martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 31

Caminamos hacia la salida. Antes de llegar, Robert me agarró de la cintura y me giró a la izquierda. Sin mediar palabra comenzamos a bajar unas escaleras.

-¿A dónde vamos?

-Tom tenía una habitación y me ha dado ahora las llaves…

-¿Y él?- pregunté con preocupación. No me parecía justo dejarlo sin habitación.

-Él… seguro que encuentra donde dormir…- comenzó a reírse mientras introducía la llave en la cerradura.

Entramos en la habitación. Toda ella estaba llena de tonos azules. La ropa de cama era azul celeste en contraste con el suelo de un azul mucho más vivo. No era demasiado grande. Además de la cama, al fondo había dos butacones de cuero con una mesa y un pequeño sinfonier situado al lado de una cómoda.

Cerré la puerta con mi pie. Caminé lentamente empujando a Robert hacia el interior de la estancia y cuando estuvo lo suficientemente cerca lo empujé acostándolo en la cama.

Desplacé mis dedos hacia la cremallera del vestido y una vez bajada me lo quité a toda velocidad. Robert me miraba confuso. Antes de que le diese tiempo a reaccionar me acosté sobre él y comencé a besar sus labios. Rocé con mis manos sus mejillas, dibujé la línea de su mandíbula y recorrí todo su tronco mientras el apoyaba sus manos en mi cadera. Seguí recorriendo inquieta su cuerpo hasta que saqué su camisa del interior del pantalón. Introduje mis frías manos debajo hasta que entraron en contacto con su piel.

En ese mismo momento, Robert se giró apartándome de su cuerpo. Por unos segundos creí que íbamos a intercambiar las posiciones, pero me equivocaba. Me abrazó fuertemente y me tapó con el nórdico para que no tuviese frío. Estando a su lado era completamente imposible tener frío algo que él parecía no entender.

Observé lentamente como se quitaba cada una de sus prendas hasta quedarse con su ropa interior y como se volvía a tumbar nuevamente a mi lado.

Cuando me disponía a volver a mi ataque personal de besos, me situó encima de su cuerpo y me abrazó con fuerza.

-Hoy no, estoy muy cansado. Hoy solo quiero dormir abrazado a ti.- escuché cada una de sus palabras que parecían totalmente pensadas de antemano. No podía decir que aquella idea me agradaba lo más mínimo porque no era así, sin embargo hice lo que pude para respetar su decisión.

Pegué mis labios a su pecho y me dormí acariciando con ellos su piel.

-Lo siento, te quiero, te quiero, te quiero- pude escuchar una voz a lo lejos. Estaba en una fase del sueño en la que no era consciente de si estaba despierta o dormida. No sabía si aquellas palabras eran realidad o puro producto de mi imaginación.

No dormí bien el resto de la noche. Las pesadillas me acompañaron en todo momento, sin embargo, cuando estaba a punto de despertarme una y otra vez, mi cuerpo notaba el contacto del cuerpo de Robert, me tranquilizaba y volvía a respirar aliviada.

A la mañana siguiente me desperté con los labios de Robert besando mi pelo.

No sabía lo que había pasado aquella noche, que me había hecho cambiar, pero un sentimiento de intranquilidad ocupaba mi interior.

Besé los labios de Robert y miré sus ojos con deseo.

-Tenemos que irnos-me cortó- a las 12 tengo que entregar las llaves, te dejé dormir todo el tiempo que pude pero ya estaba a punto de despertarte.

-Vale…- dije mientras abandonaba la cama en busca de mi vestido.

Me vestí rápidamente y me acerqué a él. Tenía cara de dormido y permanecía en la cama sin moverse.

-Ven aquí…- lo agarré de un brazo hasta que se puso de pie y le fui poniendo una a una cada una de las prendas que descansaban en el suelo.

Cuando estábamos completamente arreglados salimos de la habitación y entregamos la llave en una especie de recepción.

-¿A dónde vamos ahora?- le pregunté con cierto miedo en la voz. No sabía porque pero aquel no era el Robert al que estaba acostumbrada. Llevaba sin hacer una broma desde que se había levantado. No hablaba y tenía la sensación de que el hecho de llevarme la mano cogida le suponía un gran esfuerzo.

-A casa.- dijo bruscamente- te llevaré a casa y cuando estés cambiada te pasaré a buscar- dijo esto añadiéndole un toque de dulzura a la frase anterior.

Caminamos en silencio hasta que llegamos a la puerta de mi casa y una vez allí nos detuvimos.

-En cuanto estés lista, llámame, vendré a buscarte.- dijo mientras me miraba fijamente.


Introduje la llave en la cerradura y abrí la puerta sin fuerzas. Una vez en el interior me apoyé en la pared hasta que me deslicé y permanecí sentada en el suelo.

Sin saber la razón comencé a llorar.

-Denís… ¿Qué pasa?- mi hermana había escuchado la puerta al cerrarse y había venido corriendo sin esperar encontrarme en esa situación.

-Nada… no pasa nada

-Pues no creo que llores por nada…

-De verdad Beca, no pasa nada… es solo que, no sé…- dije entre sollozos.

-Si realmente no pasó nada sube a cambiarte, hay bastantes motivos en esta vida para llorar como para tener que inventárselos.

Le di un beso en la mejilla y subí las escaleras de mi habitación corriendo. Me saqué el vestido y me dirigí al baño. Quería acabar de arreglarme cuanto antes, necesitaba ver a Robert, hablar con él, saber que pasaba.

Me duche en un tiempo record y me vestí. Me puse la camiseta de I love my boy que él me había regalado esperando que al verla sonriera. Me puse unos vaqueros, unas botas planas, ya que tenía los pies totalmente dañados por haber tenido que soportar aquellos tacones toda la noche. Me puse un chaleco y una bufanda combinada con un gorro y cuando estaba totalmente lista lo llamé.

-¿Ya estás lista?

-Si…- contesté con una voz casi inaudible.

-¿Voy a buscarte?

-Si… por favor.

Colgó el teléfono sin siquiera despedirse y yo me dirigí a la ventana sin otra finalidad que verlo llegar.


Después de varios minutos, cuando ya no me quedaban uñas para morder ni suelo sin pisar lo vi aparecer por la esquina de la calle.

Bajé a toda velocidad y salí a la calle antes de que le diese tiempo a llegar.

-Que rápida…-dijo con cierta tristeza.

Me acerqué para besarlo y aunque en un principio intentó que fuese su mejilla la receptora de mis besos, finalmente me dejó tocar sus labios.

Caminamos aproximadamente media hora. Era temprano y no nos cruzamos con demasiada gente como para tener que parar.

Recorrimos diversas calles hasta que finalmente llegamos a un pequeño parque apartado. Robert detuvo el paso y se sentó en un banco. Lo observé detenidamente e imité sus movimientos.

Permanecimos en silencio varios minutos, mirando cada uno un punto perdido en el horizonte.

-De pequeño solía venir aquí. Londres está lleno de parques… pero por alguna extraña razón, mi padre siempre me traía a este. Quizá no es el más visitado ni el más conocido, pero a mi es el que más me gusta.

Lo miré fijamente sin saber que responder. No creía que aquella historia tuviera nada que ver con su estado de ánimo.

-Tenemos que hablar…- dijo mirando mi rostro seriamente.

-Estoy de acuerdo…- quería que me dijese que era lo que le preocupaba. Quería que compartiese conmigo lo que no lo hacía feliz, sabía que mi ayuda no podía servir de mucho pero al menos lo intentaría.

-No se como decir esto…-dijo buscando cada una de las palabras que en ese momento se hallaban perdidas.

-Simplemente dilo- estaba poniéndome completamente nerviosa. Cada segundo en silencio se me hacía eterno. Cada segundo sin escuchar su voz me dolía. Pasaba el tiempo buscando en mi mente respuestas que no sabía si quería oír.

-Ayer por la tarde me llamaron. Mañana tengo que coger un avión a Vancouver… sabía que este día llegaría pero intenté no pensar en ello para no vivir lamentándome.

-¿A Vancouver?

-Si… es donde se rueda la siguiente película…

-Ya… ¿Cuándo vas a volver?- pregunté intentando esconder el daño que me hacía cada palabra al escapar de mi boca.

-Eso no importa…

-¿Cómo que no importa?- dije abriendo y cerrando fuertemente mis ojos con incomprensión.

-Soy demasiado celoso como para estar tanto tiempo alejado de ti.

-Sabes que te puedes fiar de mi…

-Lo sé, pero no sería justo para ti… va a haber muchos rumores sobre mí, y aunque sepas que solo son eso… te dolerá y estarás mal por mi culpa día tras día.

-No me importa, esperaré el tiempo que sea necesario.

-No… no tienes porque hacerlo…

-Nadie ha dicho que tuviera que hacerlo… lo hago porque quiero- era verdad, lo esperaría el tiempo que fuese necesario.

-No… las cosas no son así…

-¿Qué quieres decir?- luché contra mis instintos y contuve las lágrimas. Si me estaba dejando quería que lo dijese claramente.

-Que los dos lo pasamos bien este tiempo pero esto se tiene que acabar…

-¿Qué los dos lo pasamos bien?- ya no tenía ganas de llorar solo quería gritar y gritar.

-Yo por lo menos sí…-notaba como con cada palabra se alejaba más de mí.

-¿Estás diciendo que para ti esto no fue más que un juego?

-Yo no he dicho eso…

-¿Cuándo ganabas? Dime Robert, ¿Cuándo ganabas? ¿Cuándo estuviera totalmente enamorada de ti y ya no hubiera vuelta atrás? Si esa era la meta enhorabuena…

-Denís las cosas son más complicadas de lo que parecen…

-¿Complicadas? A la mierda la complicación… cuando dos personas se quieren eso es lo que importa. ¿Cómo pudiste engañarme tanto? ¿Por qué te crei?- no dejaba de gritar. Quizá los gritos solo eran mi coraza para no estallar y comenzar a llorar hasta ya no poder parar.

-Soy actor… mi trabajo es mentir…- dijo con toda la calma del mundo mientras no dejaba de observarme.

Intenté mirarlo con odio pero no fui capaz. Recorrí mi cuerpo con mis manos e intenté quitarme la camiseta por puro instinto. Aquel mensaje carecía de significado, solo me hacía sentirme completamente patética.

-¡Para, para, para!- Cuando mi camiseta se encontraba ya a la altura de mis hombros, Robert la sujetó con ambas manos y la volvió a colocar en su lugar, tocando mi piel con sus manos al bajarla. Por un instante quise sentirlo por última vez, disfrutando de cada una de las últimas caricias. Finalmente me di cuenta de mi error y me aparté de él.

-¡No me toques! No vuelvas a hacerlo nunca más…- no aguanté más y comencé a llorar. Mi mundo acababa de ser demolido.

Intentó abrazarme para consolar mis lágrimas pero yo no quería tenerlo cerca así que comencé a golpear su pecho con todas mis fuerzas para alejarlo de mí. No importaba la fuerza con la que le diese. Sabía que nunca le podría hacer tanto daño como él me había hecho a mí.

Sujetó mis muñecas con fuerza impidiendo así que lo golpease. Juntó su cuerpo con el mío abrazándome. Intenté soltar mis muñecas pero fui imposible así que como acto reflejo le pegué una patada.

-¡Ay!- me miró con auténtica expresión de dolor.

-¡Te lo advertí! ¡Te dije que no me tocaras!- parecía una auténtica niña pequeña enrabietada. Me daba igual. Si él ya no me quería, si es que me había querido alguna vez, no me importaba que me viese así, porque esa era la manera como yo quería reaccionar.

En ese momento comenzó a llover. Robert tiró de mi cuerpo intentando llevarme hasta un soportal para resguardarme. Fue imposible, mi cuerpo no se movió un solo milímetro.

Un taxi llegó a la parada que se encontraba delante de nosotros.

-Vamos… ¡sube!

-No voy a ir contigo a ningún sitio…- dije casi sin fuerzas.

-Pues vete tu sola… no estés aquí mojándote.

-¿Crees que eres alguien para preocuparte por mí? Sube al dichoso taxi y desaparece de mi vista.- le espeté de la manera más brusca.

-No voy a subir si tú no subes…-dijo mirándome con tristeza.

Lo miré fijamente por última vez fijándome en cada parte de su cuerpo sin atreverme a mirar sus ojos. Finalmente comencé a andar bajo la lluvia alejándome de aquel fatídico lugar, alejándome de la primera persona a la que había amado. De la única persona a la que sería capaz de amar.

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