martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 21

Ibamos caminando por la calle, Robert me llevaba agarrada de la mano mientras mi hermana nos miraba con una amplia sonrisa.

-¿Estáis seguras de que no queréis coger un taxi?

-Para una vez que salgo de casa, la verdad es que prefiero ir andando...

Robert y yo nos miramos y decidimos cumplir los deseos de mi hermana.

El camino hacia nuestro destino, se hizo larguísimo. Cada cinco pasos, una chica o un grupo de chicas se acercaban en busca de una foto. En un primer momento, me limitaba a sonreír aunque la situación se me hacía extraña. Después de unas cuantas veces, acabé ejerciendo de fotógrafa y en algún caso las chicas me pedían también que posase.

-¿Como se lleva... esto?- me parecía increíble, que Robert pudiese soportar esto día tras día, siempre mirándolas con una sonrisa, como si realmente no le molestase aquella pesada situación.

-Os dije que era mejor ir en taxi... pero no me hicisteis caso.

-Aunque no lleguemos hasta la semana que viene... me gusta llevarte la contraria...

Se acercó, llevó la mano que tenía libre a mi cabeza y me despeinó.


Una vez que llegamos a la zona de tiendas, entramos en varias de diferentes marcas: Channel, Prada, Gucci... y aunque me habían enseñado muchos modelos, ninguno se ajustaba a lo que estaba buscando.


Robert miró hacia a mí y señaló una cartel. Diabole en Draco, era una tienda, con aspecto carísimo al igual que las anteriores. Parecía el típico lugar en el que te cobrarían por el mero hecho de mirarlo.

-Deberías haberme avisado antes... así no voy a encontrar nada...

-No digas tonterías, esta es una tienda en la que hay ropa de todas las marcas... algo encontrarás...

-Algo sí, pero no me refiero a algo que si no fuese porque cuesta una millonada, en una tienda normal pasaría por un trapo...

-No vas a ir con un trapo... quiero que todos sientan envidia de mí.

-Vaya... el sueño de mi vida... ser mujer florero...

-¿Creías que te quería por otra cosa?


Le pegué un golpe en las costillas mientras él apretaba mi mano y echaba a correr escaleras arriba hacia la entrada de la tienda. Una vez allí, se volvió para mirarnos y esperó.

-¿Donde está la cámara?

-¿Que cámara? ¿Tu también quieres una foto con mi novio?-dije medio riendo.

-No, bueno no me importa tener una foto con él, pero me refiero a otra cámara. Si no os conociese creería que sois los protagonistas de una serie de adolescentes. No eres consciente de lo patéticos que resultáis...

-¿Envidia?

-Un poco...- las dos nos reímos.

Agarré la mano de Beca y juntas subimos las escaleras de piedra que llevaban a la amplia entrada.

Robert, nos dejo pasar y atravesamos la puerta.

La dependienta, una mujer de unos cuarenta y tantos años que desprendía elegancia por todos sus poros, nos miró como si nos hubiésemos perdido. Segundos después, miró a nuestro acompañante con sorpresa e hizo un ademán con la cabeza al hombre que se encontraba pegado a la puerta.

Nos acercamos lentamente al mostrador, mientras escuchamos el ruido de una verja bajándose, habían cerrado la tienda exclusivamente para nosotros.

-Buenas tardes, ¿en que puedo ayudarles?

-Bien, buscábamos un modelo adecuado para un cóctel que tenemos esta noche.

-¿Que es lo que busca exactamente?- para hacer esa pregunta, la dependienta se había girado completamente hacia mí.

Permanecí inmóvil unos segundos, Robert me miraba invitándome a responder.


-Pues quería algo... sencillo pero a la altura de la ocasión.


La dependienta, agarró una de mis manos y me hizo girar estudiando mi cuerpo.

-Bien, con esta figura no tendremos ningún problema para encontrar lo que buscamos.


Se alejó ágilmente de nosotros en tanto que mi hermana no dejaba de mirar cada esquina del establecimiento.



-Me siento Pretty Woman...

-Veo que me toca ser Richard Guere... podía ser peor...


-¿Crees que es necesario que me hagan la pelota de semejante manera?

-En primer lugar, lo veo normal, tu vestido se va a ver en las revistas de todo el mundo- ante aquellas palabras, noté como algo se atascaba en mi garganta- y en segundo, no me parece que haya dicho nada que sea mentira...

En ese momento, una dependienta más joven que la primera dejó en la mesa que teníamos al lado, tres copas que rellenó con champagne.


_¿Puedo?

-Claro que puedes, no soy mamá... no voy a ser yo la que te prohíba beber.

Observamos como mi hermana cogía la copa y como su expresión pasaba de ser una amplia sonrisa a convertirse en una mueca de asco. Robert y yo nos miramos y estallamos en una carcajada.

-Robert... es la sexta tienda a la que vamos... si no encuentro nada en esta creo que voy a acabar borracha a base de tanto champagne.

-Bien... así me será mas fácil aprovecharme de ti...- me miró con sonrisa pícara. No fui capaz de contestarle, ya que antes de que me diese tiempo, la dependienta se había posicionado a nuestro lado.



-Bueno jovencita, creo que he encontrado la prenda perfecta, tenemos más, pero tengo la sensación de que una vez probado este no querrá otro. Se trata de un Hervé Leger y parece hecho para usted.

La dependienta más joven, me señaló el probador y yo la seguí. Abrió las cortinas y entré en el interior.

Me probé el vestido con delicadeza, y al verme con el, no pude evitar quedarme con la boca abierta. Efectivamente tal y como había dicho aquella mujer, aquel vestido parecía hecho para mí. Era un palabra de honor, ligeramente corto y con un lazo alrededor del cuello. Era de un precioso blanco roto con el que me veía muy favorecida.

Abrí las cortinas y salí fuera del probador. Robert tubo la respuesta que esperaba, ya que nada más verme, sus ojos se salieron de las órbita. Mi hermana por su parte vino corriendo hacia mí.

-Denís s¡estás guapísima!

-Ya lo creo, estoy convencido de que van a tener envidia de mí.

La dependienta nos miró, y haciendo un gesto a la más joven se acercaron al unísono. Hicieron que me girase varias veces y me observaron.

-Creo que es la primera vez que pasa esto, no necesita ningún retoque, está perfecto tal como está.

-¿Le importa que hablemos en privado?-conseguí preguntar de la manera más educada que fui capaz.

-No, claro que no.-La dependienta se alejó.

Agarré a Robert de la camisa y lo acerqué hasta mí.

-¿Crees que nos denunciarían por escándalo público si lo hiciésemos en los probadores?

-Muy probablemente...-dijo estas palabras mientras mordisqueaba mis labios.

-Hay menores delante, sigo aquí...

-Ahora enserio,Robert, ¿viste cuanto cuesta este vestido?

-Sí... ¿y?

-Que es una barbaridad ¡y aun falta la chaqueta el bolso y los zapatos!

-De algo te servirá tener un novio famoso digo yo... haber Beca.. dile algo a tu hermana.

-Ya veo cual es mi cometido en esta historia... pues bien. Denís, estás con el hombre más irresistible del momento, el actor que más está triunfando. Todas las mujeres, desde los diez a los cuarenta o incluso más, querrían estar en tu lugar.
-No será para tanto...-Robert cortó a mi hermana aunque ella hizo como que no lo había escuchado.

-Así que deja de comportarte como una idiota y hazles ver que te lo mereces.

-Visto así...

-Todavía no he acabado... Y tu Robert... deja de hacerte el modesto, sabes perfectamente lo que hay porque lo dicen todas las cadenas y todas las revistas. Así que abandona ya la postura de soy un chico normal y feo. Ahora que ya hemos aclarado un par de puntos creo que podemos volver a comportarnos como personas maduras y civilizadas.

Beca se calló en ese momento, y tanto Robert como yo miramos al suelo.

-Disculpe... necesitaría también una chaqueta, una cartera y unos zapatos...





Robert me dio un largo beso y acarició la cabeza de mi hermana a modo de despedida.

-A las 8 te paso a buscar

-Estaré preparada.



Esa tarde, mi madre no estaba en casa por lo que no tenía el menor problema en estar allí. Beca, me ayudo a prepararme, tanto a maquillarme como a peinarme.

Así a las 7.30, me encontraba en el salón esperando. Sin sentarme por miedo a arrugar el vestido, sin los zapatos porque los Louboutin que había comprado tenían un tacón de vértigo. Llevaba también, una pequeña cartera aguamarina de Cavalli, con una correa dorada, y un Blazer negro por encima del vestido. Esperando, disfrazada con una ropa que no quería saber cuanto había costado, con un semirecogido despeinado, y con toda aquella máscara, no me sentía lo suficientemente valiente para superar la situación que estaba a punto de venírseme encima.



En ese momento, el timbre sonó. Me puse los zapatos y la chaqueta y me dirigí a la puerta.

Ropa Denís- Gracias Charlotte ^^

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