martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 26

Comencé a andar a toda velocidad, quería salir de allí antes de derrumbarme completamente y comenzar a llorar. No sabía a donde iría, varias posibilidades atravesaban mi mente a toda velocidad, sin embargo ninguna me parecía lo suficientemente razonable en aquel momento.

Cuando me disponía a abrir la puerta, Robert que había venido detrás de mí, se interpuso entre la puerta y yo.

-¿Se puede saber que haces? ¡Apártate!- lo agarré por el brazo para que se echara a un lado, pero el permaneció en el mismo sitio sin moverse ni un centímetro.

-¡No! ¡No te vas a ningún sitio!

-Ten muy claro que sí. Aparte, de, la, puerta.- dije cada una de las palabras de manera amenazadora.

-No me voy a apartar. Perdóname, Denís ya se que no fue el momento más adecuado para irme pero... tenía que hacerlo. Dime que quieres que haga y lo haré.

-¿No entiendes mi idioma? Lo único que quiero que hagas, es que te apartes y me dejes salir.- Cada palabra, salía de mi boca llena de rabia, como un cuchillo que se lanza dispuesto a clavar.

-¿Puedes entrar en razón? Escúchame...- su voz, sonaba suplicante, debatí interiormente conmigo misma si debía escucharlo o no. Quería hacerlo pero tenía miedo de que sus palabras estropearan todavía más la situación.

-Tienes suerte de que mi teléfono esté sin batería si no te aseguro que llamaría a la policía...

-Bueno, noto cierto grado de humor, vamos progresando...- intentó esconder de forma fallida una pequeña sonrisa mientras yo lo atravesaba con una mirada de odio.

-Habla, di lo que tengas que decir y me iré...

-No pienso hablar contigo así, teniendo que estar apoyado en la puerta para que no te vayas...- me agarró de la mano y tiró de mí hacia el salón. Finalmente me di por vencida y lo seguí.

Nos sentamos en el sofá, cada uno en un extremo. No quería mirarlo, sabía que si lo hacía simplemente no podría seguir comportándome como lo estaba haciendo. Como debía.

-Vamos tengo que enseñarte una cosa…- Se levantó del sofá, y agarró mi mano con fiereza. Me condujo escaleras arriba y entramos en una habitación.

Miré a mi alrededor. La cama estaba llena de pétalos rojos y estaba rodeada de velas. Algunas permanecían encendidas, otras yacían apagadas ya que su llama se había consumido.

Nos sentamos en la cama, miré fijamente al suelo, simplemente escuchando sus palabras. No quería que sus ojos o su sonrisa me obligaran a tomar una decisión errónea.

-Denís, quiero pedirte perdón por todo. Sé que estás decepcionada y enfadada conmigo por haberme marchado, pero entiéndeme, tenía que hacerlo.

-¿Pero es que no te das cuenta de que te está engañando? Robert eres imbécil si piensas que eso es verdad. Esa... Amanda- Tuve que luchar fuertemente contra mis instintos y llamarla por el nombre- está totalmente loca por ti. Apuesto a que vio que subíamos a la habitación y eso no entraba dentro de sus planes.- respiré profundamente, estaba consiguiendo calmarme.

-Nadie haría eso... ¿que clase de mente retorcida tienes?

-No lo quieras saber... Robert por las buenas puedo ser muy buena, pero como alguien sobrepase los límites o toque algo que me pertenece no estoy dispuesta a seguir siéndolo...- aunque Amanda no estaba allí, aquellas palabras iban dirigidas a ella. Robert era mi novio, ella había arruinado en una ocasión las cosas entre nosotros pero yo no lo permitiría nunca más.

-Bueno... vale... aunque al menos yo no fui corriendo a sus brazos...

-¿Sabes que? Esto no ha sido una buena idea... me voy...- me levanté y me alejé. Estaba descubriendo en él, una parte celosa que no conocía, celosa y hasta incluso enfermiza.

-¿Vas a llamarlo verdad?-pregunto de una forma acusatoria.

-¿Por que no dejas de atacarme una y otra vez?

-Porque si ayer fuiste, no veo una razón para que hoy no lo hagas.-comenzó a gritarme, y no pude contenerme, lo miré fijamente y le pegué una bofetada.

Observé su expresión durante varios segundos, aquello se me había ido de las manos. No sabía como reaccionaría, pero antes de que me diese tiempo a hablar, Robert se abalanzó sobre mí y me besó.

-¿Qué haces?- me aparté de él. Una parte de mí lo deseaba como nunca antes lo había hecho. Sin embargo tenía que mantenerme sin dejarme embaucar por sus encantos.

Ignoró mi comentario totalmente y continuó besándome. Sus labios, recorrían los míos con desesperación. Sus manos, abrazaban mis hombros, se echó encima de mí, y me recostó en la cama.

Apoyó su peso sobre los codos, juntando su cuerpo con el mío. Mientras, sus labios juguetones acariciaban mi cuello. Debía detenerlo antes de que mis instintos se apoderasen de mí y ya no fuera capaz de frenarlo.

Apoyé mis manos en su pecho y lo aparté de mí. Robert observó mis ojos con profundidad. Acto seguido, volvió a dirigir sus labios a mi cuello y continuó besándome de manera que mi cuerpo se estremecía y hasta el último pelo de mi cuerpo se erizaba.

-Robert… pa… para- conseguí articular con mucha dificultad.

-¿Qué pare de hacer que? ¿Esto?- dijo mientras besaba mi cuello. En un movimiento rápido, llevo sus labios a mi oreja y comenzó a mordisquearla de arriba abajo. - ¿O esto?- susurró en mi oído.

-Todo. Si no paramos ahora, todo lo que nos queda por hablar será algo que estará ahí, algo que nos separará poco a poco.- Apoyó sus brazos a ambos lados de mi cuerpo y levantó su tronco despegando su pecho del mío.

-Denís, desde que te conozco todo es diferente. Hace tiempo que mi vida había perdido todo el sentido. Tu eres mi vía de escape, quien me hace recordar que no soy solo una marioneta.- Lo miré fijamente, aunque era lo correcto, no podía estar por mas tiempo enfadada con él. Quería sentirlo, besarlo y acariciarlo.

-Te quiero- fue lo único que fui capaz de decir. Levanté mi espalda que hasta ese momento permanecía pegada al colchón y busqué sus labios. Mi boca rodó hasta su mandíbula, descendió lentamente por su garganta hasta tocar su nuez. Moví mi lengua sobre ella y la mordí con delicadeza. Observé la reacción de Robert, que en ese momento había cerrado los ojos y ronroneaba.

Movió su cabeza hacia delante, volviendo a apoyar la totalidad de mi espalda en el colchón y colocó las manos debajo de mi camisa acariciando mi vientre.

Dibujó con sus dedos círculos sobre el contorno de mi ombligo y sin poder evitarlo estallé en una profunda carcajada.

Robert me miró con incomprensión buscando el motivo de mi reacción.

-Cosquillas, me haces cosquillas…- continué entre risitas.

Robert intentó apartar sus manos de mi barriga, pero yo me anticipé a su reacción y las agarre con fuerza sobre mi vientre. Las deslice de arriba abajo, sobre mis costados y levanté mi cuerpo para situarlas detrás de mi espalda.

Robert jugó con la línea de mi columna, mientras nuestros labios eran uno y mis dedos recorrían su pelo de forma juguetona.

Bajé mis manos por su rostro, su cuello y sus hombros y recorrí su ancha espalda inquietamente. Subí mis manos por la parte delantera de su cuerpo y apoyé las palmas de mi mano en sus pectorales.

Aparté sus labios de los míos y lo miré de la forma más seductora que fui capaz mientras mordisqueaba sugerentemente mis propios labios.

Llevé mis manos a su cuello y comencé a desabrochar uno a uno los botones de la camisa gris que llevaba.

Bajé mis manos lentamente de uno a otro. Doblé mi columna y busqué su piel con mis labios. Mis manos, recorrían uno a uno cada uno de los botones, mientras mi boca las seguía rozando la piel que poco a poco quedaba descubierta.

Cuando la camisa estuvo completamente desabrochada, tiré de ella hacia atrás con fiereza. Dejando que mis ojos y mi lengua se deleitasen de su piel desnuda.

Situó su mano derecha en mi clavícula, y empujándome lentamente me volvió a recostar completamente.

Llevó sus manos a mi camisa y lentamente fue desabrochando los botones, hasta que finalmente se canso del lento ritmo y tiró de ella hasta romper la parte inferior de la camisa en la que los botones permanecían abrochados.

Enrosqué mis piernas sobre su cuerpo mientras besaba su frente comprobando como sus ojos estaban posados en mi sujetador. Mis mejillas se sonrojaron y el calor llenó mi cuerpo de pies a cabeza. La noche anterior, él me había visto, pero no de aquella manera. No había sido él quien me había desprendido de mi ropa interior.

Llevó su mano a mi espalda y desabrochó el enganche. Cerré los ojos y respiré profundamente, no había razón para que sintiese pudor delante de él.

Colocó ambas manos sobre mi sujetador y lentamente lo sacó de mi cuerpo. Me sentí desprotegida y en ese momento mi pudor se transformó en temor, sentimiento que rápido desapareció cuando vi la cara de excitación de Robert.

Llevó sus manos a mis pechos y los acarició mientras yo continuaba besando su cuello y notaba mi sangre palpitando, luchando por salir de mis venas.

Desplazó su boca hacia mi pecho y recorrió con su lengua cada uno de ellos y mi canalillo. Me estremecí y me encogí hasta doblar cada uno de los dedos de mis pies.

Emití un pequeño gemido y busqué sus ojos que brillaban excitados en ese momento. Bajó una de sus manos hasta mi cintura y acarició con ella todo mi cuerpo.

Busqué temblorosa con mis manos su pantalón y desabroché el botón. Robert bajó sus pantalones, los quitó y los dejó a un lado, en el suelo.

Jugó con sus dedos acariciando mi cintura, y finalmente desplazó la ropa interior que me quedaba puesta hasta los tobillos.

Me estremecí y sentí como mi cuerpo comenzaba a temblar. Me miró fijamente y antes de que me diese tiempo a plantearme si el temblor venía producido por el miedo, el frío o ambas cosas, Robert llevó su dedo índice a mis labios.

-Te quiero-besó mis labios con dulzura mientras se desprendía de la única prenda que llevaba puesta.

Se posicionó entre mis muslos, y pude notarlo dentro de mí. Una corriente eléctrica atravesaba mi cuerpo mientras podía comprobar como Robert ahora incrementaba el ritmo. Agarré con fuerza las sábanas mientras notaba como mi respiración comenzaba a acelerar.

Sentía su cuerpo dentro de mí, cada vez más rápido y comencé a mover mis caderas en un intento por unir nuestros cuerpos en un mismo movimiento.

Abracé su cuerpo con fuerza, después de una primera vez fallida, aquella era la vez en la que nuestros cuerpos se unían en uno solo. Desplacé mis manos por su espalda mientras nuestros labios continuaban, irrefrenables e incansables y nuestra respiración y nuestros gemidos incrementaban acompasadamente.

Subió el ritmo un poco más, en ese momento pude sentir una explosión de euforia en cada músculo de mi cuerpo, saqué mis uñas y las clavé en su espalda sin poder evitarlo. Había pasado. Sonreí y entrecerré mis ojos varias veces. Noté como mis músculos se tensaban uno a uno. Era una situación increíble. Mi cabeza daba vueltas, y pasado un rato, me encontré totalmente desubicada.

Robert, que segundos antes había gemido de forma estrepitosa, apoyaba su cabeza sobre mi pecho mientras abrazaba mi cuerpo con dulzura.

No había palabras para definir aquello, todo lo magnifico que llegase a decir se quedaría corto. Me olvidé de todo aquello por lo que habíamos discutido y pensé en que nunca habíamos estado tan unidos como hasta aquel momento.

-Te quiero, te quiero, te quiero…- no había otras palabras que me apeteciese decir más que aquellas en ese momento.

Miró fijamente mis ojos y contestó a mis palabras con besos en mi cuello mis labios y mi frente. Cerré los ojos, abracé fuertemente su cuerpo y noté su cabello rozando contra mi piel y haciéndome cosquillas.

Aquella era la experiencia más maravillosa de mi vida, y con Robert a mi lado se repetiría una y otra vez hasta llevarme a la locura.

3 comentarios:

  1. joer q bonitoooooooo, q sonrisa tonta he tenido todo el tiempo mientras estaba leyendo.geniaaaal meryyyy :D

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  2. realmente muii bueno jaja es sorprendnte la envidia de no ser denis jaja espeero q continues escribiendo es realmente muii bueno

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  3. estoi de acuerdo con la primera chika qe comento todo el fic me la he pasado con una sonrrisa
    simplemente H E R M O S O!!! <3

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