martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 2

James, no me pegaba aquel nombre para él, supongo que los nombres no tienen nada que ver con los rasgos, pues cuando los padres deciden el que van a poner las facciones no se parecen lo más mínimo a lo que se convertirán con el paso de los años, pero yo, solía jugar a adivinar el nombre de las personas, y sabía que en el caso de James nunca lo habría acertado.
Bebí un pequeño sorbo de café, mientras estrujaba el cerebro en busca de algo que decir. Me sentí un poco extraña al poner tanto empeño en hablar con aquel completo desconocido, no suelo hablar con gente que no conozco, pero a decir verdad hasta hace poco nunca encontraba a nadie que no conociese. Quizá mi gran empeño, no se debiese a otra cosa que a mi necesidad de hacer amigos y de poder hablar con alguien de mi edad, pues sin quererlo, había sido privada de todo este tipo de aspectos de la vida cotidiana.
-Y bien, como te llamas tu?
Salí de mi nube particular al escuchar su voz. Era una voz extraordinaria, tenía un toque sexy a la vez que desenfadado, era el tipo de voz que saldría en un anuncio de televisión o que pertenecería a un actor de cine.
James, se me hacía realmente raro referirme a él de esta manera, seguía mirándome, supongo que esperando oír de mis labios una contestación a lo que me había dicho.
-Perdona, no se lo que me preguntaste, no lo oí-dije disimulando, ya que si lo había oído pero mi cerebro obnubilado no había distinguido las palabras que pronunciaba aquella hipnótica voz. Si yo hubiese estado en su lugar habría pensado que la idiota que estaba delante me estaba tomando el pelo.
Su reacción fue todo lo contrario, movió la cabeza de lado a lado mientras sonreía, y pronuncio las palabras lentamente como si el destinatario de las mismas fuese alguien que no entendiese el idioma.
-Co-mo-te-lla-mas-tu?
Solté una pequeña carcajada mientras observaba su expresión divertida.
-De-nís, le contesté imitando el tono de su pregunta.

Me sonrió mientras me preguntaba por mi edad. Lo pensé durante un rato, no porque pensara mentirle si no más bien por el hecho de que no sabía si el me creería, y ya estaba siendo todo un tanto extraño como para que además creyese que le mentía.

-Cuan-tos a-ños... le di un golpe en un brazo y no le dejé acabar la frase.

Pero que se me había pasado por la cabeza? Q hacía tratando a un desconocido como si de un amigo de toda la vida se tratase... mi radar masculino había estado apagado mucho tiempo, y ahora que se volvía a encender me las estaba haciendo pagar muy caro por el tiempo de invernación.

Lo miré tímidamente, pensando que quizá ya no siguiese en la posición que ocupaba anteriormente ya que había echado a correr al percatarse de que yo era una psicópata. Sin embargo allí estaba frotándose el brazo mientras fingía una mueca de dolor.

-Lo siento, no quería hacerte daño, pero es que hoy comí espinacas...-no podía ser verdad, no podía acabar de decir aquella estupidez, si Dios existe me estaba dando demasiadas oportunidades como para meter la pata y que pareciese que lo que había dicho era lo más normal del mundo. Supe que aquella era la gota que colmaba el vaso, así que me aclaré la voz y me despedí de aquel monumento que no volvería a ver.

-Bueno, acaba de parar de llover, así que me voy antes de que vuelva a empezar que tengo muchas cosas que hacer. Que tengas un buen día.
Me dirigí hacia la puerta y la abrí.

-MAÑANA TE VEO! MISMO SITIO, MISMA HORA! Reconocí la voz de James pero no me giré, mientras salía a la calle en mi rostro se dibujo una amplia sonrisa.

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