martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 28

Me encontraba delante de la puerta de mi casa, Robert me miraba fijamente mientras yo me concienciaba para entrar.

-¿Quieres que te acompañe?- sabía perfectamente que aquello era lo que menos le apetecía en ese momento, sin embargo él estaba intentando que me sintiera dispuesta a enfrentar la situación.

-Robert, este es el momento en el que tú te giras y te vas de vuelta a tu casa. Cualquier otro acto empeoraría la situación.

-¿Puedo al menos darte un beso antes de girarme? ¿Eso empeoraría las cosas?- me miraba con aquella sonrisa que hacía que perdiese la conciencia. Da igual cuantas veces la hubiese visto antes, era totalmente hipnótica y dejaba fuera de combate a mi cerebro.

-Bueno... creo que eso puedes hacerlo. Es más, creo que deberías hacerlo.- dije esto como si realmente le estuviese resolviendo un gran problema.

Se acercó lentamente a mí y me besó.

-Cuídate ¿vale?

-Oh vamos... deja de comportarte como una niña. Es mi madre, no me voy a enfrentar a un asesino.

-Creo que preferiría al asesino...- comenzó a reírse y continuó mirándome.

-Vamos vete ya, a este ritmo se hará de noche y yo seguiré aquí mirando para ti.

Abrí la puerta y sin comprobar si se iba o no, entré en casa.

Dejé la maleta al lado de la puerta, dentro de casa pero lo suficientemente cerca de la puerta como para cogerla en caso de que las cosas no salieran bien.

Me dirigí sigilosamente al salón. Me quedé en la puerta contemplando como Beca y una chica que no conocía veían la televisión.

Tosí lentamente para llamar su atención y en ese momento mi hermana vino corriendo y me abrazó con todas sus fuerzas.

-¡No sabes cuánto te eché de menos!

-Yo a ti también enana…- le di un beso en el pelo y continué abrazándola.

Se separó de mí lentamente y le hizo un gesto a la otra chica para que se aproximase a nosotras.

Era muy guapa. Tenía el pelo ligeramente ondulado y de un color anaranjado. Era pálida y tenía unos ojos azules llenos de vida.

-Esta es Sara… una amiga, y ella, es Denís, mi hermana.-Le di dos besos mientras ella no dejaba de mirarme con los ojos como platos.

-¡No puede ser! ¿Eres la novia de Robert Pattinson?- Me puse colorada mientras mi hermana mostraba una gran sonrisa.

-Eso parece…

-¡Eres todavía más guapa que en las revistas!

-Vaya… gracias…- no tenía ni idea de donde había sacado mi hermana a aquel espécimen. Estaba claro que la falta de amigas la estaba dejando sin criterio.

-Denís, Sara normalmente se suele comportar como una persona normal, este numerito de animadora de película no es lo habitual.

Sara la miró con odio durante unos segundos y después las tres comenzamos a reírnos.

-Beca… ¿Dónde está mamá?- tenía que hablar con ella cuanto antes. Estaba cansada de retrasar el momento.

-Está en la cocina.- me giré para dirigirme hacia allí- Denís… no seas dura con ella, realmente lo ha pasado muy mal.

-Em… vale…- no pude articular ninguna palabra más.

Abrí la puerta de la cocina y me quedé de pie clavada junto a la puerta. Mi madre que se encontraba de espaldas no se inmutó. Supongo que creía firmemente que era Beca.

-Mamá…- se giró al escuchar mi voz y se quedó mirándome fijamente.

-Oh… cariño ven aquí- cualquier tipo de rencor hacia ella, se me pasó en ese momento. Le di un abrazo muy fuerte y continué agarrada a ella durante varios minutos.

-Mamá yo…-sin quererlo comencé a llorar.

-Denís, no hace falta que me digas nada. Me comporté como una auténtica bruja. Tú lo quieres y yo no soy nadie para meterme. Tienes que entender también que yo solo quería protegerte…

-Mamá si yo lo entiendo. Él es muy dulce conmigo… no tienes de que preocuparte.

-Vete a deshacer tu maleta anda.- me limpió las lágrimas que resbalaban por mis mejillas con sus pulgares.
Le sonreí y la besé en la mejilla. Me dirigí a la entrada, cogí la maleta y subí a mi habitación.

Me puse a deshacer la maleta y a colocar todo en el armario. Estaba realmente contenta. El día anterior había sido una auténtica locura, sin embargo, después de los acontecimientos ocurridos ese mismo día, lo pasado había quedado totalmente borrado.

En ese mismo momento, sonó mi teléfono móvil. Miré la pantalla y en ella pude ver un número desconocido.

-¿Si?

-¡Hola!- escuché una voz masculina desconocida.

-¿Qué tal?

-Bien, ¿quien eres?- tenía bastante claro quien era, pero él no tenía mi numero.

-¿Hace falta preguntar eso?

-No, supongo que no… solo que no esperaba tu llamada… ¿Cómo conseguiste mi número?- cada palabra que pronunciaba, sonaba más exaltada que la anterior, estaba completamente emocionada.

-Uno, que tiene sus contactos…- pude escuchar su risa, realmente adoraba su risa.

-¡Papá! ¡Te he echado tanto de menos!

-Yo también a ti…

No me podía creer que después de aproximadamente dos años sin saber nada de él, realmente estuviese hablando con él como si nunca nos hubiésemos separado.

-Cariño, ya me enteré de que tienes novio… me sorprendí mucho al enterarme de que era famoso… ¡además es muy guapo!

-Si…- comencé a reírme.

-No podía creerlo cuando Marina trajo una revista y te vi allí. Estás tan mayor… al verte así me sentí muy viejo… tenía que hablar contigo, no sabía como iba a hacer para conseguir tu número y justo un día después Beca me llamó.-Marina, era la nueva mujer de mi padre. Era más joven que él y era una persona muy dulce. De esa gente con la que es fácil hablar.

-¿Beca? Ya hablaré después con ella…-no sabía de donde había sacado mi hermana el número. Definitivamente tendría que hablar con ella más tarde.

-Bueno cariño, se que estos años no he estado a la altura de lo que podías haber esperado, pero espero que lo entiendas.

-Papá, ya lo se…

-Espero que me perdones, las cosas van a cambiar de ahora en adelante… Ya le pedí el número de la cuenta a tu hermana. Ahora vas a tener que ir a muchos eventos…

-Papá ¡no!

-Ya te lo ingresé… es lo menos que puedo hacer…

-Gracias, de verdad.

-Ahora solo queda que vengas a España a verme.

Escuché en ese preciso momento el sonido de alguien subiendo las escaleras.

-Papá te tengo que dejar, adiós te quiero- dije estas palabras a toda velocidad por miedo a que entrase mi madre en ese momento y sin dejarle contestar colgué.

En ese momento, se abrió la puerta y Rebeca y Sara entraron en mi habitación.

-¿Con quien hablabas?

-Em… con nadie… ¿Os apetece ir de compras?- Me sentía abusando de mi padre. Si no nos había dado dinero antes no era porque él no hubiese querido, era porque simplemente a mi madre no le había apetecido. Aún y así, él esperaba que yo comprase lo que me apeteciese con ese dinero y para que negarlo, las ganas de comprar no me faltaban.

-¡Si!-dijeron las dos al unísono.

Comprobé como salían de la habitación. Me senté en la cama y me puse a pensar en lo que habían cambiado las cosas en apenas 12 horas. Definitivamente, la vida que había conocido hasta ese momento, se había acabado.

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