martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 4

La tenue luz del sol de la mañana entraba débilmente a través de los pequeños agujeros de la persiana.
Me froté los ojos, y pensé en el sueño que acababa de tener. En el, había un chico impresionante, que me miraba atentamente. Mi imaginación, nunca había sido de nivel avanzado, por lo que la dulce realidad calló sobre mí haciéndome entender que aquello no había sido solamente un simple producto de mi subconsciente.
Busqué por la habitación cualquier prueba que verificase mi historia, pero no había nada, no tenía su número, no sabía su apellido, y lógicamente no tenía una foto del.
Cuando ya estaba totalmente desesperada, mis ojos se posaron en la bolsa que se encontraba encima de mi escritorio, contenía la ropa que había comprado el día anterior y recordé la visualización con la que aquellas prendas habían sido adquiridas.
Eran las 12 de la mañana, y no sabía que podía hacer para distraerme hasta la hora señalada, hora que para empezar no conocía.
La lluvia me había llevado a aquel bar, y la ensoñación que me embriagaba al abandonarlo, había hecho que en aquel período de tiempo, no hubiese consultado el reloj.
Sin embargo, estaba dispuesta a esperar toda la tarde si eso era necesario para volver a ver a James.
Por un momento, me sentí como la protagonista de una película adulada por un flechazo. Hasta ese momento, no creía en el amor, razón de más para creer que los amores a primera vista eran tan producto del cine o de la literatura como las hadas o los nomos. Sin embargo aquella lluvia, quizá era la prueba de que mi suerte había cambiado positivamente, y todo había sido una señal del destino.

Mis nervios, estaban a flor de piel, así que recordé algunos movimientos de yoga que había visto hacer repetidamente a mi madre en múltiples ocasiones. Realizados los primeros ejercicios, empezó a dolerme parte del cuello y la espalda, y di la relajación por algo imposible.

Me dirigí hacia el escritorio, y saque la ropa de la bolsa, en aquel momento me sentía tan vulnerable, que no entendía como el día anterior aquellas prendas me podían haber resultado maravillosas.
Una vez convencida, jugué con mi larga melena, evocando diferentes peinados. Ninguno me acababa de convencer, estaba demasiado exigente conmigo misma, así que decidí que llevaría el pelo liso y natural en un intento de parecer más segura de mí misma.

Intenté hacer algo de comer, ya que mi familia, había ido a pasar todo el día en el mercado, había puesto muchas excusas para no ir, y había levantado las sospechas de mi madre, que me conocía perfectamente, y sabía que ese plan me encantaba. No pude probar bocado, mi estómago no había recibido su dosis de abastecimiento desde la noche anterior, sin embargo me sentía como si hubiese devorado una caja de pesados clavos.

Miré el reloj, eran las 5 de la tarde, no medité demasiado lo que estaba a punto de hacer, por miedo a arrepentirme. Caminé hacia el bar con paso lento pero seguro.

Al llegar a la puerta, tarde unos breves segundos en concierciarme, respiré profundamente y empujé la puerta.

Eché una mirada rápida al local, no había rastro de James en ningún sitio, me senté en el mismo lugar que había ocupado el día anterior, creyendo que de no ser así el pensaría que no había acudido o quizá no me reconocería.

Pedí una cocacola, esperé y esperé.

-Disculpe, ese reloj de ahí está en hora.- pregunté al camarero en un intento desesperado.
-Si, señorita- me contestó con una sonrisa, me pregunté si tan evidente era mi rostro. Por un momento, pensé que el camarero ya había visto este juego antes, James citaba a las chicas, ellas llegaban ilusionadas al local, y él, nunca aparecería. Giré la cabeza disimuladamente en un intento estúpido de buscar una cámara.

La variedad del tiempo, es insospechada, recordé la frase que enuncia que la longitud de un minuto es muy diferente según el lado de la puerta del baño en el que te encuentres, sabía muy bien de que lado me encontraba yo en ese momento. Miré amenazadoramente las manecillas del reloj, que se habían aliado en un intento de desesperarme y enloquecerme.
Busqué la cartera, no estaba dispuesta a esperar ni un segundo más, no me tomarían el pelo durante más tiempo.
Metí la mano en el bolso en un intento desesperado, casi tuve que meter la cabeza para encontrar lo que estaba buscando. En el momento en que encontré el monedero, y me iba a dirigir al camarero, la puerta se abrió y pude ver a James mirándome con una amplia sonrisa.

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