martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 9

El camino hacia la puerta se me hizo eterno. Quería salir de allí cuanto antes. A mi paso iba dejando atrás a un montón de chicas animadas con la fiesta, y sin embargo, yo me sentía embriagada por un sentimiento de tristeza y derrota.

Aparté a una chica que iba disfrazada de enfermera, siempre me ha hecho mucha gracia la manera en que la gente elige su vestido disimuladamente para lucirse, aquel local estaba lleno de chicas así, enfermeras, azafatas... e incluso alguna disfrazada de conejito playboy.

En ese momento, en el que creí que me desplomaría alli mismo y me echaría a llorar, alguien agarró mi mano. Me giré para ver de quien se trataba, y para pedirle las pertinentes explicaciones.

Todas las palabras que pensaba decir se me olvidaron al instante. Allí estaba James, disfrazado de Clark Kent. Llevaba un traje de chaqueta marrón con un chaleco del mismo color por debajo. Camisa blanca corbata de listas y un sombrero negro. La parte que más llamaba la atención, eran unas gruesas gafas que no habrían favorecido a nadie, a nadie excepto a él. Podría pasarme horas describiéndolo y aún así mis palabras no reflejarían la perfección de su aspecto.

Me miró de arriba a abajo con los ojos desovitados y sonrió.

-“Sabía yo lo que es amor, ojos jurad que no,porque nunca había visto una belleza así…” - dijo parafraseando a Romeo lleno de convicción. ¡Que alguien llame a una ambulancia, creo que voy a sufrir un paro cardíaco! Aquella situación me desbordaba, él era en ese momento lo que más ansiaban mis ojos ver, y nada más verme había citado mi frase favorita de la película, aquel chico tenía que tener algún defecto que no conocía.

Me sonrió, me llevó lejos de la puerta y me dirigió hacia el centro de la pista, nuestros labios no se movieron, pero nuestros ojos permanecían fijos en los del otro, olvidando por un momento que existía un mundo más allá de nosotros.

No estaba dispuesta a romper aquel perfecto silencio, así que sólo me dediqué a mirarlo profundamente y a sonreír.

-Estás guapísima, creo que Shakespeare no tendría palabras para describir a esta Julieta.- si no paraba ya, definitivamente me tendrían que sacar de allí en una camilla.

-Tú también estás muy guapo, Clark.- me agarró de la mano y me dirigió a la barra.

-Tomemos algo! Que quieres?. En aquel momento, una chica rubia que ya había visto antes, disfrazada de conejito, se acercó y se sacó una foto con él. James intentaba no soltar mi mano, pero la chica hizo lo posible para desprenderlo de mí. En ese momento me sentí totalmente llena de celos, y simplemente forcé una sonrisa cuando el me miró con expresión de disculpa. De todos modos, la culpa no había sido suya, no había ningún motivo para que él tuviera que pedirme perdón.
Volvió a mi lado y me agarró por la cintura.

-Perdona, sé que no conoces a nadie y no quiero que te sientas sola. Se acercó lentamente a mí y me beso la frente, de una manera delicada y llena de dulzura.

-No te preocupes, no has tenido la culpa.

Estuvimos en la barra durante mucho tiempo, bebiendo y bebiendo, más él que yo, ya que mi cuerpo no estaba acostumbrado al alcohol.

ESCOJAN PAREJA, HA LLEGADO EL MOMENTO ROMÁNTICO DE LA NOCHE. Dijo una voz que lleno todo el local en el que nos encontrabamos.

Las luces se apagaron, dejando las pista de baile iluminada por unos focos. James me agarró de la mano y se inclinó delante de mí.

-¿Me concede este baile, señorita? -No podía dejar de mirar su sonrisa, que habría bastado para iluminar toda la estancia si todas las luces estuvieran apagadas.

-Por supuesto caballero.-Me llevó hasta el mismo centro y colocó sus manos en mi cintura. Mis brazos me estorbaban y no sabía donde colocarlos, pero él en un movimiento rápido los agarró y los enroscó alrededor de su cuello.

No sé el tiempo que estuvimos bailando, no sé si fueron horas o solo minutos, mi cerebro dejó de funcionar y mi cuerpo se lleno de felicidad. No conocía las canciones, pero James no dejaba de cantarlas susurrando a mi oído. Sentía cada parte de mi cuerpo estremeciéndose deseando que aquel momento se congelara para siempre.

La música rápida comenzó a sonar y varios chicos se acercaron a nosotros. James me presentó a un amigo suyo que se llamaba Tom, este no dejaba de mirarnos y sonreír.

Cuando James estaba hablando con ellos, y yo ya no sentía la soledad porque el alcohol comenzaba a hacer mella en mí, un chico muy guapo disfrazado de diablo se me acercó.

-Ángel y demonio, ¿estás al tanto de que el destino ha querido que esta noche acabemos juntos?-No me dio tiempo a contestar, antes de que me hubiese dado tiempo ,James me había agarrado de la mano y me había sacado del pub no sin antes dirigir a aquel extraño una profunda mirada de odio.

-¿por qué has hecho eso?- le medio reproché.

-No tengo mucho tiempo y antes me gustaría acompañarte a casa.- sonreí ampliamente ante la perspectiva de que se hubiese puesto celoso.

-Vamos a pedir un taxi? No me gustaría que volviese a aparecer otra chica que quisiese una foto y me apartase de ti.- Le sonreí porque sabía que no esperaba aquella contestación por mi parte, a decir verdad, ni yo misma me creía capaz de haber dicho aquello.

-Prefiero ir caminando, así estaré más tiempo contigo sin un conductor que escuche nuestras conversaciones. Te llevaré por calles oscuras y poco transitadas.- Verme de la mano de James por lugares desiertos era más de lo que nunca podría soñar.

-Es aquí.-dije al llegar al portal, maldiciendo porque se encontrara tan cerca y no nos hubiese llevado 10 horas más llegar.
-Mañana te veré, ahora sé donde vives.- Seguía mirándome fijamente, hipnotizándome con su sonrisa.

-Sólo me falta saber donde vives tú.

-Pronto te llevaré.
Se giró sin despedirse, pero yo no aparté la vista de él. Volvió a mirar fijamente para mí y agarró mi mano. La deslizó delicadamente hacia sus labios y la besó.
-Si profano con mi indigna mano este sagrado santuario pecado de amor sera, mis labios peregrinos ruborizados quisieran hacer penitencia con un dulce Beso-.sin darme tiempo a asimilar aquellas palabras de Romeo, nuestros labios se juntaron en un interminable beso, dulce en un primer momento y apasionado poco después.

-Hasta mañana Denís.-Cuando me di cuenta allí estaba yo sola, llevándome las manos a los labios que segundos atrás habían sido tocado por los suyos, siendo la persona más feliz que en esos momentos pudiese existir. Abrí mi mano y en ella encontré un papel cuyas letras decían:

“Para mi Julieta, enseñame a olvidarme de pensar” seguido de su número de teléfono.

Abrí la puerta lentamente y entré sigilosamente.

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