jueves, 25 de junio de 2009

CAPÍTULO 39

Entré en casa y me apoyé en la puerta. Mi hermana que se encontraba en la cocina llegó hasta el vestíbulo en el que me encontraba.

-¿Que tal has pasado el día?- preguntó sin tener idea de lo que yo estaba a punto de confesarle.

-Bien...- dije con una amplia sonrisa recordando cada uno de los segundos vividos en las últimas horas.

-Todavía no me has contado lo que te dijo Tom-dijo mi hermana muy seria- quiero saberlo ¡Todo!- dijo ahora riéndose y mirándome de forma amenazadora.

-Tom...-parecía que habían pasado miles de horas desde aquella visita inesperada.

-Si... Tom ¿que te dijo? ¿Tenía noticias de Robert?

-En realidad no...- dije recordando la conversación del día anterior.

-Entonces, no entiendo… ¿Qué quería?-pregunto mi hermana confusa.

-En resumen quería decirme que Robert me hecha de menos, que me quiere y que si se fue como lo hizo fue por mi bien…- contesté restándole importancia.

-Pero… pero… ¡Eso es genial!- dijo Beca emocionada.

-No, no lo es… no le creí…

-¿Qué no le creíste? ¡Tu eres imbécil!- Sentenció con un grito.

-Si realmente me quisiese sería él quien vendría y me lo diría y no “su amiguito”

-¡Pero él no está aquí!- gritó enfadada.

-Aclarate de una vez- le reproché- no puedes estar a favor de que este con Robert y con Ed al mismo tiempo.

-No, pero se que tu quieres estar con Robert independientemente de lo que yo pueda pensar o querer. La observé fijamente y medité en silencio durante unos segundos. Que quería a Robert era un hecho, sin embargo Ed era lo que me convenía. Con quien tenia que estar.

-Estoy con Ed…

Los ojos de mi hermana se abrieron desmesuradamente al escuchar esas palabras. Corrió en mi dirección y me abrazó con fuerza hasta casi dejarme sin respiración.

-¡Quiero saberlo todo! ¿Cómo sucedió? ¿Dónde?-preguntó con énfasis.

-Fue hoy, fuimos a una feria y bueno… pasó.

-¡No importa que me hicieras perder la apuesta! ¡Estoy tan contenta por ti!- exclamó con una amplia sonrisa en el rostro.

La observé durante varios segundos sin comprender del todo.

-Apuesta… ¿Qué apuesta?

-Oh… nada… olvídalo-dijo mirando en otra dirección esquivando mi mirada.

-¡Beca! ¡Suéltalo!

-Nada… aposté con Daniel una cena. Él decía que Ed y tu ibais a estar juntos y yo decía que no… Estaba tan convencida de que iba a ganar… debería haber propuesto un restaurante más barato…- dijo esto último para ella misma aunque en voz alta.

Te daré el dinero de la cena...-dije todavía sin comprender los juegos de mi hermana.

-¡Oh no! ¡De ningún modo! Creía que nunca superarías lo de Robert-dijo mi hermana observándome fijamente. -Por que lo has superado, ¿verdad?

-Si...-mentí sin pensar.

-Menos mal... no sería justo que jugaras con Ed. Él no se lo merece.

Ante esas palabras me dispuse a subir a mi cuarto. Quería torturarme a mi misma, era una mala persona y lo que era peor, lo sabía. En ese momento mi madre atravesó la puerta principal.

-¡Mamá no te lo vas a creer! ¡Denís tiene novio nuevo!

Inconscientemente atravesé a mi hermana con una una mirada de odio.

-No lo digas como si se tratara de una camiseta nueva...- le reproché.

-Denís ¿es eso verdad?- preguntó mi madre que también parecía emocionada.

-Sí... supongo que si...-contesté resignada.

-¡Invitalo a comer mañana!-dijo mi hermana como si se le acabase de ocurrir una gran idea mientras yo le lanzaba una mirada envenenada. Daba la impresión de que se había propuesto fastidiarme concienzudamente.

-Me parece una idea buenísima- exclamó mi madre.

-¿Podeis dejar de comportaros como si estuvierais drogadas?-pregunté enfadada. No entendía porque las dos se mostraban tan emocionadas, incluso más que yo.

-Denís ¡No seas tonta!- dijo mi madre chocando su cadera contra la mía.

Definitivamente aquella situación carecía de cordura.

-Mamá ¿recuerdas como fue la ultima vez?- no entendía como podía estar tan emocionada recordando el episodio vivido con Robert.

-Prometo que esta vez seré buena. Al fin y al cabo con el primero no me equivoqué. Déjame observarlo durante cinco minutos y sabré si con este estás perdiendo o no el tiempo.


La miré fijamente y sin mediar palabra subí las escaleras dirigiéndome a mi habitación. Al llegar, me tumbé en la cama y cogí Luna Nueva de la mesilla. Lo abrí y comencé a leer.

“no era mi Jacob, pero podía serlo. Su querido rostro era el de siempre. Yo le amaba de verdad en muchos sentidos. Era mi consuelo, mi puerto seguro, y en ese preciso momento yo podía escoger que me perteneciera.

[...]

La persona a la que amaba de verdad se había ido para siempre. El príncipe azul no iba a regresar para despertarme de mi letargo mágico con un beso.”


Leí varias veces aquel fragmento, cerré el libro con fuerza y lo lancé contra la pared. Sin comprender el motivo empecé a llorar.

Agarré con fuerza el oso que me había regalado Robert y hundí mi cabeza en él, queriendo que la tierra me tragase en aquel mismo instante.


En ese momento el teléfono de casa sonó. Intenté abstraerme de su penetrante sonido pero no dejó de sonar y di la partida por vencida.

-¿Si?

-¡Hola! ¿que hacías?- escuché en silencio la voz de Ed desde el otro lado de la linea.

-Nada... estaba leyendo-dije intentando que no se notara en mi voz mi estado de ánimo actual.

-¿Que lees?

Me quedé callada un momento pensando en que decir.

-Luna Nueva...- no quería mentirle. Mi hermana tenía razón, él no se lo merecía.

-¿y te gusta?- preguntó después de quedarse callado un buen rato.

-Eh... si...

-No te veo muy animada...

-Ed, mi madre quiere que vengas a comer mañana... se que no te hará mucha gracia pero...

-¡Si! Sin ningún problema- me cortó.

-A las 12.30.

-Ahí estaré. Que duermas bien enana.

-Tú también.

-Para cualquier cosa llámame. No importa la hora que sea.

-Lo haré. Un besito.


Me quedé tumbada en la cama mirando fijamente el techo. Buscando algo que no hubiese visto anteriormente.

El teléfono volvió a sonar. Mi madre y mi hermana que estaban en el piso de abajo parecían no prestarle la menor atención.

-Lo has pensado mejor y no vas a venir.-Ed parecía demasiado seguro de lo que había dicho. Ahora fríamente no debía parecerle tan buena idea.

-¿A dónde tengo que ir?- al escuchar su voz todo mi cuerpo se estremeció. Mis músculos se tensaron y creo que por un momento dejé de respirar.

-Hola... Robert...

-Hola Denís... ¿que tal estás?- ahora los dos eramos unos completos desconocidos.

-Yo bien ¿y tu?-no sabía como tenía que reaccionar por lo que intente seguir la conversación de la forma más casual que fui capaz.

-Bien también.

Los dos nos quedamos callados esperando a que el otro dijese algo. Como no lo veía por la labor de decir nada me armé de valor y hablé.

-Robert ¿que quieres? No creo que me llamaras simplemente para preguntarme cómo estoy.

-Em...no... quería saber si estabas con Ed.

-¿Perdona?-pregunté sorprendida.

-Si... quiero decir... de mi se han dicho muchas cosas, hay toda clase de rumores y bueno... quería que supieras que no son verdad. No estoy con nadie.

-No tienes que darme explicaciones- le dije muy seria.

-No tengo que hacerlo pero quiero hacerlo, es diferente.

-Bueno Robert te tengo que dejar...- tenía que cortar ya la conversación. Cada segundo en contacto con él me hería desmesuradamente.

-Yo... te quiero.

Eso fue lo último que oí al colgar el teléfono.

martes, 9 de junio de 2009

Capítulo 38

Continué besando a Ed durante varios minutos. Lentamente al principio hasta que comprendí que aquello era algo que mi cuerpo llevaba esperando durante mucho tiempo aunque yo me había negado a ver la realidad.

Deslicé mis manos suavemente por su cuello mientras notaba como la noria se volvía a poner en movimiento. Separé mis labios de los suyos y lo miré fijamente a los ojos.

-Parece que ya nos toca bajar...- dije con resignación.

-¿Quieres ir otra vez?- preguntó confuso.

-¡Dios no! Creo que ya tuve noria suficiente para por lo menos cinco años.

Comenzamos a andar sin seguir ningún rumbo fijo.

-¿A donde vamos?-pregunté con curiosidad.

-No se... tengo la sensación de que ahora me toca escoger a mi...

-Deja de hacerte el interesante y dime a donde vamos...- protesté. Estar con Ed era como tenía que ser, fácil. Si dos personas se quieren las cosas deberían ser sencillas. Era algo que cada día tenía más claro.

-A la casa del terror...

-Ya veo por donde vas... y si esperas que me abrace a ti como una dama en apuros... te vas a llevar una desilusión- dije intentando parecer seria.

-Quizá sea yo el que me abrace a ti...- dijo mientras me sonreía.

Continuamos caminando hacia una casa de aspecto antiguo situada en lo alto del camino que seguíamos.

-Ed...

-¿Que?-preguntó mientras me miraba fijamente.

-¿vas a seguir yendo a cinco kilómetros de mi el resto del día? Dije mientras lo miraba con una sonrisa.

-¿que quieres decir? Creo que voy a la misma distancia de ti que siempre...

-A eso me refiero. ¿vamos a hacer como que lo que acaba de suceder nunca pasó?- dije con tristeza mientras mis ojos se clavaban en el suelo.

-No, ¡claro que no!- dijo mientras se acercaba a mi y besaba mi pelo- es solo que llevo tanto tiempo manteniendo las distancias que se me sigue haciendo extraño...

Me acerqué más a él. Agarré su mano y la apreté con fuerza.

Compramos la entrada y nos dispusimos a esperar nuestro turno para entrar.

-Nunca vi a nadie a quien le diese más miedo la noria que la casa del terror...-dijo riéndose.

-Algún día encontraré tu criptonita y te acordarás de estas risas tuyas...- dije de modo amenazador.

En ese momento unas chicas se acercaron a nosotros.

-Perdona, ¿podemos sacarnos una foto contigo?- dijo una de ellas, que en ese momento comenzaba a sonrojarse, mirando a Ed.

-Si, claro...

-¿Queréis que saque yo la foto?-pregunté mientras observaba a la chica que llevaba su cámara en la mano mirando en todas direcciones en busca de un fotógrafo.

Saqué la foto. Las chicas se colocaron detrás de nosotros en la cola, mientras discutían si yo era o no la novia de Robert Pattinson.

-Lo siento...- susurró Ed en mi oído.

-Tranquilo... por extraño que sea, estoy acostumbrada a esto...

-Tuvo que ser difícil para ti...

-No... Era extraño... pero para mi merecía la pena soportar eso...- me entristecí durante un momento y sonreí a continuación para que él no lo notase.

-Ustedes van en el siguiente vagón... prepárense porque no para- exclamó la chica de la atracción.

Vimos como el vagón aparecía ante nuestra vista. Ed agarró mi mano ayudándome a entrar en el compartimento y después entró él. Nos sentamos y dejamos atrás la luz del día para entrar en un oscuro túnel.

-¿Ni un poco de miedo?- preguntó de mientras pude escuchar como se reía.

-Callate...

-¿que pasa? ¿que hice?

Aproveché que jugaba con la oscuridad a mi favor para decir todo aquello que no dejaba de dar vueltas en mi mente.

-Ed... ¿que se supone que somos?-pregunté mientras notaba como mis mejillas se sonrojaban. Por suerte, él no podía darse cuenta.

-No se lo que somos. Se que yo quiero estar contigo.-respondió seguro.

-Yo también quiero estar contigo...

Busqué su mano en la oscuridad al mismo tiempo que el pasaba su brazo alrededor de mis hombros. En ese momento un sonido gutural que no esperaba sonó de fondo. Sin poder evitarlo pegué un salto en el asiento.

-Ni se te ocurra decir nada- dije de forma tajante mientras Ed no dejaba de reírse.

Continuamos el viaje con alguna que otra aparición de algún esqueleto, algún fantasma y algún que otro personaje del cine de terror que en general daba más pena que miedo hasta que tuve que cerrar mis ojos que se sentían dañados por la luz exterior.

-¿A donde vamos ahora? Es tu turno.

-¿Que te parece si comemos algo?- ya eran las doce y mi estómago comenzaba a rugir alarmantemente.

Cogimos comida en un puesto y nos sentamos a comer en un banco.

-Sabes que las revistas te criticarán ¿verdad?- preguntó Ed que en ese momento examinaba mi rostro.

-¿quieres saber la verdad? No me importa lo más mínimo lo que las revistas digan de mi. Llevo diecinueve años sin aparecer en ellas como para preocuparme a estas alturas por lo que puedan decir o no.

-Eres muy valiente...

-¿valiente? No creo que sea valiente para nada.

-Otras no lo llevarían tan bien. La prensa es capaz de volver loco al más cuerdo.

-No soy como otras y quizá todos esos cuerdos no eran más que locos disfrazados.

Ed me miró fijamente y me besó.

-Afeitate...- dije riéndome.

-Nunca te importó si llevaba barba o no- reprochó ofendido.

-Eso era porque antes no me pinchaba...- dije riéndome.

Ed se levantó en ese momento y me tendió una mano para que me levantase también.

-Vamos a las colchonetas...- dijo poniendo sonrisa infantil.

-¿Crees que nos dejarán subir?-dije contemplando los pequeños ocupantes de la colchoneta más próxima.

-Vamos...- dijo tirando de mi.

El hombre que se ocupaba del castillo de aire nos miro sarcásticamente en un primer momento y después accedió.

-Hace demasiados años que no subo en una...- dije intentando recordar la última vez.

-Hay ciertas cosas que no deberíamos dejar de hacer... a veces no está mal volver a ser niños...

Subimos a la colchoneta rodeados de unos cuantos niños que tendrían como mucho doce años. Observé a Ed que en ese momento saltaba con más énfasis que el resto de ocupantes juntos. Intenté imitarlo pero fui incapaz.

-Ed... te veo en tu salsa... pero te aseguro que yo no me veo cómoda en esta situación...

-Eso tiene fácil solución- dijo con una sonrisa maquiavélica en su rostro.

Antes de reaccionar Ed había venido saltado hacia mi y me había hecho un placaje de manera que ahora me encontraba en el suelo con su cuerpo sobre el mío.

-¡no te dará vergüenza! Estamos rodeados de niños- me reí.

-No no me da vergüenza en absoluto.

Juntó sus labios con los míos y comenzó a besarme mientras yo notaba como el suelo se movía debajo de mi espalda.

Después de bajar de la colchoneta dimos un paseo contemplando el resto de la feria.

-Creo que es hora de que nos vayamos...

-No, tengo que hacer algo antes...- no estaba para nada segura de la locura que estaba a punto de hacer pero aún y así tenía que hacerlo, lo necesitaba.

-¿que tienes que hacer antes?-preguntó confuso.

-¡Vamos a la montaña rusa!

-Denís... no... no tienes que demostrarme nada...

Sabía que no tenía que demostrarle nada. Sabía que él se refería a algo así como que no tenía que subir para demostrar que no tenía debilidades. Eso no era lo que buscaba. Tenía que demostrarme a mi misma que a su lado podía enfrentar cualquier cosa.

-Quiero hacerlo- dije intentando sonar segura. Tratando de convencerme interiormente a mi misma también.

-Está bien.

Esperamos durante un tiempo que se me hizo eterno a que llegase nuestro turno. Giré mi cabeza hacia arriba una y otra vez repasando el recorrido de los vagones. Escuché con miedo el ruído de las ruedas al atravesar el recorrido de los raíles a gran velocidad y finalmente el momento llegó.

-Ed... te juro que como me sueltes un solo segundo... te mato- dije agarrando su brazo con fuerza.

-Tranquila...- dijo acariciando mi mano con tranquilidad.

Cerré los ojos y pase los dos minutos más largos de mi vida. Gritando a cada vuelta con una mezcla de miedo y diversión.

...

Caminamos en dirección a donde habíamos aparcado el coche..

-¿Sabes que? No estuvo tan mal...- dije con una sonrisa.

-Tus gritos y la fuerza con la que agarrabas mi mano no parecían decir lo mismo...-dijo riéndose.

Entré en el coche y me quedé dormida. No soñé nada. Parecía mentira pero hacía demasiado tiempo que no dormía tan plácidamente. Al llegar Ed me despertó.

-Denís... ya llegamos... llevo un rato debatiéndome si despertarte o no... pero creo que estarás más cómoda en cama.

Siguiendo su particular ritual salió del coche y abrió mi puerta. Escuché como la cerraba detrás de mi y me acompañó hasta la puerta de casa.

-Deberías venir a dormir conmigo...-dijo mirándome seriamente.

-No vayamos tan rápido...

Ante esto estalló en una profunda carcajada.

-Para empezar he dicho a dormir... y para terminar... llevamos dos meses durmiendo juntos... ¿te parece que sería ir demasiado rápido que durmieses hoy conmigo?

-No seas imbécil- dije riéndome.- le di un beso y abrí la puerta.- Hasta mañana...

-Hasta mañana... duerme bien... y disfruta de ir despacio...

Miré durante unos segundos como se reía y finalmente cerré la puerta.

martes, 2 de junio de 2009

Capítulo 37

Permanecí clavada junto a la puerta del salón observándolo fijamente. No entendía el motivo de su visita, no le veía explicación ni sentido alguno.

Tom se levantó de su asiento y se acercó lentamente a mi. Antes de que me diese tiempo a reaccionar, pegó su cuerpo al mío y me dio un fuerte abrazo. Abracé su cuerpo también mientras miraba a mi hermana con incomprensión intentando que solucionase mis dudas, sin embargo su rostro en aquel momento reflejaba una expresión similar a la mía.

-¿Que tal estás?- preguntó Tom con emoción mientras se separaba de mi y me miraba fijamente.

-Eh... bien, supongo- no sabía si con su pregunta se refería al tema de Robert en concreto o a mi vida en general, no importaba, de todos modos me sentía incomprensiblemente bien.

-Hacía tiempo que no nos veíamos...- dijo Tom buscando las palabras adecuadas que parecía no encontrar.

-Tom... disculpame un momento...- dije mientras le hacía un gesto a mi hermana para que abandonase la habitación.

Salimos de la estancia y nos reunimos en la entrada.

-Beca... ¿ que hace él aquí?

-No tengo más idea que tu... Llamó a la puerta, le abrí y dijo que no se movería de aquí hasta que hablases con él...- mi hermana levantó los hombros dejándome claro que ella tampoco entendía el comportamiento del chico.

-¿Así? Llegó a la puerta sin más...

-Si... yo ni siquiera sabía quien era... Sara me lo dijo mientras no dejaba de acosarlo- dijo ahora riéndose.

-Tendré que hablar con él...- tomé aire y entré de nuevo en el salón.

Tom clavó sus ojos en mi y continuó mirándome durante un largo rato.

-Tom... ¿a que debo tu... visita?-por un momento iba a decir agradable, pero no lo era, su presencia en aquel momento me hacía sentir del todo incómoda.

-Bueno... ya sabes...- respondió con un hilo de voz.

-No, créeme, no lo se. Si lo supiera no te lo estaría preguntando. No creo que estés aquí por que me echases de menos ni porque tuvieses muchas ganas de verme. Así que dime... ¿que haces aquí?

-Robert no sabe que estoy aquí.... es más si lo supiera me mataría...- dijo esto último para si mismo.

-Oh tranquilo, yo no le diré nada...- lo miré con cierto recelo ahora, no sabía a donde quería llegar con aquello.

-Denís, él te quiere...

-Él me quiere, ya... No te engañes Tom. Robert no quiere a nadie además de a si mismo. ¿Te dijo algo?- pregunté riéndome. Aquella situación me resultaba chocante. En otro momento quizá me hubiese hecho falsas ilusiones, ahora mismo solo me hacía gracia.

-No... claro que él no me lo dijo pero lo conozco desde hace demasiado tiempo como para saber lo que siente sin necesidad de hablarlo.

-No te ofendas, aprecio tu esfuerzo pero si él me quisiese sería él quien estaría ahora hablando conmigo y no tú. Si me quisiese no me habría dejado como lo hizo...- mi voz permanecía serena e inquebrantable.

-Si te dejó fue para no hacerte daño...

-Si, claro... para no hacerme daño. ¿Tiene algún sentido cortarle la mano a alguien para que deje de dolerle un dedo? El daño que me hizo es mucho mayor del que me podría haber hecho si supiese que iba a volver.

-Se que quizá no lo hizo de la mejor manera, pero piénsalo. Él te quiere.

-Ya no importa. Cuando alguien toma una decisión debe enfrentarse a las consecuencias, ya no hay vuelta atrás.

-Si es lo que piensas, quizá no lo querías tanto como él a ti.

Lo miré fijamente con odio ante tal acusación.

-No te atrevas a venir aquí acusándome de que no lo quería. No te atrevas ni por un segundo a preguntarme cuánto lo eche de menos. Lo mal que lo pasé por su culpa no se lo deseo a nadie. Pero ahora ya esta, ya lo asumí, Robert se ha ido y yo ya he rehecho mi vida.

-Así que estás con Ed...- dijo entre afirmación y pregunta.

-Con quien esté o deje de estar no es asunto tuyo. Creo que no tenemos nada más que hablar- dije levántandome y mostrándole la salida.


Cerré la puerta una vez que hubo abandonado la casa y me apoyé en ella golpeando la madera con mi cabeza.

Subí corriendo a mi habitación y me acosté sin querer pensar en nada de lo que había pasado. Sin embargo al apagar la luz e intentar conciliar el sueño mi cabeza comenzó a dar vueltas.

¿Sería verdad que Robert no sabía nada de la visita de Tom? Era posible. Quizá si lo sabía y la única intención de aquella visita era enterarse de si yo estaba o no con Ed. No tenía ni idea de a que había venido aquello, sin embargo si sabía como me sentía yo al respecto. Totalmente indiferente. Quería a Robert, me había obsesionado con él desde el día en el que lo había conocido y estaba completamente segura de que así sería hasta el último de mis días. La diferencia en mi actitud se debía a que ahora simplemente lo veía como algo anhelado, cuya realidad estaba completamente en duda.

Cogí el teléfono inalámbrico que se encontraba en mi mesilla y marqué el número de Ed que ya sabía de memoria.

-Hola- saludó con alegría.

-Hola... no puedo dormir...- dije con voz de niña pequeña.

-¿No esperarás que te cante una nana?- dijo riéndose.

-No... es solo que es la primera noche que voy a dormir sin tenerte al lado. Se había convertido en algo tan habitual que ahora se me hace raro que no estés aquí...

-Mañana paso a buscarte a las ocho, ¿te viene bien?

-Si...

-Venga... ahora voy a empezar a contar algo hasta que te quedes dormida.

-Déjame poner el despertador...- me reí.

Ed comenzó a hablar. Al principio resultó un poco difícil quedarme dormida porque me empeñaba en contestarle. Finalmente sin saber con certeza cuanto tiempo había pasado, me quedé dormida con la voz de Ed a través del auricular.

...


A la mañana siguiente el despertador sonó a las siete en punto. Me dirigí a la ducha con los ojos entrecerrados. Tras ducharme me sequé el pelo, me vestí y desayuné.

A las ocho en punto el timbre sonó. Ed siempre era puntual. Abrí la puerta y lo observé durante unos segundos.

-Tienes cara de dormido...-dije riéndome.

-Puede ser... no resulta fácil esperar a que se duerma alguien que se empeña en contestarte constantemente- dijo reprochándome mientras se reía.

-¿A donde vamos?

-Sube al coche, nuestro destino está fuera de la ciudad.

Seguí sus órdenes y tomé asiento en el lugar del copiloto. Cambié la emisora de la radio y puse la música a todo volumen.

-¿Sabes que?

-Em... no, no se...- dijo mientras se reía y arrancaba el coche.

-Creo que voy a sacarme el carnet de conducir...- dije orgullosa.

-Enhorabuena... siempre y cuando no implique que yo tenga que subir contigo...- dijo mientras me miraba fijamente y se reía.

-Haz el favor de mirar la carretera, no se a donde vamos pero me gustaría llegar sana y salva.

Ed aceleró el coche y continuó mirándome.

-Eres un suicida... no quiero ver pasar mi vida ante mis ojos, así que si no te importa, despiértame cuando lleguemos.

Apoyé mi cabeza en el cristal y cerré los ojos. Intenté dormir lo que resulto imposible debido a los bruscos cambios de velocidad.

-Venga enana despierta, ya llegamos...-dijo Ed mientras movía mi brazo con delicadeza.

-Para despertar primero debería haber dormido...

Ed salió del coche y abrió mi puerta. Abandoné el vehículo y por primera vez contemplé el lugar en el que nos encontrábamos. Se trataba de una especie de feria situada en el medio de un bosque.

-¿Pero a ti de donde te sacaron?- le pregunté con ironía.

-¿Que quieres decir?-preguntó confuso.

-Me acabas de abrir la puerta del coche. ¿Lo ves normal?

-No se si es habitual, normal desde luego si...

-A veces tengo la impresión de que guardas algún extraño secreto...

-Puede que sea un poco estratega. En cuanto a secretos... te recomiendo que dejes de ver películas...- dijo riéndose.

Comencé a andar hacia la multitud que se aglomeraba en las proximidades de las atracciones. Ed me siguió a paso rápido hasta que se puso a mi misma altura.

-¿Montaña rusa para empezar?

-¡No! No voy a subir a la montaña rusa ni para empezar ni para acabar...- nunca me habían gustado ese tipo de atracciones. En lo que unos ven una forma de descargar adrenalina yo solo veo un modo de tortura innecesario.

-Elige tu entonces...

-¿La noria?- pregunté mientras observaba su reacción.

-Está bien. Ponte a la cola mientras yo compro las entradas.

Hice lo que él me había dicho mientras observaba como razonaba con el chico de la taquilla durante un buen rato.

Pasados unos minutos volvió hacia el lugar en el que yo me encontraba y se situó a mi lado.

-Ya nos toca... ¿contenta?

-Nunca estuve más contenta en mi vida...- dije con resignación.

Subimos en un vagón amarillo. La noria comenzó a ascender lentamente mientras el resto de compartimentos se llenaban. Clavé mis ojos en Ed con el fin de no mirar al suelo.

Una vez que todas las plazas estuvieron completas, la atracción incrementó la velocidad.

Dimos varias vueltas que se me hicieron eternas hasta que finalmente el ritmo comenzó a aminorar. Cuando estaba a punto de cantar victoria me di cuenta de que mis sospechas no eran acertadas. La noria, efectivamente se había detenido, el problema era que nosotros nos encontrábamos en la parte superior de ésta.

-Mira, desde aquí hay unas vistas maravillosas- dijo señalando nuestro frente.

-Ed... tengo vértigo.

-¿Me estás diciendo que acabo de sobornar al dueño para que nos tenga aquí el mayor tiempo posible cuando tú tienes vértigo?

-Si... algo así.

-Deberíamos trabajar la comunicación...- ante estas palabras estallé en una carcajada recordando lo que mi hermana había dicho ya anteriormente.

-Ed, por favor entretenme, háblame de cualquier cosa- dije sin apartar mis ojos de los suyos.

Me miró fijamente durante un instante y finalmente se acercó lentamente a mi hasta que nuestros labios entraron en contacto. Lo besé durante varios segundos hasta que sin saber porque lo aparté de mi.

-Ed... yo... no puedo, lo siento.-dije lamentándome ante aquella situación.

-Denís, se que somos amigos, que tú no me prometiste nada y que si me hice ilusiones la culpa es mía pero es que no soporto ver como segundo tras segundo vives con el recuerdo de quien no lo merece.

-Ed... no es eso. Es solo que me cuesta confiar... eso es todo.

-Denís... no puedes ponerte una coraza porque alguien te haya hecho sufrir antes.

-Ya lo sé... es solo que no quiero que me hagas daño.- dije con desesperación.

-Puedes dudar de que el cielo sea azul o incluso de que el agua hierva a cien grados, pero te aseguro que el hecho de que yo vaya a hacerte daño es algo que no puedes ni siquiera llegar a plantearte.

Lo miré fijamente durante varios segundos y sin necesidad de pensar mi siguiente paso enrosqué mis manos en su cuello y fundí mis labios con los suyos.