martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 6

En ese momento, James, giró su cabeza hacia el lugar del que provenían los cuchicheos, instintivamente las chicas comenzaron a emitir extraños gritos sólo apagados por el ruido de la cafetera.
Definitivamente, este chico tenía un efecto en las mujeres comparable al de un huracán, irrefrenable y devastador. Por un momento, sentí cierto alivio al comprobar que no era la única que sucumbía a sus encantos de manera irracional, pero este sentimiento tornó en una sensación vergonzosa cuando las chicas sacaron la cámara y comenzaron a fotografiarlo.
Él, al contrario de lo que habría hecho cualquiera en su lugar, les sonrió durante una fracción de segundo y volvió a mirar hacia mí, ignorando aquella conducta tan bochornosa.

Cuando la situación no podía ser más inquietante, las chicas se encaminaron con paso decidido hacia nosotros. Me pellizqué instintivamente comprobando que aquello estaba pasando de verdad y que no formaba parte de un extraño sueño.

-Denís, si no te importa, voy a salir un momento a fuera. Tengo que comprobar que mi coche sigue donde lo dejé, ya que como llegaba tarde, no lo aparqué tan correctamente como debería.

-eh... vale vale no hay problema... observó brevemente mi descolocada expresión y sonrió.

-volveré tan rápido que no te dará tiempo a echarme en falta. Fingí una sonrisa y asentí.

Él era la razón por la que esta mañana me había levantado con el rostro impregnado de felicidad, era la razón por la que mi nueva vida se me hacía menos complicada, y verle marchar aunque fuese un instante me dolía, incomprensiblemente, pero me dolía. Me había jurado que viviría cada segundo a su lado como si fuese el último.

Observé como se levantaba y caminaba hacia la puerta, sin querer apartar mi vista de él, vi como salía del local, pero continué con mi vista clavada en la entrada esperando a que la atravesase de nuevo.



-Crees que será su novia?-preguntó una de las chicas realmente alarmada ante su frase.
-Es imposible, él puede tener a la chica que quiera, no la elegiría a ella... no es lo suficientemente guapa...-prosiguió una segunda con una voz que denotaba total convicción en su afirmación.
-Vamos! Quizá aun lleguemos a tiempo para verle y hablar con él. Dijo por último la tercera.

Las figuras de las tres chicas se cruzaron en mi campo visual cuando salieron a la calle.
Bebí de un trago lo que quedaba de la cerveza de James y me hundí todo lo que pude en mi asiento, en un intento fallido de que me tragase la tierra.
Aquellas chicas, no habían dicho nada que yo no supiese, no era lo suficiente para él, sin embargo las personas tendemos a ilusionarnos, aunque con ello sólo consigamos que el golpe al caer duela más.
Cuando fui capaz de abandonar mis pensamientos, noté como las lagrimas fluían por mis mejillas, me sequé con la manga de la camisa y me dirigí hacia la puerta.

Cuando me disponía a salir, choqué contra el cuerpo de James que me giró dirigiéndome de vuelta al lugar que ocupábamos minutos atrás.

-Pensabas que era tan fácil librarse de mí? Dijo una vez que nos habíamos sentado, mientras yo clavaba mis ojos en la mesa, incapaz de mirar su perfecto rostro.

-Supongo que ya que te disponías a salir ya habrás pagado, y como mi intención era invitarte tendrás que aguantarme mientras te devuelvo el favor.- En ese momento una luz se encendió en mi cabeza y me sentí totalmente avergonzada, pues con la decepción del momento se me había olvidado totalmente pagar.

-En realidad no,-dije de forma casi inaudible- se me olvidó completamente.

-Larry! Ponnos lo mismo por favor.-Gritó en dirección al camarero ignorando mi comentario.

-Si no te importa preferiría una cerveza...-me miró con sorpresa y exclamó – que sea una cerveza para la señorita! Larry esto se está animando!

El tal Larry nos miró, al igual que el resto de clientes, y en ese momento tuve una terrible necesidad de meterme debajo de la mesa, pero como si me hubiese leído el pensamiento, James agarró mi mano con dulzura reteniéndome así junto a él.

-Bien, mi querida Denís- dijo lleno de enfasis mientras yo no dejaba de pensar en la palabra “querida” que sonaba extraordinariamente bien proviniendo de sus labios- si no recuerdo mal, dijiste que como no conocías a nadie solías aceptar las invitaciones de los extraños. Pues esto me alegra, realmente me alegra mucho, porque estoy invitado a una fiesta de disfraces y no me apetecía nada tener que ir solo.

Lo miré durante unos segundos intentando digerir aquellas palabras.

-Y bien, que me dices? Vendrás conmigo?

-Eh, si claro... disfraces? De que hay que disfrazarse?- iría con él al fin del mundo, aunque la palabra disfraz, no me entusiasmase lo más mínimo.

-Puedes ir de lo que te apetezca, puedes ser por una noche lo que realmente te gustaría ser.- si elegía ir de novia, cogería la indirecta?

-Tienes que decirme tu apellido...-contestó mientras se acariciaba el cabello.

-Rose Anderson- dije mientras tomaba una servilleta en la que había garabateado una dirección.

-Nos veremos allí a las 11, si no te importa, te esperaré dentro. Por favor sé puntual.- Esa petición era innecesaria ya que sería capaz de estar una hora antes sólo para verlo. Pero simplemente asentí

-Como sabré de que vas?-pregunté llena de incógnita.

-Simplemente no lo sabrás, pero yo te buscaré.- dijo lleno de satisfacción.


Mientras lo observaba desconcertada una chica que podría haber sido una modelo, se acercó a la mesa y dejo en ella un papel en el que había escrito su número de teléfono. En cuanto se hubo alejado lo suficiente para dejar de vernos, él sonrió troceó el papel y tiró los pequeños trozos que habían quedado de el al cenicero.

-Quieres un cigarro?-me ofreció mientras encendía uno para él.

-No, gracias, no fumo, y bueno debo irme...

-Muy bien, a las 11 te veo.

Me dirigí a la puerta y cuando me giré para observarlo por última vez comprobé como me sonreía y me señalaba el reloj.

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