martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 14

-No puede ser verdad…

Dejé de observar la calle a través de la ventana y me giré para contemplar a mi hermana.

-No puede ser verdad…

-¿piensas decirme que es lo que no puede ser verdad?

-Es imposible que pueda ser más guapo de lo que es en las fotos. Por favor dile a tu “amigo” que haga el favor de no volver o creo q voy a tener problemas de salud muy serios.

-Si que es guapo…- mi hermana y yo empezamos a reírnos, en parte por su reacción y en parte por mi falta de palabras.

Robert era guapo, claro que era guapo, millones de personas se habían dado cuenta de ello, pero que de entre todas ellas, él decidiera cenar conmigo era algo inexplicable.

-Toma, échale una ojeada a esta revista, hacen un estudio de tus modelos de la última semana- me agarré a la silla, aquello no podía ser verdad.

-¿QUE?- dije medio gritando.

-Tranquila, tu look les gusta, vas sencilla y mona al mismo tiempo, y cito palabras textuales…

-Vaya…

-No vaya no… a ti siguen llamándote la bella desconocida, y yo sólo soy “su acompañante”, ¡estoy realmente indignada!

-¿Que?

-Pues eso, lo que oyes, voy a ser la cuñada de Robert Pattinson y me tratan como si no fuese nadie…

Cambió su rostro de indignación en una amplia sonrisa y las dos comenzamos a reírnos en voz alta.

-Tengo un problema, no sé que me voy a poner, me invitó a cenar esta noche… y no se que debería…

-Deberías llamarlo, eso es lo que deberías hacer, no te vas a poner la misma ropa para ir a un restaurante supercaro que para ir de picnic.

-Tienes razón…


Mi hermana siempre lo pensaba todo, yo solía ser así, pero por alguna extraña razón el hueco que ocupaba la lógica en mi cerebro se había quedado vacío.

-¡Hola! ¿No podías esperar hasta las 9?- dijo con voz alegre mientras se reía.

-¿Que se supone que me tengo que poner? ¿A donde vamos a cenar?

-No te voy a decir a donde vamos, pero no quiero que te arregles demasiado, no voy a ir en traje ni mucho menos… así que no me gustaría desentonar a tu lado, además no quiero que pierdas tu título de “sencilla pero mona”.

-Eres idiota.

-Anótalo en mi lista de defectos.

-¿Sabes que tanta sorpresita me pone muy nerviosa?

-Que es la vida sin un poco de emoción? ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión; una sombra…

-¿Has estado bebiendo?

-A veces me ofendes… pero si quieres puedes anotarlo en mis defectos…

-¡Anotado queda! Un beso que me voy a arreglar.

-¿Ya?

Fue lo último que escuché al colgar el teléfono mientras miraba para mi hermana que me observaba pacientemente.

-En resumen no sé nada, él no va a ir arreglado… o eso dijo…

Entre todos los posibles modelos del armario, fijé mi vista en los vestidos, tenía que ir ala vez simple y mona, tal y como me había descrito en la revista. Por ello elegí el vestido que tanto me ponía, el blanco y negro. Era inagotablemente mi recurso cuando quería sentirme especial. Solía jugar con los botones del cuello como si fuera una niña y metía las manos en los bolsillos cuando me ponía nerviosa

-vale, me gusta…ahora sólo te faltan las medias negras y las bailarinas…

-¿bailarinas?

-si bailarinas.. si quiere que vayas sencilla irás sencilla.

Mi hermana me agarró de la mano y me empujó hacia el baño. Me hizo sentarme en la tapa del retrete mientras sacaba la laca y los peines.

-Bien, creo que vas a tener que acabar pagándome por ser tu estilista y peluquera personal.

-Algún día…

-Si algún día me conformaré con que me presentes a un famoso atractivo, pero por ahora con que me cuentes de que hablasteis me doy por satisfecha. Quiero saberlo todo, palabra por palabra.

Me daba mucha vergüenza compartir aquel momento, pero no me podía negar, mi hermana estaba poniendo demasiado de su parte para que las cosas salieran bien.

-Me dijo que lo sentía, que sólo quería sentirse normal, y que quería conocer cada uno de mis defectos para enamorarse de ellos…

-¿Dijo esa cursilada? Creo que si sus fans lo supiesen cambiaran su manera de verlo-dijo mientras se reía.

Cuando me di cuenta, Beca me había cardado parte del pelo y me había hecho un tupé con el flequillo. Con el resto del pelo había hecho una coleta muy alta con la que me sentía extrañamente rara.

-Estás perfecta.

-¿Tu crees?

-¿Por una vez podrías dejar de dudar de mí?

-Si… supongo…


El timbre sonó, corrí rápidamente a la habitación, me eché perfume y me puse la cazadora de cuero.

Bajé las escaleras y al abrir la puerta, no me dio tiempo a nada, cuando me di cuenta tenía los ojos vendados.

-¿A donde vamos?

-Para que preguntas, si sabes que no te lo voy a decir.

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