martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 32

Caminé por la oscura calle sin seguir un rumbo fijo. La lluvia que caía sobre mi en ese momento y que me hacía estar completamente empapada y helada hasta los huesos era la menor de mis preocupaciones en ese momento.

A mi paso la gente con la que me cruzaba me miraba de reojo con cierta preocupación en el rostro. No me importaba, me daba absolutamente igual lo que aquellos desconocidos pudiesen pensar de mí en aquel momento.

-Niña... ¿que te pasa?- escuché una voz y llevé las manos a mis ojos intentando limpiar las lágrimas que me nublaban la visión. Miré fijamente al frente con las lágrimas todavía resbalando por mis mejillas y me topé de frente con una mujer de avanzada edad que me miraba con preocupación.

-¿por que lloras?-me preguntó con voz dulce.

-No, no me pasa nada... es solo que perdí el bus...- dije la primera mentira que se me ocurrió entre sollozos.

-Vaya... ¿quieres que te pida un taxi?

-No, no se preocupe... iré andando...-luché buscando fuerzas para pronunciar cada una de las palabras.

-Déjame darte un paraguas al menos. ¡Estás empapada!

-No, de verdad no hace falta...- la mujer me tendió un pequeño paraguas granate y no se dio por vencida hasta que lo sujeté entre mis manos.

-Gra... gracias...

Me alejé de ella a paso rápido, la mujer no apartaba los ojos de mí. Abrí el paraguas y continué andando.

A mi paso pisaba la acera con fuerza y al encontrarme un charco lo pisaba con toda la rabia que albergaba en mi interior hasta que el agua salpicaba mis piernas con furia.

Robert acababa de dejarme. Desde que había llegado a Londres mi vida giraba por y para él. Era una marioneta que se movía a su antojo a la que acababan de cortar las cuerdas y ya no sabía que hacer.

Continué caminando cada vez más rápido y al ver una fuente me detuve en seco. Saqué el móvil de mi bolso, lo tiré al suelo y comencé a saltar encima de él. Robert era la única persona que tenía mi número además de mi familia, si yo solo había sido un juego para él no quería sufrir tentaciones de llamarlo para continuar con la partida.

Observé los trozos que habían quedado dispersos en el suelo, me agaché a recogerlos y tiré la tarjeta al interior de la fuente. Me quedé contemplándola fijamente hasta que al final se hundió. Tiré los restos del teléfono en la primera papelera que encontré y seguí caminando hacia mi casa.

Podía haber borrado su número, quizá eso hubiese sido más lógico, pero no quería que él me llamara. No creía que lo fuese a hacer pero el hecho de tener el teléfono conmigo solo ayudaría a que consumiese mis horas esperando una llamada que nunca llegaría.

Me paré delante de la puerta de casa, no sentía fuerzas para entrar. Me senté en las escaleras mojadas y allí permanecí llorando sola con los codos apoyados en mis piernas mientras mis manos protegían mi cara.

No sé el tiempo que estuve así, perdí totalmente la noción. Perdí toda razón y solo me dediqué a llorar.

-¡Denís! ¡Por Dios ,entra en casa!- escuché la puerta de la entrada abriéndose a mis espaldas y acto seguido Beca estaba a mi lado, agarrándome de un brazo ayudándome a levantarme. No se lo puse fácil, me sentía frágil y aquel suelo me parecía seguro. Finalmente logró que abandonase mi posición y me obligó a entrar en casa.

-¿Cuánto tiempo llevas ahí?- me preguntó con preocupación.

-No... no lo sé...

Beca sabía lo que pasaba, no necesitaba preguntarme nada para saber la razón de mis lágrimas. En ese momento solo podía llorar así porque lo mío con Robert había llegado a su fin.

Me dio un fuerte abrazo sin importarle que estuviera empapada de los pies a la cabeza. Me agarró de la mano y me dirigió escaleras arriba.

Una vez en el baño, Beca fue desvistiéndome lentamente y cuando terminó me ayudo a meterme en la bañera.

Resultaba vulnerable, hasta incapaz de valerme por mi misma, y si me hubiese visto desde fuera me hubiera considerado totalmente patética.

Beca abrió el grifo y cuando el agua estuvo lo suficientemente caliente dejó que ésta entrase en contacto con mi piel. En otro momento hubiese gozado con ese caluroso contacto, pero en ese momento me hubiera dado igual que el agua estuviese totalmente helada.

Beca me enjabonó y lavó mi pelo mientras yo permanecía con la mirada perdida incapaz de hacer frente a la realidad.

Pensé en todas las razones que me habían llevado a aquella situación. Pensé en la lluvia de aquel día de Enero que me había hecho resguardarme. Pensé en el hecho de que no le había hecho caso a mi madre cuando me había mandado coger un paraguas. Pensé en el curioso destino que me había llevado a aquel desconocido bar y no a ningún otro. Supe que si pudiera volver a escoger no cambiaría ninguno de eses hechos. Ni siquiera el dolor que sentía en ese momento era capaz de hacerme olvidar los momentos que había vivido. Convirtiéndose muchos de ellos en los mejores que había vivido hasta entonces.

La lluvia era caprichosa, ella me había dado la felicidad y era ella de nuevo la que me la arrebataba sin compasión.

Beca me agarró del brazo una vez que estube totalmente aclarada y me ayudo a secarme.

-Quedate aquí un momento, vuelvo ahora...- asentí con la cabeza sin fuerza para articular palabra. La vi alejarse lentamente por el pasillo no sin antes dirigirme una mirada de compasión.

Volvió al poco tiempo con un pijama, me ayudó a ponérmelo y me dirigió a la habitación. Abrió la cama y me ayudó a acostarme. Me tapó con delicadeza y me miró fijamente.

-Denís... se que ahora no querrás pero cuando necesites hablar, estoy aquí.

-Lo sé...- dije con un hilo de voz.

Beca me besó la frente, salió de la habitación y apagó la luz antes de cerrar la puerta.

Apreté mi cabeza contra la almohada y sin saber el porqué comencé a darle puñetazos mientras la empapaba con mis lágrimas.

Me levanté de la cama llena de ira y me dirigí al armario. Aunque no debería haberlo hecho cogí la sudadera de Robert, me la puse y me acosté de nuevo.

Después de varios minutos y con su olor como única compañía conseguí cerrar los ojos y quedarme dormida.




Sentí como una mano acariciaba mi pelo, abrí los ojos y me encontré a mi madre sentada en el borde de la cama mirándome con dulzura.

-¿Cuanto he dormido?

-Tranquila, no ha sido mucho. Te traigo un chocolate caliente... te sentará bien...

Me senté en la cama para tomarme el chocolate. Cogí la taza entre mis manos sin dejar de mirar a mi madre.

-Cariño... estas cosas pasan. No voy a decir que ya te lo advertí...

-Si has venido a reprocharme que tenías razón, de acuerdo, la tenías, ya puedes irte...- le dije entre el odio y la desesperación.

-Claro que no... solo venía a saber como estabas...

-Pues hecha un asco... ya ves...-dije mientras sorbía el chocolate que todavía quemaba.

-Tranquila Denís... el tiempo lo cura todo. Es eso lo que necesitas... tiempo para olvidar...- ¿y que pasaba si yo no quería olvidar? ¿que pasaba si me negaba a enfrentar la realidad y a vivir así el resto de mis días?

-Todas las cosas que vemos en el cine son eso, películas. Después está la realidad, la gente rompe. Siempre dices eso no me va a pasar a mí. Pero pasa, a ti y a todo el mundo.

-Mamá ¿de verdad intentas consolarme? Da la sensación de que quieres terminar de hundirme...-arrastré cada una de las palabras. Como si necesitara grandes dosis de energía para expulsarlas de mi boca.

-No es eso cielo. Solo quiero decirte que lo superarás. Que tarde o temprano aparecerá otro chico y solo guardarás de esto un bonito recuerdo.

Le di la taza y la vi marcharse. Apagué la luz y continué pensando. Tarde o temprano solo guardarás un bonito recuerdo. No acaba de comprender si aquellas palabras eran buenas o no.



Los siguientes cinco días pasaron así, al igual que los diez siguientes y los quince.

Dormí comí y por supuesto lloré más que en toda mi vida junta. Leí cada una de las notas que Robert me había enviado con las rosas hasta que leerlas había perdido el sentido porque cada una de las letras estaba gravada a fuego en mi mente.

Me convertí en una autómata que vagaba por casa sin ningún objetivo. Doliéndome cada segundo que pasaba como un puñal clavado en el corazón.





Llegó el momento en el que me di cuenta de que tenía que salir de casa. Los quince días no me habían curado el mal de amor pero si la gripe que había traído consigo mi tiempo bajo la lluvia. Era hora de salir, de enfrentarme a las ideas que desde días atrás no dejaban te atravesar mi mente.

-¡Beca!-grité desde mi habitación.

Mi hermana había llegado y me miraba desde la puerta con impresión. Después de medio mes había roto mi voto de silencio.

-Dime- dijo con ilusión.

-¿Tienes planes para hoy?

-No... ¿porque?

-Porque tengo cosas que hacer y me gustaría que me acompañaras.

-Si, ¡claro que te acompaño!

Me puse lo primero que encontré en el armario y cuando mi hermana estuvo preparada me dispuse a salir.

7 comentarios:

  1. Esque todavia estoy indignada...q grandidimo hijo de su madre!!! :cabreado:...
    Como no,no podia faltar la lluvia q tango juego da en estas situaciones tan desgaradoras!!Me ha encantado Mery!!jejejeje y el proximo!!

    Por cierto todo un lujo ser la primera en comentar!!
    muaks!!
    CC!!

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  2. Ala tiaaaaaaaaaa, yo hoy hace 3 semanas que vuelvo a ser soltera...como Denis jo =(

    besiitos guapa!

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  3. k bien,......asi no tengo k estar buscandolos por le foro......estoy anganchadisimas.

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  4. Caminante Nocturno12 de mayo de 2009, 23:54

    Era necesario el separarse de tal manera? Triunfará el amor al final? Eso seguro, pero con quién?

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  5. me encanta me encanta, JURO QUE SI ! :)
    tengo el presentimiento de que pronto tendremos noticias de ed en la historia xD
    un besote mery :)

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  6. pero robertooooooo como haces esooooooo,desde luego es para pegarte varios bofetonesssss

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  7. aww me encantaa pero ala vez lo odioo por qee lo hizo seguro qee fue por kristen jajaja encerioo me facinaa esta historiaaaaaa!!!!

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