martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 20

Al llegar a mi habitación, nos sentamos en la cama. El aire podría haber sido cortado con un cuchillo. Robert estaba ligeramente pálido, miraba al suelo mientras se tocaba las manos. Yo, por mi parte, no sabía como romper el silencio, no sabía que decir para poder alentarlo.

-Robert, por favor dime algo…- lo miré con desesperación, necesitaba saber en que estaba pensando, el no saberlo hacía que su angustia pasase a formar parte también de mí.

-Denís, tu madre me odia…- me quedé callada un instante, me gustaría haberle dicho que no era así, que todo eran imaginaciones suyas, pero yo también creía que en cierto modo mi madre lo odiaba.

-No lo tomes como algo personal, creo que cualquiera que fuese mi novio habría recibido el mismo trato…

Miró mis ojos con profundidad, agarró una de mis manos y movió la boca varias veces para decir algo, finalmente enmudeció.

-Denís, yo quiero estar contigo… es algo que tengo seguro, pero esto es más de lo que puedo soportar…

Lo miré fijamente, intentando entender aquellas palabras, realmente las entendía pero quería buscar en ellas un significado diferente al que estaban adquiriendo en mi mente. Mis músculos se tensaron y tuve que hacer un gran esfuerzo para no comenzar a llorar.

-No… no entiendo que quieres decir…- quizá pareciera estúpida, quizá era lo que buscaba con mis palabras, pero el había dicho que quería estar conmigo, eso debería bastar para que todo resultase insignificante.

-Por favor, no me hagas volver. Respeto a tu madre, y haré lo posible para no ir en contra de sus ideas. Pero no me hagas volver.

Nunca creí que el hecho de que alguien odiase a mi madre me pudiese hacer tan feliz. Me acerqué a él y le di un fuerte abrazo.

-No te preocupes, si por mi fuese no tendrías que haber pasado hoy por esto, pero no había otra solución…

-Bueno, dejémonos de dramas que parece que se acaba de morir alguien. Ya te puedes ir animando para esta tarde.

-¿Qué pasa esta tarde?

-Nos vamos de compras, esta noche estoy invitado a una cena, es sobre unos premios, y usted señorita-dijo estas últimas palabras con énfasis- es mi acompañante.

-¿Esta noche? ¿No podías haber avisado antes?

-¿Y perderme la adrenalina de las compras de última hora?-dijo sonriendome.

-Vale ¿ vendrás a buscarme? ¿O eso tampoco entra dentro de los planes?

-Si, creo que mientras tu madre no me ponga una orden de alejamiento, a la puerta de la entrada me atreveré a llegar…

-Me parece bien, y que sepas que hoy estoy enfadada con mi madre… por lo que duermo contigo.

-¿Vamos a jugar a cabrear a mamá?-ignoré totalmente su comentario.

-Puedo pedirte una cosa más?-puse morritos y voz de niña pequeña mientras él me miraba con expresión tierna

-Por pedir que no quede… si cumplo tus deseos o no…¡ya es cosa mía!

-¿Puedes traerme el peluche y la camiseta? Ayer con las prisas me lo dejé en tu casa…

-¡Eso está hecho! ¿En dos horas te parece bien?

-Si, creo que es tiempo más que suficiente… y ahora te acompaño hasta la puerta, no vaya a ser que te secuestren como menú para la cena.

Agarré la mano de Robert y bajamos las escaleras, mi madre me miró fijamente. Giré la cara ignorando su expresión. Al llegar a la puerta, me puse de puntillas agarré la cara de Robert y lo besé con todas las fuerzas que fui capaz mientras él intentaba desprenderse de mí.

-No tentemos a la suerte…- dijo entre susurros. Me dio un beso en la mejilla y se marchó.

Me dirigí al comedor llena de furia y me posicioné delante de mi madre.

-¿Se puede saber que fue eso?

-Eso… ¿Qué?

-No se si ves normal el modo en el que acabas de tratar a mi novio, pero yo desde luego no.

-Denís, algún día aprenderás que no te puedes fiar del primero que pase… no lo conoces de nada.

- ¿Acaso tú sí? Tu lo conoces claro¡ lo sabes todo de él! ¡Tu siempre lo sabes todo!- aunque no quería, el tono de mi voz incrementaba con cada palabra.

-Se lo suficiente, es actor, jugará contigo y cuando se canse buscará a otra…

-No tienes ni idea de lo que hablas…

-La prensa se meterá con él, y por supuesto se meterá contigo, no lo permitiré…

-¿Quién eres tu para permitir o no permitir? Que yo sepa en una relación no opinan terceros… me da igual si hablan mal de él, y me da absolutamente lo mismo si hablan mal de mí… porque… porque lo quiero…¡ y eso es lo único que importa!- aquellas palabras habían salido de mi boca sin darme cuenta, pero eran la verdad, lo quería, lo quería pesase a quien le pesase, lo quería y eso no lo iba a cambiar nadie.

-Cariño… solo intento protegerte…- ante aquellas palabras, mi madre se había ablandado, había entendido que él era importante para mí, mucho más de lo que ella sospechaba y muchísimo más de lo que le hubiese gustado.

-¿Protegerme de quién? ¡Mamá tengo 19 años, no soy tu niña pequeña a la que tienes que proteger! No eres nadie para intentarlo, ¡ni siquiera sabes protegerte a ti misma!

-¿Cómo?- mi madre no daba crédito a aquellas palabras, y aunque la conversación debía haber acabado ahí las palabras salían de mi interior sin proponérmelo.

-Lo que escuchas, ¡no eres nadie para darme consejos! Tú, la que renunciaste a tu familia por tu maldito trabajo. La que dejaste que papá se fuese sin luchar por ello y nos llevaste a Beca y a mí al otro extremo del mundo sin importarte nada. La que ya dejo muy claro cual era su orden de prioridades…

Sin saber como pasó, mi madre me dio una bofetada. Nunca antes lo había hecho y nunca más lo haría, no se lo permitiría.

Me llevé la mano a la mejilla y la mire con el mayor odio con el que fui capaz. Nunca le perdonaría aquello.

Me giré sin mediar otra palabra y corrí escaleras arriba.

-Denís perdóname… por favor yo no quería…

Mi madre continuaba hablando en el piso inferior, pero la ignoré. Entré en mi cuarto y pegué un portazo.

Me acosté en la cama, y sin meditarlo, me derrumbé y comencé a llorar.

No sé cuanto tiempo estuve llorando, pero el suficiente como para que mis ojos se quedasen secos.

La puerta se abrió y en ese instante solo esperé que no fuese mi madre.

Beca me acarició el pelo, sin decir nada, solo para que supiese que ella estaba allí y me apoyaba.

Me levanté de la cama, cogí la maleta de encima del armario y comencé a doblar la ropa metiéndola en su interior.

Rebeca no decía nada, sólo me observaba con la boca desencajada y los ojos como platos.

Denís… ¿que haces?- su voz sonaba entrecortada.

-Creo que es bastante obvio…-dije medio gritando

-Yo no tengo la culpa...

Me acerque a ella y le di un fuerte abrazo.

-Lo siento, no es justo que lo pague contigo…

-No me digas que te vas…

-No se a donde… pero me voy…la decisión está tomada…

-No puedes dejarme aquí…

No sabía que decirle, necesitaba escaparme de aquel lugar cuanto antes, pero Beca era demasiado pequeña, no podía venir conmigo.

-¿Que planes tienes para esta tarde?- Mi hermana hizo un gran esfuerzo por cambiar de tema, posponiendo una larga conversación que ninguna quería que llegase.

-Voy a ir con Robert de compras… hoy tiene una cena y me pidió que fuese con él…

-Que suerte…

Beca, me daba mucha pena, ella no había tenido la suerte de encontrar a alguien tan pronto como lo había hecho yo. No podía llevármela de casa conmigo pero sí esa tarde.

-Voy a llamar a Robert para que venga ya…

-Vale…- cada palabra que mi hermana decía, sonaba con una profunda tristeza, y cada una de ellas me dolía tanto como si me clavasen un puñal.

-Robert…-no le dejé ni contestar.

-¿Pasó algo?

-No, no tranquilo… ¿puedes venir ya?

-Si… claro…

-Gracias.

-Escucha… ¿tu hermana conoce a alguien? quiero decir ¿queda con alguien?

-No… y por eso…

-Dile que venga con nosotros, ella es realmente buena y se aburre lo que no debería estar permitido.

-Te quiero…- no debería haber dicho aquellas palabras, seguramente lo hubiese asustado.

-Yo también te quiero Denís… salgo ahora de casa.

Cerré la maleta y la bajé a trompicones por la escalera. La dejé al lado de la puerta y me dirigí al baño.

Mojé mi cara con agua muy fría, y como los ojos seguían estando muy rojos me puse las gafas de sol.

Timbraron a la puerta, corrí hacia la entrada y en un segundo ya había abierto.

Cogí la maleta en brazos mientras Robert me miraba con cara de confusión.

-¿Eso todo es para hoy?

-No, me voy… no se donde me quedaré pero me voy.

-Vamos a hacer una cosa, hoy te quedas conmigo. Dejas aquí la maleta, lo piensas y si mañana todavía sigues con la misma idea, vienes por ella y te quedas conmigo el tiempo que haga falta.

-Vale…- estaba observándolo como una tonta. No acababa de creer la suerte que tenía.

-Y ahora chicas… ¡Vámonos de compras!

-¿Como?-dijo Beca con sorpresa.

-Claro, creo que ya es hora de que vaya conociendo mejor a mi cuñadita.

Beca sonrió. Me abracé a Robert y juntos esperamos hasta que mi hermana volvió con su chaqueta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario