martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 8

-Denís, estás guapísima...- mi hermana me observaba de arriba a abajo deslumbrante de alegría contemplando la obra de su creación.

-Gracias... ¿crees que le gustará?- Dije un tanto dubitativa.

-Ese chico tendría que estar ciego para que no le gustases, por favor, te he peinado y maquillado yo, ¿quién no estaría guapo en esas condiciones?

Me lo tomé como un cumplido al que quería restar importancia y le dí un fuerte beso en la mejilla.

-Sólo te falta esto...- dijo mientras me entregaba un elegante y blanco antifaz.-Ahora vete, el taxista está esperando, y puede que hoy me encuentre generosa, pero no me gustaría tener que pagarle el doble.

-Gracias...- fue lo único que fui capaz de decir. Salí de casa y me subí al taxi que me esperaba a la entrada.

-Buenas noches señorita, ¿a dónde nos dirigimos? Saqué la servilleta que James me había entregado aquella misma tarde con la dirección y se la entregué al taxista. Él, me miró con cara de sorpresa, juraría que buscaba en mi rostro algo que le resultase familiar.

-Y bien, no tengo el placer de conocerla... ¿ qué es usted, cantante, actriz...?- Lo miré sin entender lo que me quería decir.

-Em... bueno me han invitado...

-Apuesto a que ese joven es alguien importante.- El taxista ya había aventurado que la persona que me había hecho la proposición se trataba de un él.

-Bueno, en realidad no lo sé, supongo que no lo conozco lo suficiente.- El taxista movió a un lado y al otro la cabeza dejándome por imposible, y volvió a fijar su vista en la carretera.

Pasados unos 5 minutos que se me hicieron eternos el vehículo se detuvo.

-Ya hemos llegado, que se lo pase usted bien...- Le pagué la cantidad que él fijo y me bajé llevándome el antifaz al rostro.

En la puerta del local, había un hombre, cuyo tamaño podría ser equiparable al de cuatro personas juntas con un ridículo disfraz de vampiro.

-Buenas noches, nombre por favor- Nada más decir esto me enseñó sus colmillos falsos y miró hacia una lista que portaba en las manos.

-Denís Rose Anderson- aquel momento se me estaba haciendo eterno, pero por una parte no sabía si estaba preparada para lo que pudiese encontrar dentro del local.

Ojeó la lista de arriba a abajo y me sonrió.

-Lo siento señorita pero su nombre no está en la lista...- No podía ser, estaba segura de que James me había preguntado por mis apellidos para decírselos al encargado de los asistentes, pero quizá se le había olvidado y yo me había disfrazado para nada.

-Bueno...- ¿que le podía decir yo al vampiro? Si mi nombre no estaba, no estaba y punto. No creía que ninguna de mis estrategias fueran a dar sus frutos para colarme.

-Estaba bromeando, si que está en la lista- comenzó a reírse mientras se apartaba de la puerta y movía una especie de cordón granate con ribetes dorados.-que se lo pase bien!- menudo imbécil era aquel tío, no llega que una este nerviosa para que llegue alguien que empeore la situación.

El local estaba completamente lleno, la música estaba a todo volumen, y gente con todo tipo de máscaras bailaba a su ritmo.

Comencé a moverme buscando a James, tenía que ir apartando a la gente y mirándola fijamente ya que no sabía que cara iba a tener mi acompañante.

-Hola Julieta! ¿puedo invitarte a tomar algo? Hoy está una noche magnifica para una buena dosis de ultraviolencia- un extraño disfrazado de la naranja mecánica se me acercó con aquel discurso preparado intentando demostrar que había visto la película y que no había elegido aquel atuendo por pura casualidad.

-Estoy buscando a alguien... quizá mas tarde.- Le dí largas, aunque sabía que no tomaría nada con él ni en ese momento ni en ningún otro.

Seguí caminando entre la gente observando a todos en busca de James. Había toda clase de trajes, algunos emulando algún personaje de alguna película y otros simplemente típicos y poco originales.

-Disculpa, ¿tienes un cigarro?- no sé ni por qué hice eso... no fumaba, pero en aquel momento la desesperación guiaba mi cuerpo.

-Claro guapa, para ti todos los que quieras.- Visto lo visto, en aquella fiesta era imposible no ligar, a medida que ibas andando los buitres se te echaban encima

-Esto... gracias- Encendí el cigarro e intenté no toser, pero una vez que el humo entro en contacto con mis labios, lo expulsé rápidamente de mi boca y mis ojos comenzaron a llorar.

Aquel no era mi lugar, me sentía como en el cuento del patito feo, aquel no era mi estanque, y si los demás no se daban cuenta de que desentonaba, yo sí.

Seguí fumando, controlando a cada calada mejor el humo y me dirigí hacia la salida.

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