martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 24

Abrí la puerta y antes de que me diese tiempo a reaccionar, Amanda me había apartado de su trayectoría y se había abrazado a Robert.

-Oh Robert, Robert...-Observé con odio como deslizaba sus manos por la desnuda espalda de mi novio y hundía la cabeza en su hombro.

-Amanda... ¿que pasa?- Por mucho que me pesase, debían de ser muy buenos amigos, podía ver la preocupación en el rostro de Robert.

Amanda, me miró indicándome que sobraba, y sin meditarlo demasiado me fui, recogí la ropa de la galería y me metí en el baño. Me sentía una intrusa en aquel instante.

En ese momento, me invadía el odio y la desesperación. Me di una ducha fría intentando concienciarme de que no debía romper nada por más que lo desease. Me vestí y retoqué mi peinado.

Escuché unos nudillos golpeando contra la puerta pero los ignoré.

-Vamos Denís, ábreme- la voz de Robert, sonaba como una súplica, abrí la puerta y lo miré fijamente. Se acercó a mí y me abrazó.

-¿Que es eso tan urgente que le pasa a tu amiga y que no podía esperar para contarte?- estaba sonando como una autentica novia celosa, pero no me importaba.

-Tiene problemas de pareja... tengo que ir con ella a su casa, ya te contaré...- lo miré enarcando las cejas mientras soltaba un bufido- Denís lo siento, de verdad, yo tampoco esperaba que la noche acabara así...

-No seas idiota, no me digas que lo sientes, la culpa no es tuya... o bueno quizá si por no saber elegir a tus amigos.- Le sonreí para que se diera cuenta de que no estaba enfadada con él y lo agarré por el cuello de la camisa acercándolo todavía más a mí- pero que te quede claro, de que esto no ha sido ni siquiera el calentamiento. Robert Pattinson espero mucho más de ti.- Los dos comenzamos a reirnos.

Se dirigió a la puerta de la habitación y yo lo seguí. Me miró con incomprensión a lo que respondí con una mirada similar.

-¿A dónde vas?

-A mi casa, ¿no pensarás que voy a quedarme sola aquí? Estar en esta habitación sin ti no tiene sentido.

Caminamos hasta la puerta en la cual esperaba Amanda. Me despedí de él en la puerta ignorando a su acompañante y comencé a andar hacia la salida a pasos agigantados.

Salí del Hotel y me dispuse a esperar a un taxi. Cuando llevaba aproximadamente unos diez minutos esperando sin ninguna señal, una limusina negra se paró delante de mí. Me aparté disimuladamente de ella y comencé a andar en dirección al Hotel.

El ocupante de la parte trasera, bajó la ventanilla y pude ver a Ed.

-¿que haces aquí tan sola?

-¿A ti que te parece? Esperar un taxi.- le dije de forma brusca.

-Sube, te llevo.

-No es necesario.

-Nadie ha dicho que lo fuera, solo que si no lo haces tendré que bajarme y esperar contigo hasta que llegué algún taxi, y dadas las horas... no me apetece perder el tiempo.

Lo miré fijamente mientras él ya estaba abriendo la puerta, entré en el vehículo e indiqué al conductor la dirección.

-¿Champagne?

-Vale, un poco de alcohol no me vendrá mal...

Continuamos bebiendo hasta que el vehículo se detuvo delante de mi casa. Sin habérmelo propuesto, la decisión que había tomado precipitadamente, con cinco copas de champagne me pareció rídicula y comencé a llorar.

-Hey hey, ¿que pasa?-Ed se acercó a mí y me abrazó.

-Que no quiero irme a casa, que no se porque no lo pensé antes, debería haberme quedado en el hotel.

-¿Quieres que te llevemos otra vez? ¿Está Robert allí?- Ed me hablaba como a una niña pequeña, o hablando claramente estaba intentando razonar con una borracha.

-Vale si... no Robert no está...

-¿Está alguien?

-No...-comencé a llorar más fuerte. En aquel momento se me estaba juntando todo. La discusión con mi madre, las humillaciones de aquellas chicas, que mi primera vez hubiese sido interrumpida y que mi novio se tuviese que ir. Todo eso sumado con el alcohol en sangre, era como una mezcla explosiva que no podía soportar.

-No te voy a dejar sola allí, vamos a mi casa.

Permanecimos en silencio el resto del trayecto, hasta que me comunicó que ya habíamos llegado. Bajamos del coche, se despidió del chófer y entramos en la casa.

La descripción que pudiese hacer de ella, creo que no se parecería en absoluto a la realidad. Pero una cosa estaba clara, era enorme.

Me dirigió hacia una puerta exterior y salimos. El lugar, era como una especie de salón con una cúpula. En el interior, había una piscina y estaba rodeado de plantas y algún que otro sofá.

Me saqué los zapatos, me senté en el borde de la piscina y sin quitarme las medias metí los pies dentro del agua. Ed, se sacó los zapatos y los calcetines, subió los pantalones hasta la rodilla, se sentó a mi lado y metió los pies en el agua al igual que yo había hecho.

-¿Por que llorabas?-miré hacia él, sin embargo su mirada estaba clavada fijamente en el centro de la piscina.

-Por todo...

-Si te pregunto, es porque puedes desahogarte. Cuenta.

Comencé a hablar. Seguí hablando y hablando sin medida. Primero solo me centré en la discusión con mi madre, pero conforme pasaba el tiempo, mi lengua parecía desatada. Le conté acerca de mi estancia en África, la separación de mis padres, las ganas de visitar a mi padre en España, y por último y aunque eso preferiría habermelo callado, le hablé de Amanda.


Por muy tonto que pudiese parecer, ya no me sentía deprimida en absoluto.

-Mejor, ¿verdad?


-Mucho mejor, para que negarlo...

-¿Sabes que hago yo cuando quiero desahogarme?

-¿Beber? Le dije de forma irónica

-No guapa, no todos somos como tu novió-me dijo con sorna.

-No, por desgracia no todos sois como él.

Soltó una carcajada irónica, se puso de pie, se sacó la chaqueta del traje, y sin sacarse nada más, se tiró al agua. Nadó de espaldas hasta el centro de la piscina mirándome de forma desafiante.

-Vamos... estoy esperando...

Me levanté, aparté los zapatos para no mojarlos y salté.


Di un par de largos a la piscina, el agua, refrescaba mis neuronas haciéndome pensar de nuevo con claridad.

-¿Una carrera?-propuse.

-Vale, ida y vuelta

Estuvimos por lo menos media hora nadando sin parar, de un lado a otro haciendo carreras. Llegó un momento en el q ya no podía más y me detuve en el centro de la piscina,me tumbé con los brazos y las piernas abiertas y cerré los ojos.

En ese momento, me llevé un susto cuando algo rozó mi costado, me incorporé y pude ver a Ed a mi lado.

-¿ya estás totalmente animada?

-Totalmente animada.

No estaba asimilando lo que estaba pasando, pero a cada segundo, su cuerpo estaba más próximo al mío. Me moví unos centímetros hacia atrás disimuladamente, me sentía tensa por tenerlo tan cerca.

-No se si tu vestido resistirá esta noche.

-Yo tampoco, pero habrá merecido la pena.

Sin previo aviso, y cuando menos me lo esperaba, Ed se había acercado completamente a mí. Nuestros rostros se encontraban a menos de 2 cm, y antes de que me diese tiempo a apartarme, me besó.

Tardé varios segundos en asimilar lo que estaba sucediendo, y cuando lo hice me aparté bruscamente y me dirigí al borde de la piscina.

-Será mejor que me vaya.

-¿Por qué?

-Pues porque tengo novio, lo sabes perfectamente.

-Vale, lo siento. Me dejé llevar... pero no te vayas. No son horas para que andes tú sola. Prometo portarme bien.

Medité mi siguiente acto y decidí quedarme. Realmente tenía razón, a esas horas de la noche no quería estar sola.

Salió de la piscina corriendo, se dirigió a un armario, sacó una toalla del interior y me envolvió en ella.

-Ahora te dejo algo para que te pongas...

-Vale...- todavía no había asimilado lo que acababa de ocurrir, simplemente me dedicaba a contestar con monosílabos.

Me trajo una camiseta suya que me quedaba de vestido y una sudadera y me indicó donde estaba el baño.

Me encerré dentro y me senté en el suelo. Habían pasado demasiadas cosas para tratarse de una noche sola. Me levanté, me dirigí al espejo y contemplé mi reflejo. Estaba pálida y tenía muy mala cara.

Me sequé, me puse la ropa que de me había dado y salí sin saber muy bien como comportarme.

Pensé que la situación sería tensa, pero nos pusimos a ver una película. Él simplemente guardó las distancias y se sentó en un sofá diferente al que yo ocupaba.

Había sido un día muy largo, noté como los parpados me pesaban, y sin poder evitarlo me quedé dormida.

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