martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 10

Suspiré lentamente y sonreí, me quedé un rato en la cama rememorando la noche anterior, la noche que toda mujer debería tener por lo menos una vez en la vida. Mi subconsciente no se había permitido soñar, ningún sueño era superior a la realidad.
Levanté la almohada sacando la nota que la noche anterior me había sido otorgada, contemplé una y otra vez aquellas perfectas palabras, “Para mi Julieta, enseñame a olvidarme de pensar”, y sin darme cuenta besé aquel pequeño trozo de papel tan lleno de significado.

-DENÍS! DENÍS DENÍS!- oí a mi hermana gritando desde el piso inferior y el crujido de la madera cuando subió a toda velocidad las escaleras. Abrió la puerta de la habitación con toda la fuerza con la que fue capaz y se aproximó a mi cama hasta que me agarró por los brazos y comenzó a avanearme.

-¿Se puede saber qué demonios te pasa? ¿viste a algún fantasma o que?- allí seguía clavada, con los ojos como platos con la vista fija en mí.

-¿ Por qué no me lo dijiste? Creí que sabías que podías confiar en mí...- dijo ahora con cierta tristeza en la voz, tristeza incomprensible ya que no sabía a que se refería.

-¿Por qué no te dije que? Beca enserio... ¿que te pasa?-La agarré de las manos y la senté a mi lado.

-¿Qué que me pasa? ¿Por qué me mentiste y me dijiste que ibas con un tal James a la fiesta? ¿Por qué me mentiste y no me dijiste que se trataba de Robert Pattinson? ¿Por qué no me contaste simplemente la verdad?- James... Robert... pero que estaba diciendo?

-¿Me puedes explicar de que hablas? ¿Quién es el tal Robert Pattinson y que tiene que ver con James?- No me dio tiempo a preguntar nada más, mi hermana dejó delante de mí una revista abierta. En ella, James salía en una foto con la chica rubia, y en otra conmigo, alguien había robado nuestra intimidad, nuestro momento mágico había sido prostituido por quién sabe cuanto dinero.
Seguí contemplando fijamente la hoja, sin dar crédito a lo que mis ojos leían.

La heredera Paris Hilton, fue vista en la madrugada de ayer con el actor Robert Pattinson en un local exclusivo de Londres, sin embargo lo sentimos Paris! La única que probó anoche los labios del joven vampiro, fue una bella desconocida, habrá encontrado Robert a su Julieta? Chicas sacad las armas.


No sabía que era peor, si salir en una revista o que el titular fuese tan penoso, ni el detalle de que me hubieran tratado como la bella desconocida me animó en ese momento.

Cogí la nota que antes había contemplado y marqué el número en el móvil, debía llamar, no sabría como reaccionaría cuando escuchase su voz, pero teníamos cosas que aclarar.


Un pitido, nada... dos, tampoco... estaba comenzando a desesperarme.

-Hola!- escuché aquella voz y sin poder evitarlo suspiré.
-Hola...
-¿que tal Julieta? ¿dormiste bien?- no sé que fue lo que me molestó de aquellas palabras, pero todo lo que hasta el momento no había asimilado, cada una de las palabras ocultas en mi interior salieron en aquel momento de mi boca, sin manera alguna de contenerlas por más tiempo.

-¿que tal si nos dejamos de nombres en clave, te parece “Robert”?-dije su nombre con el mayor odio con el que fui capaz.

-eh.. veo que ya te has enterado...

-pues si ya me he enterado.. ¿a que esperabas a decírmelo? Pensaste que era tan estúpida que nunca me enteraría.. claro..- estaba totalmente enfadada, no podía dejar de gruñir y gritar mientras caminaba de un lado al otro de la habitación.

-Denís, por favor, dejame explicarte...

-¿Explicarme que? ¿Que me estabas poniendo a prueba para ver si era una cazafortunas? ¿Que esperarías a decírmelo cuando fuesemos enserio...no claro.. que tontería.. como íbamos a ir enserio en algún momento!?¡Vale que pasé mucho tiempo fuera, pero lo que menos quiero en este momento es que nadie me tome por estúpida, así que James, Robert o como te llames, que te vaya muy bien, que ganes muchos premios y adiós!- sin darle tiempo a contestar le di al botón de colgar y me quedé varios minutos observando la pantalla.



Volví a leer la noticia, una y otra vez, hasta que las lágrimas, comenzaron a brotas de mis ojos, emborronando la tinta de aquellas páginas.

Mé levante, cogí las alas del disfraz, y las contemplé fijamente.

Me senté en el suelo, al lado de la pared y sin persarlo un segundo, apliqué toda mi fuerza y partí las alitas por la mitad.

Ahora yacían en el suelo, rotas, tan rotas como se sentía mi interior.

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