habitación. Cogí la maleta de encima del armario y la coloqué sobre la cama. Intenté mantenerme entretenido preparándola pero hacer maletas nunca había sido lo mío y después de cinco minutos tras haber metido la ropa sin doblar ya había acabado.

Cogí un libro y me dirigí al cobertizo del jardín mientras escuchaba la lluvia golpeando contra el tejado al tiempo que empapaba el césped.

Intenté concentrarme en lo que leía pero era imposible, después de haber leído cuatro veces la misma página no tenía la menor idea de su contenido.

Tiré el libro al suelo y miré fijamente las finas gotas que en ese momento caían. Me levanté cogí el libro del suelo y lo coloqué encima de la mesa del salón mientras cogía la guitarra.

Mientras la sacaba de la funda el teléfono sonó.

Sentí un terremoto interior al compás de la melodía del móvil. Me apresuré a cogerlo pero todas mis ilusiones se desvanecieron en cuanto vi que la llamada era de Sam.

-¡Hi Robert!

-Hola ¿Qué quieres?- en aquel momento no me apetecía lo más mínimo hablar.

-¡Que susceptible! Pues nada, como te vas mañana… no pensarías irte sin despedirte de nosotros ¿no?

-No estoy de humor.

-Es normal… se que nos echarás de menos pero iremos a verte-dijo riéndose- Además ¿desde cuándo hace falta estar de humor para tomar una cerveza?

-Está bien. Pero una nada más.

-Si, claro, por supuesto que una nada más…

Colgué el teléfono y me desplacé hasta el baño. Me lavé los ojos y me puse las gafas de sol. Siempre me había parecido un tanto estúpido que la gente llevase gafas de sol de noche pero ahora no tenía otra opción.

Pedí un taxi y me encaminé hacia el lugar en el que habíamos quedado. Al atravesar la puerta vi a todos sentados que en ese momento giraban su cabeza hacia mi para mirarme con una sonrisa.

-Por ahí llega nuestro león masoquista.-exclamó Bobby.

Ignoré totalmente aquel comentario y me acerqué a la barra para pedir. Una vez que me hubieron servido mi cerveza me senté en una de las sillas en torno a la mesa que ocupaban.

-¿Qué tal estáis?- les pregunté. Hacía siglos que no los veía. Antes solíamos quedar tarde tras tarde simplemente para perder el tiempo.

-Bien, aunque creo que no podré seguir viviendo si tu no me muerdes- dijo Sam con voz dramática.

-¿Qué buscas algo que contar en tu próxima entrevista?- le pregunté entre risas.

-No quizá en la próxima cuente tu firme empeño en ser bailarina de ballet o tu gran obsesión por el punto de cruz. ¿Qué te parece?

-Oh, creo que son cosas que la humanidad tiene que saber.

Nos divertíamos inventando historias ridículas que la prensa en su firme afán por dar exclusivas de mi vida se acababa creyendo.

-Rob ¿en la nueva película habrá diálogos tan intensos como en la anterior?

-Dímelo tu Bobby, con ese flequillo había deducido que hacía tiempo que los habías leído.

-Siempre atacando mi flequillo- dijo Bobby intentando parecer ofendido.

-Quizá si te lo cortases empezaría a tomarte enserio.

-Si, quizá lo haga cuando dejen de depilarte las cejas.

Todos comenzamos a reírnos. Al fin y al cabo me alegraba de haber quedado con ellos, en casa solo conseguiría darle vueltas a la cabeza una y otra vez.

-¿Qué tal estás?-Dijo Tom poniéndose serio.

-Podría estar mejor...Si te refieres a si tengo ganas de irme a USA, no, la respuesta es un claro no. Si tengo ganas de rodar, en otro momento no desearía otra cosa pero ahora, ahora si que desearía algo antes de eso…

-¿Es por Denís?-preguntó Tom mirándome fijamente.

-¿Cuándo nos vas a presentar a esa chica que te roba tanto tiempo? ¿o es que crees que no somos dignos de conocerla? Debería darte vergüenza que la única información que tenemos de ella sea gracias a Thomas.

-Cállate Samuel- replicó Tom.

-¿Por qué debería callarse, dijiste algo tan malo de ella?- pregunté mientras lo examinaba con una sonrisa.

-Oh no, por eso tranquilo. Aquí Don inconformista dijo que no estaba mal por lo tiene que estar realmente bien.- contestó Sam.

-Pues creo que os quedaréis sin conocerla…- dije intentando sacarle hierro al asunto aunque era una afirmación que lamentaba profundamente.

Los tres me miraron con incomprensión durante unos segundos.

-¿Te ha dejado?-preguntó Sam.

-Bueno más bien la he dejado yo a ella…- dije con tristeza.

-¿No era la oveja correcta?- preguntó Bobby.

-¡Cállate!- exclamamos los tres a la vez.

-No es eso. La quiero ¿vale? Pero sabéis como es esto, la prensa las fans, es todo demasiado complicado…

-¡Robert no! Retírate ya… Espero que nunca te toque interpretar a un asesino a sueldo ¡te has convertido en Edward!-dijo Tom que me miraba alarmado.

-La decisión está tomada y no hay vuelta atrás. Ahora debo irme. Espero que vengáis a verme algún día.

-Lo intentaremos…-dijo Sam mientras se reía.

Me despedí de ellos durante unos minutos. Los echaría de menos. Echaría de menos tantas cosas. Sabía que en ese momento quedaban hablando sobre mi, sobre lo mal o lo bien que me habían visto.

Cogí un taxi de vuelta a casa. Mañana sería un día muy largo con muchas horas de avión por delante.

Al llegar a casa me acosté con la ropa que tenía puesta. Estaba totalmente agotado. Miré el móvil durante unos segundos. Marqué el número de Denís y la llamé. Antes de que diese señal colgué. Costase lo que costase tenía que mantener mi intención hasta el final.

sábado, 11 de julio de 2009

Capítulo 40

Robert.

Salimos de la estancia principal y nos dirigimos a la habitación de la que Tom me había dado las llaves. Agarré a Denís por la cintura dirigiéndola a la izquierda y comenzamos a bajar las escaleras.

-¿A dónde vamos?-preguntó confusa. Sonreí con tristeza. Adoraba esa manía suya por preguntarlo todo.

-Tom tenía una habitación y me ha dado ahora las llaves…

-¿Y él?- preguntó confusa.

-Él… seguro que encuentra donde dormir…- dije riéndome ya que conocía los planes de Tom.

Abrí la puerta lentamente y entré en la habitación. Denís me guió hacia el interior mientras cerraba la puerta con su pie. Me agarró de la camisa y me empujó recostándome en la cama. La observé fijamente durante unos segundos. Comenzó a bajarse la cremallera y finalmente se quitó el vestido. La contemplé hipnotizado. Era simplemente preciosa. No me veía capacitado para llevar a cabo lo que tenía que hacer. Se recostó sobre mi cuerpo y comenzó a besarme. Coloqué las manos en su cintura y seguí sus besos. No deseaba nada más que aquello en ese momento, sin embargo tenía que parar. Pensé durante unos segundos en continuar, tomándomelo como una despedida, sin embargo aquello no sería justo para ella. En ese momento llevó sus manos debajo de mi camisa, la aparté de mi y la recosté a mi lado tapándola con el nórdico. Sabía que ella no tenía frío pero yo no tenía la voluntad suficiente de parar en esas condiciones.

Me levanté de la cama y me desvestí. Volví a la cama y me acosté de nuevo al lado de Denís que en ese momento se disponía a besarme de nuevo.

La agarré y la situé encima de mi cuerpo. La abracé con fuerza y pensé en las palabras adecuadas para no herirla.

-Hoy no, estoy muy cansado. Hoy solo quiero dormir abrazado a ti- mentí apretando su cuerpo contra el mío con fuerza.
La observé durante varios minutos hasta que se quedó dormida.

-Lo siento, te quiero, te quiero, te quiero-susurré a su oído. La quería de verdad. No entendía como era posible querer tanto a alguien que conocías desde hacía tan poco tiempo. La quería y lamentaba hacerle daño. Me dolía pensar en lastimarla, sin embargo a la larga sería mejor así.

No dormí en toda la noche. Denís se movía asustada. Debía tener alguna pesadilla. La abracé con fuerza intentando que entendiera que estaba con ella.

Ya era de día, el momento se acercaba. Besé su pelo mientras la observaba. En ese momento abrió los ojos y me miró fijamente. Se acercó a mi y comenzó a besarme.

-Tenemos que irnos-dije apartándola de mi- a las 12 tengo que entregar las llaves, te dejé dormir todo el tiempo que pude pero ya estaba a punto de despertarte.

-Vale…- dijo mientras abandonaba la cama en busca de su vestido.

La contemplé mientras se vestía a toda prisa mientras yo permanecía recostado todavía en la cama. Debería haber dormido, tenía sueño sin embargo mis pensamientos no me habían dado tregua.

-Ven aquí…- dijo agarrándome de un brazo mientras me levantaba de la cama. Cogió del suelo cada una de mis prendas y me las fue poniendo una a una. Cerré mis ojos y disfruté de aquel momento.

Cuando estábamos completamente arreglados salimos de la habitación y entregamos la llave en recepción.

-¿A dónde vamos ahora?- preguntó mirándome con cierto miedo en la voz.

-A casa.- contesté- te llevaré a casa y cuando estés cambiada te pasaré a buscar- dije cambiando el tono cortante de la frase anterior. Yo no estaba enfadado con ella aunque mi comportamiento indicase todo lo contrario.

Caminamos en silencio hasta que llegamos a la puerta de su casa. No dejaba de darle vueltas a la cabeza pensando en como sería la manera más adecuada de decirle que todo tenía que terminar.

-En cuanto estés lista, llámame, vendré a buscarte.- dije mirándola fijamente.

Caminé por la calle y decidí ir andando hasta mi casa. No estaba lejos. Quizá andando consiguiera despejarme un poco.

Llegué a casa y me di una ducha rápida. Me vestí y salí a pasear a Patti.

¿Por qué era tan difícil? Sabía que estaba haciendo lo correcto. Desde todo lo que había pasado con Crepúsculo sabía que ser mi novia no iba a ser fácil. Quizá estuviera sobreprotengiéndola de la prensa, las fans…sobreprotegida o no, aquello era lo correcto.

En ese momento sonó el teléfono. Era ella. Suspiré profundamente y descolgué.

-¿Ya estás lista?

-Si…- contestó en voz baja.

-¿Voy a buscarte?

-Si… por favor.

Colgué el teléfono y me dirigí a casa a toda velocidad. Dejé a Patti y me encaminé a casa de Denís.

Antes de timbrar la puerta se abrió y Denís apareció en ella mirándome fijamente.

-Que rápida…-dije con cierta tristeza. Sabía que tenía que hablar con ella pero no quería que ese momento llegara. No sabía como explicaría las cosas para que ella lo llevara de la mejor manera posible.

Se acercó para besarme. Giré mi mejilla e intenté que fuese ésta la receptora de mis besos. No me sentía digno de besar sus labios sabiendo lo que estaba a punto de pasar. Sin embargo no se dio por vencida. La besé pensando que quizá aquel sería nuestro último beso.

Caminamos aproximadamente media hora en silencio. Era temprano y no nos cruzamos con demasiada gente como para tener que parar.

Recorrimos diversas calles hasta que finalmente llegamos a un pequeño parque apartado. Me senté en uno de los bancos y observé a Denís que imitó mi movimiento y se sentó también.

Permanecimos en silencio varios minutos. Cada uno miraba un punto fijo intentando no cruzarse con los ojos del otro.

-De pequeño solía venir aquí. Londres está lleno de parques… pero por alguna extraña razón, mi padre siempre me traía a este. Quizá no es el más visitado ni el más conocido, pero a mi es el que más me gusta.- le conté esto para intentar romper el hielo. Nunca antes le había enseñado aquel parque. Quería que lo conociese aunque era una lástima que fuera de esta manera.

Me miró con incomprensión sabiendo que no estábamos allí para que yo contase mis historias de infancia.

-Tenemos que hablar…- dije mirándola seriamente.

-Estoy de acuerdo…

-No se como decir esto…-dije buscando cada una de las palabras que tenía que decir y que en ese momento vagaban lejos de mi alcance.

-Simplemente dilo…

-Ayer por la tarde me llamaron. Mañana tengo que coger un avión a Vancouver… sabía que este día llegaría pero intenté no pensar en ello para no vivir lamentándome- decidí empezar por el principio. El día anterior había recibido una llamada inesperada. Todavía no estaba planeado que empezásemos a rodar.

-¿A Vancouver?-preguntó confusa.

-Si… es donde se rueda la siguiente película…-le expliqué.

-Ya… ¿Cuándo vas a volver?

-Eso no importa…-dije resignado.

-¿Cómo que no importa?- preguntó dubitativa mientras abría y cerraba sus ojos con fuerza.

-Soy demasiado celoso como para estar tanto tiempo alejado de ti.- era verdad que era celoso, sin embargo yo podría llevarlo. Ella me preocupaba más.

-Sabes que te puedes fiar de mi…-contestó desesperada.

-Lo sé, pero no sería justo para ti… va a haber muchos rumores sobre mí, y aunque sepas que solo son eso… te dolerá y estarás mal por mi culpa día tras día.

-No me importa, esperaré el tiempo que sea necesario.

-No… no tienes porque hacerlo…-dije lamentando que ella hubiese dicho eso. Quizá ella me quería tanto como yo la quería a ella. Quizá cobardemente albergaba la esperanza de que ella no intentase luchar y me dejase ir sin más, demostrándome que le daba igual y que no iba a sufrir.

-Nadie ha dicho que tuviera que hacerlo… lo hago porque quiero...

-No… las cosas no son así…- pensé en las múltiples veces en las que me habían emparejado con amigas, conocidas o incluso personas a las que había visto sólo una vez.

-¿Qué quieres decir?- dijo mirándome con tristeza.

Comprendí que aquello iba a ser complicado, muy complicado. Nunca pensé que aquello fuese a ser fácil pero en ese momento me estaba dando cuenta de que la única manera de que ella no lo pasase mal era conseguir que me odiara.

-Que los dos lo pasamos bien este tiempo pero esto se tiene que acabar…-solté sin pensar.

-¿Qué los dos lo pasamos bien?- dijo levantando la voz.

-Yo por lo menos sí…-dije con dolor sabiendo que en ese momento me odiaba, sabiendo que ella no comprendía mi auténtica intención.

-¿Estás diciendo que para ti esto no fue más que un juego?

-Yo no he dicho eso…-dije bajando la mirada. No quería que pensase que todo este tiempo había sido una mentira. Que todo lo que yo había hecho con ella no era más que parte de un juego.

-¿Cuándo ganabas? Dime Robert, ¿Cuándo ganabas? ¿Cuándo estuviera totalmente enamorada de ti y ya no hubiera vuelta atrás? Si esa era la meta enhorabuena…

-Denís las cosas son más complicadas de lo que parecen…-dije intentando ponerme serio. Solo deseaba besarla, abrazarla y decirle que yo también la quería. Decirle que gracias a ella me volvía a sentir normal, que sin ella ya no sabía quien era. Sin embargo no podía decirle nada de eso o nunca me dejaría marchar.

-¿Complicadas? A la mierda la complicación… cuando dos personas se quieren eso es lo que importa. ¿Cómo pudiste engañarme tanto? ¿Por qué te creí?- dijo gritando con fuerza.

-Soy actor… mi trabajo es mentir…- dije con calma representando el papel de mi vida.

En ese momento Denís llevó las manos a la camiseta que yo le había regalado y tiro de ella con fuerza.

-¡Para, para, para!- dije sujetando la camiseta que ya estaba a la altura de sus hombros. La sujete y volví a colocarla en su sitio rozando con mis manos su vientre.

-¡No me toques! No vuelvas a hacerlo nunca más…- me gritó y comenzó a llorar.

Aquel momento me resultaba completamente doloroso, no quería que ella llorase y mucho menos quería ser yo el causante de sus lágrimas. Intenté abrazarla para consolarla pero ella se apartó de mi y comenzó a golpear mi pecho con sus manos mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
Sujeté sus muñecas con fuerzas impidiendo así que me golpease y la abracé. Noté como intentaba desprenderse de mi pero no solté sus muñecas. Acto seguido me pegó una patada.

-¡Ay!- la miré con dolor. La patada me había echo daño pero no tanto como verla así.

-¡Te lo advertí! ¡Te dije que no me tocaras!- replicó chillando.

En ese momento comenzó a llover. Intenté tirar de ella empujándola hasta unos soportales próximos. No se movió ni un milímetro. Observé la parada de taxis que estaba próxima y vi como uno llegaba en ese momento.

-Vamos… ¡sube!- le dije mientras observaba como permanecía impasible debajo de la lluvia.

-No voy a ir contigo a ningún sitio…- dijo con un susurro.

-Pues vete tu sola… no estés aquí mojándote.

-¿Crees que eres alguien para preocuparte por mí? Sube al dichoso taxi y desaparece de mi vista.- contestó de forma brusca.

-No voy a subir si tú no subes…-dije mirándola con tristeza. No estaba dispuesto a dejarla allí.

Me observó durante unos segundos fijamente mientras yo la miraba también esperando a que subiera al taxi. En ese momento se giró y comenzó a andar en dirección contraria a la parada sin dejar de mojarse.

Permanecí clavado en el mismo sitio observando como se alejaba de mi. Quizá no fuera la mejor manera de despedirse pero estaba convencido de que ahora me odiaba y que así podría continuar con su vida.