martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 3

Cuando escuché cerrarse la puerta detrás de mí, tuve el ligero impulso de volver, pero tras analizarlo un breve instante me di cuenta de que parecería desesperada.
En cierto modo lo estaba, pero por mucho que me costase controlar mis instintos, debería hacer el gran esfuerzo de mantenerlos al margen y guardar la compostura.
Caminé lentamente, más por inercia que por pura convicción, a mi mente venían los ojos y la voz de James, lo que me impedía no mostrar una amplia sonrisa.
Pasé por delante de unos grandes almacenes y decidí entrar. Puede que nadie vea fascinante los centros comerciales, pero a mí, me resultan maravillosos.
Después de recorrer todas las tiendas y mirar todo con detalle, me compre el modelo completo que esperaba llevar al día siguiente. Vaqueros, camisa y bolso blancos y por último chaqueta de cuero y botas negras. Puede parecer excesivo comprarse todo esto del tirón, pero en mis últimos años no había habido tiendas de este tipo para saciar mi ambición consumista, por lo que ahora compraba todo lo que podía y más.
Caminé hasta casa meditando profundamente. ¿Debía a asistir a la cita, por llamarlo de alguna manera, del día siguiente? En caso de asistir, ¿estaría él allí o simplemente había sido una broma que yo había malinterpretado? El solo hecho de pensarlo, me deprimió profundamente. Ansiaba volver a ver a aquel desconocido más que a nada en el mundo. Supe que ya había hecho mi elección, y que al día siguiente, acudiría a aquel bar de nuevo, sin pensar mucho en si él estaría o no.
Saqué las llaves del bolso y abrí la puerta sigilosamente. Intenté entrar sin que nadie me oyese, ya que la tarde había sido tan perfecta que lo que menos deseaba era que nadie me la estropease.
Subí a mi habitación y me tumbé en la cama, dispuesta a rememorar cada una de las palabras y gestos, a soñar despierta con lo que pasaría mañana, para ser más claros con lo que a mi me gustaría que pasara mañana.
En esos momentos, echaba de menos el tener a alguien, una amiga con la que compartir estas cosas, pero me había ido hacía 5 años, y no podía esperar que las amigas que dejé cuando tenía 14 años ahora me recibiesen con los brazos abiertos.
En un primer momento el cambio había sido algo muy duro, pero con el tiempo el ser humano, tiene la cualidad o el defecto, según lo queramos ver, de saber olvidar.


Bajé a la cocina y me preparé un colacao con galletas, subí a la habitación, me senté en la cama y me dispuse a escribir mi diario.
No es que en mi vida pasen cosas muy interesantes, pero siempre he soñado con una máquina que pudiese guardar los recuerdos, y como de momento no existe tal artilugio, yo escribo todo lo que me va pasando día a día. Sin embargo lo de esa tarde, sería algo especial. Sabía que ni todas las palabras del mundo podrían describir a James,y que ni siquiera llegaría aproximarme a como él era realmente, pero el solo hecho de recordar en un futuro la sensación que sentía en este momento era suficiente como para intentarlo.
En ese momento llamaron a la puerta de mi habitación y mi corazón dio un súbito vuelco. De repente pude oír la voz de mi hermana, y me sentí patética por haber tenido aquella reacción.

-Denís, ¿puedo pasar?
-Sí, entra… - le dije a regañadientes.
-¿Que tal te ha ido el día? Me preguntó de forma inocente, y me sentí un poco culpable por la reacción que estaba a punto de tener.
-Muy bien, gracias, venga vete que me quiero acostar.- Era mentira, no tenía el más mínimo asomo de sueño, sin embargo me estaba volviendo una paranoica, que creía que mi hermana pequeña sabía algo y por eso me estaba interrogando.
-Quería enseñarte a un actor que me parece guapo… es de una película que está teniendo mucho éxito…
-Bueno, ya me lo enseñaras mañana, que estoy muy cansada y ahora quiero dormir. La acompañé hasta la puerta de la habitación, obligándola a salir y cerrando el pestillo detrás de mí.
Me puse el pijama y me acosté. Me encogí en un ovillo y pensé en aquellos ojos verdes, me había prometido a mi misma, que soñaría con ellos.

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