martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 11

Hacía justamente una semana desde que había salido en aquella revista, una semana en la que lo único que había hecho había sido dormir y comer.
El ritual era sencillo, me acostaba, dormía y al despertarme sobresaltada por una pesadilla bajaba a la cocina y comía todo lo que encontraba en los muebles y la nevera.

Las pesadillas, eran de lo más extrañas, tanto soñaba que Robert formaba parte de un programa de la televisión y su cometido era engatusarme para ponerme en las situaciones más ridículas que la audiencia demandase, como soñaba con fans histéricas que intentaban por todos los medios herirme.

La puerta de la habitación se abrió, mi hermana entró y se dirigió a la ventana, levantando la persiana y dejándome completamente ciega. Cuando comencé a aullar por el dolor que me provocaba la luz solar, Beca se dirigió a mí para abrazarme.

-Denís, ¿se puede saber cuanto tiempo hace que no te duchas? No lo sé a ciencia cierta pero creo que darte un abrazo en este momento no se distinguiría mucho a lo que sería dárselo a un homínido prehistórico.

-Pues si las cuentas no me fallan.. diría que 6 días- dije de forma casual mientras contaba con los dedos los días que habían pasado.

-Metete en la ducha ahora mismo! Lo quieras o no te prometo que hoy vas a salir a la calle, por las buenas o por las malas, así que agradecería que no me obligaras a usar la fuerza.

-Está bien... - mi vida volvería al punto de partida, chica llega a una ciudad, no conoce a nadie y tiene que adaptarse, los acontecimientos de la semana pasada serían totalmente borrados, mi mente se formatearía como si aquello nunca hubiese pasado. Encendí el móvil y lo dejé en la mesilla mientras me dirigía a la bañera.

Creo que hasta esos días, nunca había entendido la importancia que mi hermana tenía para mí, no necesitaba un montón de amigas, teniendo a mi lado una tan buena como ella.
Abrí el grifo, y el agua helada comenzó a caer por encima de mí, incidiendo primero sobre mi cabello hasta congelar cada poro de mi piel. Grité y grité de dolor, pero no quería modificar la temperatura, aquello me recordaba que seguía viva, que todo el dolor que sentía no era el fin del mundo, ya que si lo deseaba el dolor podía ser mayor.

Me dirigí al armario y me puse unos vaqueros, una camiseta blanca y fucsia, combinada con unas nike altas que me había regalado mi madre el día que habíamos llegado, intentando con ello que mi pena fuese menor. No sé por que elegí eso, pero creo que los colores eran tan vivos que era una manera de demostrarme a mí misma el optimismo que comenzaba a albergar.

-Denís, toma, creo que deberías ponértelas- dijo mi hermana entregándome sus wayfarer blancas.

-Por que?- las cogí sin fijarme mucho en ellas y me las puse.

-Por varias razones, llevas encerrada una semana sin salir, creo que la luz del sol te afectaría más que a un vampiro...-comenzó a reírse

-¿te parece que tiene gracia?- le pregunte mientras la observaba con cierta expresión de rencor.

-Vale entendido, a partir de ahora queda vetada la palabra vampiro, no podré hablar de James Bond ni de Robert Deniro...- dijo levantando una ceja mientras seguía contemplándome con expresión divertida.

-¿cuales son las otras razones?-pregunté pasando por alto su comentario.

-pues que te vendrá bien pasar desapercibida... ahora eres la enemiga pública número uno de las adolescentes de medio mundo... y además te quedan muy bien.

-Enemiga pública.. vaya- mi voz sonó más asustada de lo que me gustaría, pero no me dio tiempo a preguntar nada más porque cuando me di cuenta mi hermana me había agarrado del brazo y ahora nos encontrábamos en la calle.

-Toma te cogí el móvil... deberías mirarlo...


No había nada, excepto dos mensajes. Abrí el primero y comprobé que se trataba de llamadas perdidas, 52 para ser exactos, Robert me había llamado 52 veces, mis piernas flaquearon y creo que me habría caído al suelo si mi hermana no me hubiese llevado de ganchete.
Abrí el otro mensaje, dispuesta a encontrarme con una despedida, ya que se había cansado de que mi móvil permaneciese apagado. Sin embargo lo que leí fue muy diferente.

“Tu móvil está apagado, y no pienso hacer esto por mensaje, necesito explicarte las cosas cara a cara.”

Cerré el móvil y lo guardé en el bolso. Estuve a punto de llamarlo, pero sí la única manera de que me tomase enserio era ponerle las cosas difíciles así sería.


Pasamos una buena tarde, recorrimos todas y cada una de las tiendas que encontramos, compramos un montón de cosas, mitad de ellas serían devueltas, y la otra media ocuparían sitio en los armarios y en las estanterías. Para acabar fuimos a comer una hamburguesa.

-Sé que no quieres hablar del tema…-dijo mi hermana una vez que el camarero nos había servido.

-A decir verdad de momento no estoy preparada, tengo miedo a que si pronuncio su nombre mis ojos actúen por si solos hasta quedarse secos. Sé que no es normal, porque no lo conozco de nada, pero yo no viví estos desengaños a los 15, ni a los 16 , es ahora cuando me toca vivir los problemas del “primer amor”- dije a modo de explicación.

-Lo comprendo, pero prométeme que algún día me lo contarás.

-Te lo prometo.

-Sé que no es el momento más adecuado para decir esto, pero te acaban de sacar una foto.

-Espero salir favorecida...- era lo único que podía decir ante aquella extraña situación.

-Y ahora volvamos a casa, tengo preparada la perfecta terapia de choque.

No quise hacer preguntas, así que cuando pagamos nos dirigimos hacia casa en silencio.

-Beca, no se como te agradeceré todo esto...

-Fácil, cuando os reconciliéis le pides que me firme una foto, y yo tan feliz- ver aquella sonrisa de Beca hacia imposible que yo no sonriese también.

-Me parece justo.

Entramos en casa y mi madre vino corriendo hasta la puerta de entrada, con una rosa en las manos que me entregó.

Leí la nota que la acompañaba, observando fijamente cada una de las palabras.

“Uno, es el corazón que vaga perdido en busca del puerto” no acabé de comprender que quería transmitir con aquello, sin embargo sonreí y me guardé la nota en el bolsillo.

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