martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 18

Lo observé con expresión divertida mientras ponía los pies en el marco de la ventana. En ese momento tuve que agarrarle la mano con más fuerza porque estuvo a punto de caerse.

-Soy torpe ¿vale?- exclamó viendo mi cara de diversión.

-A mí no me mires, yo no dije nada…

-Pero se lo que estabas pensando… en ocasiones resulta muy fácil saber lo que pasa por tu mente.

-¿Y se puede saber que pienso en este momento?-pobre Robert, tanto interpretar a un personaje ya le hacía confundir la realidad con la ficción.

-Pues ahora mismo…-me observó mientras contemplaba mis rasgos con una falsa concentración- estás pensando en lo arrebatadoramente guapo y sexy que es tu novio.

Mis ojos se abrieron como platos, mi mandíbula se desencajo, y mi cerebro comenzó a funcionar a una velocidad vertiginosa. Novio, Robert había dicho que era mi novio. Hasta aquel entonces, nunca nos había puesto etiquetas, y aunque estaba claro que éramos algo más que amigos, pero yo nunca habría dicho q éramos novios de no ser porque él acababa de hacerlo.

-¿Me echaste de menos estos días?

Corrí haciaéel y lo abracé, coloqué mis manos a ambos lados de su cara y comencé a besarlo con desesperación.

-Creo que voy a tener que faltar más a menudo, este énfasis de reencuentro merece la pena.

-No me dio tiempo a echarte de menos, mi hermana no me dejo un segundo libre para acordarme de ti- mi reacción exagerada, no tenía que ver con que lo hubiese echado de menos, si no más bien a que había dicho que yo era su novia, y en aquel momento era mucho más de lo que podía pedir.

Seguimos besándonos durante varios minutos, cuando mis labios entraban en contacto con los suyos, todo alrededor se detenía, el tiempo se congelaba y solo importaba nuestro momento.

Patti comenzó a ladrar, y mi madre que ya estaba harta, subió las escaleras a toda velocidad.

-Robert ¡tienes que esconderte!

-¿Dónde?

-Para ser actor, no conoces demasiado bien los clichés del cine… ¡Debajo de la cama!

Mi madre entró en la habitación con cara de muy mal humor, los animales le gustaban, siempre que fuese en la casa de los demás.

-Denís me dijiste que ese chucho se iría hoy de aquí.

-Y se va a ir hoy…

-¡Llama a su dueña ya! Tengo dolor de cabeza por culpa de ese bicho.

Salió de la habitación a toda velocidad, convencida de que yo llamaría a “la dueña” del animal.

-Me siento como si tuviera quince años, escondiéndome debajo de las camas…

-Mentalmente estoy convencida de q te pusiste de más…

-A las mujeres os extrañará que odiemos a las suegras…

-¿Estás diciendo que odias a mi madre?

-No la odio, pero se lo merece por meterse con Patti -mientras decía esto, ponía morritos y voz de niño pequeño, me acerqué a él y le di un beso en la nariz.

-Ahora me tengo que ir, por la tarde si te apetece podrías venir a mi casa, así ya me llevas a Patti, que creo que lo de bajar con ella por la ventana como que no, y así también te doy el regalo que te trage.

-No tenías que traerme nada…

-No lo hice porque tubiese, lo hice porque quise.

-¿A que hora?

-Cuando quieras, cuanto antes mejor.




Fui paseando lentamente, con Patti caminando a mi lado. Hacía un día muy caluroso, me había puesto una camiseta de manga corta debido a que el sol brillaba fuertemente en el cielo. Llevaba también unos vaqueros y como calzado unas converse.

Estaba delante del portal de Robert dispuesta a timbrar, cuando un cámara y una reportera que hasta aquel entonces habían pasado desapercibidos se acercaron a mí a paso acelerado.

-Hola buenas tardes. ¿Cómo te llamas? ¿Cómo se siente una al estar con el hombre más deseado del momento? ¿Vais enserio? ¿Cómo haréis cuando él tenga que rodar?-aquella mujer hizo aproximadamente unas 1000 preguntas en menos de dos minutos. Me quedé de piedra, sonreí y no supe que responder.
Noté como alguien agarraba mi cintura y me giré para comprobar de quien se trataba. Allí estaba Robert con su impecable sonrisa.

-Tranquila… yo me ocuparé de todo-susurró a mi oído.

-Disculpen, esta es Denís, es mi novia y agradecería que no la molestasen. El personaje público soy yo y creo que ella tiene todo el derecho del mundo a permanecer en el anonimato.- No dio tiempo a escuchar la réplica de los periodistas, Robert me había agarrado de la mano hasta deslizarme al interior de la casa.

Se acercó lentamente a mí, con sus ojos clavados en los míos. Me arrinconó contra la puerta de la entrada y colocó sus brazos en la puerta, a ambos lados de mi cuerpo. Encajó sus labios en los míos, lentamente, poco a poco fuimos acelerando el ritmo de nuestros besos, buscando en la boca del otro el aire que nos hacía falta para seguir viviendo.

Me agarró de la mano y me dirigió al salón.

-Vamos, toma asiento-dijo señalando el sofá- tengo que decirte que lo que vas a ver a continuación, me da mucha vergüenza, no la he visto con nadie con el que no fuera laboralmente necesario.
Pulsó el botón del mando y la película comenzó. Podía ver por el rabillo del ojo como Robert no contemplaba la televisión, solo me miraba a mí expectante ante mis reacciones. Yo, por mi parte, tenía bastante que hacer para que no se notara que ya había visto la película.

Coloqué las piernas sobre su regazo y junté mi cara con la suya. Agarré sus manos entre las mías fuertemente y me dediqué a darle besos en la mejilla.

-Y así el león se enamoró de la oveja, que oveja tan estúpida, que león tan morboso y masoquista.- aquella era mi frase favorita de la película, lo había dicho inconscientemente pero Robert ahora me miraba con los ojos como platos y la boca entreabierta.

-¡Eres una mentirosa! ¡Ya la habías visto!

-Si…

-¿Y porque no me lo dijiste? ¿Es muy divertido ver como me muero de vergüenza?-dijo medio gritando.

-Porque estabas tan mono con esa cara de preocupación atento por si me gustaba o no, que no quería estropearlo.- intenté forzar la voz para que en ella se oyese una disculpa.

-Ven sígueme.- Me agarró de la mano, y me llevó hasta una puerta, la abrió y pude ver un pequeño jardín que correspondía con la parte de atrás de la casa. Cogió una manta de un pequeño cobertizo y la extendió en el suelo.

-Voy a por tu regalo. Ahora vuelvo.

Me tumbé en la manta, mirando al cielo, jugando a adivinar formas en las nubes. Hacía mucho que no hacía esto, pero estos días el cielo estaba más claro que de costumbre.

Robert llegó con dos paquetes, uno de un tamaño desproporcionado, y otro más pequeño.

-Son tonterías… pero cada una tiene su significado.

-¡Dámelo!- arranqué de sus manos el paquete de tamaño normal y comencé a palparlo intentando adivinar que era. Al abrirlo me encontré con una camiseta cuyas letras decían: I love my boyfriend.
-Es para que la prensa sepa que me quieres… no me importa lo que digas tú, me importa lo que digan de ti…- se rió y se acercó para besarme la cara de forma lenta.

-Toma el segundo-este paquete, era casi tan grande como yo, al abrirlo, me encontré con un oso enorme de peluche, que debía medir por lo menos un metro. Era marrón, y muy suave.

-¿Qué significado tiene este?

-Este es para que te haga compañía, para que duermas con él y pienses que estas durmiendo conmigo cuando yo no esté a tu lado.

-¡Gracias!- Me acerqué a él para besarlo pero me detuvo posicionando sus manos en mis hombros.

-Todavía falta uno. Sacó de su pantalón una pequeña cajita cuadrada y me la entregó. La abrí y deslicé entre mis dedos su contenido. Era una cadena de plata, con un colgante rojo en forma de lágrima.

-No sabía como representar mejor el amor. El rojo, representa la pasión, lo material y corpóreo entre dos personas. La lágrima, es más un significado de los lazos reales que unen a esas dos personas, estando entre esos lazos el del sufrimiento y alegría que las lagrimas representan.

-Coloqué el colgante en la palma de mi mano y lo miré fijamente.

-Mientras lo lleves puesto, sabré que quieres estar conmigo, si algún día te lo quitas, no tendrás que decirme nada más para saber que las cosas han terminado.

-¿Y si lo pierdo?

-¿Tan poco importante soy?

-No me lo voy a sacar nunca…-Robert me miró y me sonrió.

El sol, había desaparecido, no fue necesario que dijese nada al respecto, porque antes de articular palabra había colocado su chaqueta por encima de mis hombros.

-Robert, ponme el collar.

Apartó delicadamente mi pelo y acarició con sus dedos mi cuello. Agarré mi cabello entre las manos haciendo una falsa coleta mientras el cerraba el enganche.

- Voy a sacarnos unas fotos.

-¡Robert, no! Estoy horrible, llevo tu chaqueta

-No digas tonterías, estás muy sexy.

Me ruboricé y comencé a hacerle cosquillas. Robert se levantó y fue a por otra manda. Los dos nos acostamos, nos tapamos con la tela y nos abrazamos, más por necesidad del cuerpo ajeno, que para salvaguardarnos del frío.
Robert comenzó a cantar una canción, susurrándola junto a mi oído, tan cerca que me hacía cosquillas con sus labios. Poco a poco, mis ojos se fueron cerrando, y me quedé dormida con el único sonido de fondo que quería oír en aquel momento, su voz.

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