martes, 26 de mayo de 2009

Capítulo 36

Abrí los ojos lentamente cuando percibí la luz que entraba por la ventana. Me giré y observé los ojos de Ed que me miraban fijamente.

-Ed... mátame...

-Tienes una extraña manera de despertar-dijo riéndose- dame una buena razón y me lo pienso...

-La muerte no podría ser peor que este dolor de cabeza...

-Oh... las sábanas están recién cambiadas y no me apetece mancharme las manos... así que descarto la idea. Si lo prefieres tienes en la mesilla un vaso de agua y una aspirina...

-Ed...-no me podía creer que estuviera en todo, en cada problema que yo tenía, él ya iba un paso por delante.

-Supuse que te haría falta...-dijo restándose importancia.

-Gracias...- había demasiadas cosas que tenía que agradecerle. Él siempre hacía todo sin esperar nada a cambio- ¿por que haces esto?- no me resistí y tuve que preguntar.

-Pues porque llevo soportadas muchas resacas y no habría estado mal que alguien me hubiese dado una aspirina...- respondió sin comprender.

-No me refiero a eso... me refiero a todo. Desde un primer momento siempre te has portado bien conmigo, sin conocerme, sin saber si lo merecía o no...

-Si que lo mereces. Puede que no te conociera pero cuando te vi en aquella fiesta disfrazada no necesité más de dos segundos para darme cuenta que de todas las personas que había allí, eras la única que merecía la pena...

-Bueno espero no haberte decepcionado... de todos modos sigo creyendo que te robo demasiado tiempo.

-Prefiero pensar que te lo regalo...- dijo mientras se reía- y ahora tómate eso.

Me incorporé en la cama y sentí un leve mareo. Cogí el vaso y observé fijamente como la aspirina se deshacía en su interior.

-¿Por lo menos merece la pena el dolor de cabeza?- preguntó sonriendo.

-Bueno... se que ayer lo pasé muy bien... pero no me acuerdo de nada. Tengo algún recuerdo pero lo descarto por surrealista.

-¿Como cual?- dijo mientras se reía.

-¿Hiciste un streptease en una tarima?-al escucharme me di cuenta de lo ridículo que sonaba.

-Bueno... eso pasó...-dijo mientras se sonrojaba- ¿recuerdas algo más?

-Antes de eso... creo que todo. Posterior a eso nada, absolutamente nada.

-Comprendo...-dijo seriamente.

-¿Debería recordar algo?-pregunté ahora intrigada. No me gustaba no acordarme de la mitad de lo sucedido la noche anterior.

-No, no hay nada que destacar.

Cogí el vaso y bebí el contenido de un solo sorbo. Deseaba que aquel dolor penetrante se esfumase cuanto antes.

-Vuelvo ahora...

Lo observé salir de la habitación mientras me tapaba la cabeza con las mantas para no ver la luz que entraba. En ese momento sentí como algo tocaba mi pierna desde el exterior del nórdico así que me destapé para volver a ver.

-Ten... es para ti...-dijo mostrándome un paquete envuelto.


-Ed...no...-lo miré fijamente buscando las palabras adecuadas. Él ya había hecho más de lo que debía por mi.-Ed... no puedo aceptarlo...

-Ni siquiera sabes lo que es...- dijo riéndose.

-Me da igual... ya has hecho demasiado por mi.

-Si no quieres que me enfade... ábrelo. Es solo una tontería.

Cogí el regalo entre mis manos y lo abrí. Era una caja de madera tallada muy bonita. Al abrirla, comenzó a sonar una melodía y una bailarina comenzó a dar vueltas sobre si misma.

-Me encanta...-era realmente muy bonita.

-Ciérrala-le hice caso y la cerré- ahora ábrela.

-¿Estás tomándome el pelo?

-Ábrela... ¿que pasa?

-Pues que la música vuelve a sonar y la bailarina sigue bailando.-dije entre afirmación y pregunta.

-Exacto. Puedes cerrar la caja, sin embargo si decides volver a abrirla la música seguirá sonando y la bailarina no tendrá más remedio que bailar. ¿Comprendes lo que quiero decir?

-Creo que si... aunque me niegue a enfrentar la realidad y cierre la caja... la vida sigue, la bailarina, en este caso yo, tiene que seguir bailando, es decir, viviendo.... ¿algo así?

-No lo habría explicado mejor.

-Bueno... creo que es hora de que vuelva a casa.- mi madre debía estar realmente enfadada por que no hubiese aparecido la noche anterior.

-Te acompaño.

-No, no es necesario... gracias por todo de verdad. ¿Te veo a la tarde?-esperaba que contestara que sí, cada día lo necesitaba más.

-¿Te apetece ir al cine?

-En mi casa a las cinco.-le di un beso en la mejilla y bajé las escaleras rápidamente intentando llegar lo más pronto posible a casa.

Caminé a toda velocidad por la calle para llegar lo antes posible. Una vez delante de la puerta entré sigilosamente y me dirigí al salón en el que se encontraba mi hermana.

-Hola Beca...-le di un beso- ¿mamá está muy enfadada?

-No... ¿por que iba a estarlo?-preguntó confusa.

-Bueno ya sabes... porque no vine ayer a dormir.

-Pero si Ed me llamó para decirme que inventase una excusa. Deberíais trabajar la comunicación de pareja.

-¿Que excusa te inventaste?

-Que íbamos a dormir a casa de Sara. Así que yo dormí con Daniel y tu con Ed. Mamá no se preocupa y todos contentos.-dijo sonriendo.

-¿Comunicación de pareja?

-Si...-sonrió de forma inocente.

-Sabes perfectamente que Ed y yo...

-Si... se perfectamente lo que sois-dijo resignada- y también se lo que deberíais ser...-dijo ahora emocionada.

-Beca...

-Beca nada. Te apoyé con Robert. Él me cae bien enserio, o bueno me caía bien hasta que se portó como un imbécil. Ha llegado el momento de superarlo y no se me ocurre nadie mejor que Ed para hacerlo.

-Dormiste con Daniel... ¡cuéntamelo todo!- dije pasando por alto su comentario.

-Por favor... respeta mi intimidad- dijo intentando sonar ofendida.

Me senté a su lado y comencé a hacerle cosquillas.

-¿Que quieres saber?-preguntó ahora ilusionada.

-¡Todo! ¡Quiero saberlo todo! Como es, donde os conocisteis, cuánto lleváis juntos... si paso algo...

-Pues es...Daniel, no se, no sabría describirlo. Nos conocimos un día en casa de Sara... le pidió mi número y empezamos a quedar, de eso hará dos meses más o menos. Y respecto a tu algo... no de momento no pasó. ¿Contenta?

-¡Contentísima!

-y tu... ¿como estás?-preguntó ahora poniéndose seria.

-Estoy bien, tanto Ed como tu... sois demasiado protectores conmigo. Cada día me resulta más fácil seguir adelante.

-¿Tiene Ed algo que ver?-preguntó con sonrisa pícara.

-Tiene mucho que ver... Bueno voy a hacer la comida y a arreglarme. Por la tarde voy al cine ¿quieres venir?

-Que va... me toca tarde de compras con Sara... moriré en el intento...

Pasé el resto de la mañana leyendo. Cociné y tras comer con mi hermana me arreglé.

A las cinco en punto el timbre sonó. Abrí la puerta y al ver a Ed, sonreí y le di un abrazo.

-¡Que cariñosa! Si es por la aspirina me comprometo a traerte una cada día si por ello me vas a recibir así- sonrió.

-Hoy estoy contenta. ¡Vamos! -estaba feliz, en realidad estaba muy feliz. Como le había dicho a mi hermana cada día resultaba más fácil que el anterior.

-En estos dos meses creo que ya se muchas cosas de ti... pero aún tengo alguna que otra duda...

-Intentaré aclarártelas...-sonreí.

-¿Rose es tu segundo nombre o es un apellido?

-Apellido...

-Tienes dos apellidos...-dijo confuso.

-¿Que pasa? Nací en España. Es más viví hasta los ocho años allí.

-Comprendo. ¿que vas a hacer con tu vida?

-Sacarle el mayor provecho... no ahora enserio ¿a que te refieres?

-Estudiar, trabajar...

-Ah... bueno digamos que llegamos a medio curso. Estudiar este año ya era difícil así que intenté ponerme a trabajar. Mi madre se negó y me dijo que me tomase un año sabático y bueno... eso estoy haciendo.

-¿Tienes idea de que película vamos a ver?

-Ed por favor... y la gracia de escoger la película en el último minuto ¿para quien la dejas?

-Vale, vale...-dijo riéndose.

Llegamos al cine y observé los carteles desde lejos.

-Denís... ¿no te apetece más ir al teatro?-preguntó mientras intentaba girarme en dirección contraria.

-Se lo que pretendes hacer... ya vi el cartel...

-¿y no prefieres ir al teatro?-volvió a insistir.

-No, voy a ver Little Ashes, si voy acompañada o sola... es cosa tuya.

-Denís...

-No me estoy torturando si es lo que vas a decir. Quiero seguir bailando y esta película forma parte de mi música.

-Vale...

Compramos palomitas y entramos en la sala.

-Estamos a tiempo de irnos...

-Que no quiero irme, no seas pesado.

En el primer momento en el que Robert salió en pantalla sentí como mi estómago se encogía. No voy a decir que me resultó para nada fácil verlo besar a nadie, y más cuando se trataba de un chico. La valoración de mi reacción ante aproximadamente dos horas de terapia de choque era en todos los sentidos satisfactoria.

Salimos del cine y comenzamos a andar por la calle sin cruzar palabra.

-¿No vas a decir nada?-pregunté mirando a Ed con una sonrisa.

-Me da miedo cualquier cosa que pueda decir... de todos modos esta no es la reacción que me esperaba...

-¿Esperabas que estuviera llorando como una desconsolada?-me reí.

-Algo así..-dijo riendo. -Es algo tarde pero si te apetece te invito a cenar.

-Prefiero dejarlo para mañana. Hoy no dormí demasiado bien y estoy muy cansada.

-Para mañana tengo pensado otro plan-dijo sonriendo-pero creo que también tendremos tiempo a cenar.

Me despedí de él en la puerta y entré en casa. Me dirigí al salón y lo vi allí sentado con sus ojos azules clavados en los míos mientras Beca me miraba con cara de confusión.

-¡Hola Denís!-se levantó para darme dos besos.

-Hola... Tom.

lunes, 18 de mayo de 2009

Capítulo 34

Abracé a Ed con fuerza mientras observaba como cerraba el grifo con su pie. El agua en ese momento nos cubría notablemente y estaba a punto de desbordar.

-Te dije que no vinieras...- dije con tristeza mirando sus ojos fijamente.

-Lo sé... pero todavía no entiendo el motivo- dijo seriamente.

-Bueno... no quería que me vieras... así- contesté avergonzada.

-¿Así como?-preguntó contrariado.

-No puedes imaginarte la pena que me doy a mi misma. No quería que vinieras a compadecerte de mí...

-Creo que mirándonos en este momento los dos resultamos igual de patéticos- dijo con una sonrisa.

-Creó que si...-dije forzando una mueca que pretendía ser una sonrisa.

-De todos modos, creo que esto de bañarse con ropa empieza a ser algo muy común entre nosotros-dijo mientras se reía.

Entrelazó mi mano entre las suyas y la observó durante varias segundos.

-Tienes la piel arrugada, creo que deberíamos salir ya.

Asentí con la cabeza al tiempo que observaba como se incorporaba. Cogió la toalla que estaba colgada en la pared más próxima, la tiró en el suelo y se colocó sobre ella.

Observé detenidamente como se quitaba la camisa mojada y clavé mi vista en su ancha espalda. Segundos más tarde,sin saber el porqué, me sentí culpable y fijé mi vista en el interior de la bañera.

-¿Dónde tienes las toallas?-me preguntó mientras movía la cabeza en todas direcciones.

-En aquel armario- respondí mientras señalaba el armario que se encontraba al lado de la puerta.

Ed se dirigió de puntillas hasta el armario, lo abrió y sacó de su interior dos toallas. Se sacudió el pelo con ella y acto seguido la anudó a su cintura.

Se acercó lentamente a mi y me dio la mano para ayudarme a ponerme de pie. Lo observé fijamente. Era una situación demasiado extraña. No sabía como comportarme, sin embargo él parecía saber que hacer justo en cada momento. Me agarró con ambas manos por la cintura y me elevó en el aire hasta que mis pies entraron en contacto con la suave toalla que reposaba en el suelo. Bajé la vista incapaz de mirar sus ojos directamente. De reojo pude ver como sonreía.

-¡Beca! ¡Beca!- comencé a gritar.

Mi hermana entró en el baño segundos después. La observé contrariada mientras ella clavaba su vista en la piel desnuda de Ed. Segundos después agitó su cabeza y me miró fijamente. No pude evitar mostrar una sonrisa mientras notaba como sus mejillas se sonrojaban.

-Dime, ¿que quieres?- preguntó de forma acelerada.

-¿Puedes traerme algo de ropa seca?-pregunté mientras señalaba mi cuerpo de arriba a abajo con una de mis manos.

-Si... claro.

Observé como mi hermana abandonaba el baño a toda velocidad.

-Mmmm... creo que vamos a tener un problema con tu ropa-dije mirando a Ed muy seriamente- aquí solo vivimos tres mujeres y no se cual de nuestras prendas te podría quedar mejor...

Antes de que contestara mi hermana entró con algo de ropa. Por un momento tuve miedo de que me trajera uno mis ridículos pijamas, sin embargo ella ya había pensado en como me sentiría y me trajo unos vaqueros y una camiseta.

Me cambié rápidamente sujetando la toalla con algún que otro esfuerzo.

-Voy a buscarte algo, aunque no creo que haya nada que puedas poner- Ed me respondió con una mueca de resignación.

Caminé hacia mi habitación. En ella había dos prendas que le quedarían perfectas. Una, era su camisa y la otra era la sudadera que tanto me había acompañado en las noches de soledad. Ambas prendas me traían demasiados recuerdos. No me sentía capacitada para dejarlas, sin embargo era lo único que tenía.

Suspiré profundamente y me dirigí al baño con las prendas en la mano.

-Esto es lo único que hay...lo siento pero no hay ningún pantalón...

-Creo que podré arreglarme con esto...-susurró.

-Te esperó en es salón- cerré la puerta y le dejé tener un momento de intimidad.

Bajé las escaleras y me senté en el sofá. Beca vino corriendo desde la cocina con un ball de palomitas y se sentó en uno de los butacones.

-¿Se puede saber que hace Ed Westwick medio desnudo en nuestro baño?- preguntó exaltada.

-No es nada de lo que estás pensando-respondí con resignación.

-¿Acaso sabes lo que estoy pensando?- bromeó.

-No, supongo que no. Por cierto, podrías haber sido más discreta.- me reí.

-Ya lo se- respondió enfadada- pero créeme si te digo que para nada esperaba encontrarme esa situación. Además se me fue la vista...-añadió por lo bajo.

Ed entró en el salón con la camisa la sudadera y la toalla enroscada sobre su cintura. Lo miré de arriba a abajo y sin poder evitarlo comencé a reírme.

-Estás muy... guapo...

-Lo se...- comenzó a reírse y se sentó a mi lado.

-Beca... ¿que estabas viendo?- pregunté ya que había detenido la imagen.

-Gossip Girl...- de nuevo volvió a ponerse colorada.

-¿está interesante?- preguntó Ed mientras se reía.

-Bueno no está mal... típicos niños ricos que no hacen más que ir a fiestas y meterse en problemas... ya sabes lo típico...

-Lo sé, lo sé...-los dos comenzaron a reírse.

Permanecimos en silencio durante un tiempo viendo la serie. Cada vez que salía en pantalla, Ed comenzaba a hacer comentarios sobre sus caras y sus gestos.

-Tu personaje es un auténtico imbécil- le espeté.

-¿que dices? Chuck es el mejor de la serie- saltó mi hermana en defensa.

-creo que tu hermana me cae cada vez mejor...

-Vamos Beca... sigue así y hasta quizá consigas una cita... o lo que es mejor un autógrafo.

-Creo que deberías cambiar tu orden de prioridades...- me susurro al oído.

-Llegados a este punto, creo que el día que conozca a alguien y no pueda verlo en la televisión, se me va a hacer raro- por mucho que pasase el tiempo nunca lograría acostumbrarme a hechos como ese.

Aquellas conversaciones estúpidas hacían que por un momento no pensase en nada más. Olvidaba toda la pena que sentía en mi interior. Mi hermana era mi mejor amiga, la persona que mejor me entendía. Ed por su parte, era simplemente cercano. Su simple presencia me hacía sonreír. Con él podía comportarme como realmente era, daba la sensación de que me conocía de toda la vida igual que yo a él.

En ese momento sonó el timbre.

-Es para mí...- Beca se levantó y salió corriendo hacia la puerta.

Cuandó abrió pude ver a Sara y a un chico muy guapo al que no conocía junto al marco de la puerta.

-¿Es Chuck Bass?- preguntó Sara con un susurro que pretendía no ser escuchado sin conseguirlo.

-Si...-contestó mi hermana mientras Sara no dejaba de mover la cabeza a un lado y a otro intentando ver mejor a Ed.

-Robert Pattinson, Chuck Bass... ¿que me encontraré mañana?- preguntó Sara llena de emoción.

-Se llama Ed, y por favor no menciones a Robert delante de mi hermana...

Suspiré profundamente. Obviamente ellos pensaban que yo no los había escuchado. Ed me miró fijamente y apretó mi mano con fuerza.

Los tres entraron hasta el salón.

-Bueno a Sara ya la conoces, y bueno él es Daniel, su primo...- observé la mano de mi hermana entrelazada entre la del chico y sonreí.

-Hola... yo soy Denís...

-Yo soy Ed... y normalmente no visto así...-dijo con una sonrisa.

-Denís... quería decírtelo pero no sabía si era el mejor momento...-dijo mi hermana al comprobar como yo no apartaba la vista de su mano.

-Beca no seas tonta... que yo esté comportándome como una amargada no quiere decir que no me vaya a alegrar por ti....- era verdad. Ver a mi hermana feliz era una de las cosas que más feliz me hacía a mi también.

Beca sonrío al igual que sus amigos y tomaron asiento junto a nosotros.

Pedimos comida japonesa y cenamos juntos mientras hablábamos un poco de todo. Por un momento sentí el impulso de interrogar a Daniel, pero finalmente me visualicé como mi madre y la idea se esfumó de mi mente.

Al principio sentí un poco de miedo por si Ed se sentía incómodo. Temor que desapareció cuando comenzó a hablar sin parar durante toda la cena. No sabía lo que pensaba en aquel momento pero se le veía realmente cómodo.



Subieron a la habitación de mi hermana y Ed y yo nos quedamos en la cocina. Ya era tarde. Una idea rondaba mi cabeza pero no sabía si desde fuera se podía ver un tanto descabellada.

-Ed... ¿tienes planes para hoy o para mañana por la mañana?

-No...

-Bueno... tu ropa está mojada... y aunque ya la metí en la secadora no creo que esté lista.

-¿y?- dijo sonriéndome.

-Que... bueno si quieres puedes quedarte a dormir...- utilicé la excusa de la ropa para proteger la verdad. No quería dormir sola. Con él al lado cualquier dolor desaparecía.

-Si... por supuesto.

Acabamos de recoger la cocina y finalmente subimos a la habitación.

Me dirigí al baño para ponerme el pijama mientras Ed daba vueltas en mi habitación.

Me acosté en la cama y él hizo lo mismo.

Tengo una cama de matrimonio a la que nunca había encontrado utilidad más allá de ocupar espacio. En ese momento cada uno nos encontrábamos en un extremo sin siquiera rozarnos. Apagué la luz y permanecí en silencio hasta que el decidió hablar.

-Denís tienes que dejar de hacer esto...

-Hacer ¿que?-pregunté confusa.

-Mientras estuviste en el baño estuve mirando todas las revistas que tienes encima del escritorio. La cama huele a colonia de hombre y no creo que fuera porque ninguno durmiera recientemente entre estas sábanas. Deja de torturarte... por favor...

-Ed ¿crees que alguien puede llorar tanto como para quedarse sin lágrimas?- le pregunté cambiando de tema.

-Suena demasiado poético como para ser verdad. Creo que es una expresión relegada a historias en las que la esposa espera día y noche a un hombre que se fue a la guerra y nunca volvió.

-Poético...-repetí en voz alta para mi misma.

-Denís...para bien o para mal aún te quedan muchas lágrimas que derramar. Por mucho que ahora creas lo contrario, superarás esto y cuando menos lo esperes tus ojos que parecían secos volverán a llorar por otra razón muy distinta.

-No se como tomarme eso...

-Lo que quiero decir es que si tienes una herida no puedes pasarte el día echándole vinagre. La herida está ahí, cicatrizará cuando llegue el momento pero hasta ese entonces no tienes que recordar a cada segundo su presencia.

Lo escuché detenidamente y me acerqué a él. Me abrazó con fuerza y sin necesidad de aquel olor que se me había hecho imprescindible días atrás me quedé dormida entre sus brazos.

jueves, 14 de mayo de 2009

Capítulo 33

Me dirigí a la habitación de mi hermana dispuesta a salir a la calle. Mis días de encierro tenían que finalizar.

Al atravesar la puerta de la estancia Beca me miró fijamente de arriba a abajo.

-¿De verdad piensas salir así a la calle?- dijo un tanto desconcertada.

-Sí...- me encogí de hombros como respuesta.

-Denís ¿tu te has visto? Una cosa es que estés moralmente destrozada y otra muy distinta es que lo vayas proclamando a gritos.

-¿Que le pasa a mi ropa?- pregunté ofendida.

-Eres un cuadro de pies a cabeza, y es más, lo calificaría de abstracto.

Me agarró de la mano y me llevó de vuelta a la habitación. Comenzó a sacar ropa del armario mientras yo la miraba con incomprensión.

-Ponte esto.-dijo señalando la cama en la que había colocado las prendas que había seleccionado- no acepto una negativa por respuesta.

No tenía ganas de discutir así que me puse lo que ella me había mandado sin rechistar.

-¿Ahora mejor?- dije con resignación.

-¡Mucho mejor!- dijo llena de emoción. Su optimismo desmesurado comenzaba a irritarme.

Salimos de casa y en la puerta Beca me miró fijamente ya que no sabía a donde me dirigía ni que pensaba a hacer.

-Vamos a una perfumería.

-A una perfumería-dijo con sarcasmo.

-Si ¿no puedo comprarme una colonia?

-Si, si... vamos.

Después de recorrer todas las perfumerías que habíamos encontrado a nuestro paso, no había encontrado lo que buscaba. Cuando estaba a punto de darme por vencida vimos un pequeño establecimiento que no llamaba demasiado la atención.

-Por probar...- mi hermana suspiró desesperada y sin mediar palabra me siguió.

Me dirigí directamente a la sección de caballeros y comencé a oler las muestras una a una.

-Creo que con todas las que llevas probadas ya no distingues los olores...-dijo mi hermana que en ese momento me miraba con tristeza.

Cuando de nuevo estaba a punto de darme por vencida, cogí de la estantería un frasco negro que no había visto anteriormente. Me llevé el probador a la nariz y comencé a gritar y a dar saltitos.

-¡Es este! ¡Es este!- dije mientras zarandeaba a mi hermana.

-Menos mal... y suéltame que me estás haciendo daño...- dijo con una sonrisa.

Me dirigí a la caja y lo pagué. Al salir de la tienda me di cuenta de que estaba sonriendo. Mi primera sonrisa en dos semanas.

Llevaba diez días durmiendo con la sudadera de Robert. Cuando mi hermana se había dado cuenta la había puesto para lavar. Los últimos cinco días sin ella, dormir se había convertido en un infierno.

Existen muchas personas que tienen manías sin las cuales no logran conciliar el sueño. Aquella se había convertido en la mía personal. Ahora que tenía su colonia podía volver a dormir tranquila.

-¿Ahora a donde vamos?-preguntó mi hermana enarcando las cejas.

-Necesito que me hagas un favor...

-¿Que?- por su tono pude notar que no iba a estar totalmente dispuesta.

-Compra todas las revistas que encuentres en las que pueda salir Robert.

Me miró durante unos segundos con la mandíbula desencajada y finalmente asintió.

-Está bien te las compraré ¿que vas a hacer tú?

-Tengo que hacer un recado... aquí en diez minutos.

Me alejé de aquel lugar a toda velocidad y caminé hacia la librería en la que había comprado días atrás el libro de mitología.

-Buenas tardes ¿en que puedo ayudarle?- me preguntó una mujer de unos treinta años morena y con gafas.

-Bien... me gustaría cambiar un libro... era para regalo pero... no le gusto- mentí. Cada una de aquellas palabras me dolió profundamente. Sabía que aquel libro le habría encantado en caso de que lo hubiese visto.

-¿Por cual lo quiere cambiar?- dijo la dependienta despertándome de mi ensoñación.

-Por Luna Nueva...¿lo tienen?

-Oh claro que lo tenemos. Últimamente no hacen más que venderse. La verdad es que yo los leí y están muy bien. ¿Leíste el primero o viste la película?

-Eh... vi la película...

-Normal... con ese actor como para no verla. Además es inglés y tan guapo... ¿no te parece?- la observé fijamente durante unos segundos intentando de forma fallida disimular una mirada de odio.

-No, no me lo parece, no me parece guapo y además con el tiempo se convertirá en un idiota sin principios maniquí de Hollywood -contesté secamente.

La dependienta me miró fijamente como si estuviese tratando con una loca cuyas palabras la habían ofendido profundamente. Apostaría a que era la primera que decía que Robert no le gustaba. Se marchó y a los pocos minutos volvió con el libro. Le entregué el ticket y tras comprobarlo me devolvió la diferencia. Sin mediar ninguna palabra más abandoné la tienda.

Me dirigí al primer estanco que encontré y me compré una cajetilla y un mechero. Encendí un cigarro y caminé hacia el lugar donde había quedado con Beca.

En aquel momento de desesperación me aferraba al mínimo detalle que me podía recordar a Robert. Cada calada me hacía recordar de nuevo cada uno de sus besos, no con precisión desde luego, pero aquella era la única forma de aferrarme a mis recuerdos.

Llegué a junto de Beca que en ese momento me miraba como si me tratase de un espejismo.

-¿Se puede saber que haces fumando?- preguntó de forma amenazadora.

-Hace tiempo que fumo...-mentí.

-Eso es mentira. Tu ropa no huele a tabaco y tu aliento tampoco. Si pretendes engañarte a ti misma adelante ,porque a mi desde luego no me engañas.

-No intento engañar a nadie es solo que...

-Denís se que lo estás pasando muy mal y se perfectamente lo que intentas hacer con esto. Tienes que dejar de torturarte a ti misma, intentando olvidar es de la única forma que lo lograrás.

-¿y quien dice que yo quiera olvidar?- le dije con furia.

-En este caso no se trata de lo que desees o no, es una necesidad.- Ante estas palabras sentí como las lágrimas volvían a brotar nuevamente de mis ojos.

-Vamos a casa- dije entre sollozos.

Al llegar a casa cogí las revistas y subí directamente a mi cuarto. Me senté en la cama y comencé a buscar entre sus páginas cualquier señal de Robert. El resto de contenidos me daban igual.

Encontré muchas fotos de su llegada a Vancouver. Al volver a verlo se me hizo un nudo en el estómago. Es como si por un minuto hubiese olvidado lo guapo que era. Al ver las imágenes cientos de recuerdos atravesaron mi mente.

Observé las páginas del resto de revistas y las mismas fotos volvieron a surgir ante mis ojos. Todas las revistas trataban lo mismo, todas menos una. Leí el artículo palabra por palabra.

“Robert Pattinson encandilado de una stripper

Robert Pattinson es uno de los hombres más deseados del momento. Fuentes cercanas informaron recientemente de que la relación con su novia había llegado a su fin.

Pero Robert es un hombre y sus hormonas piden “guerra”, de modo que cuando se aleja del set de filmación de “Luna Nueva” suele frecuentar un exótico local de strip tease de Vancouver llamado Brandi’s donde, al parecer, se ha encandilado con una bailarina llamada Kendra, que ofreció un baile privado a Rob la primera vez que este visitó el local.

Un amigo de Pattinson ha revelado a los medios que Kendra: “Es preciosa y muy sexy. Se parece a Bo Derek en la película ‘10′”

Lo volví a leer confusa y cuando lo finalicé comencé a llorar. Robert me había avisado, quizá aquello no era más que un rumor. Sin embargo, si parte del artículo era cierto, quizá lo otro también lo fuese.

Mi hermana entró en la habitación en ese mismo momento con el móvil en la mano y me observó fijamente mientras movía la cabeza de lado a lado.

-Es para ti...

-¿Quién es?

-Coge- me entregó el móvil y permaneció sin moverse observando.

-¿Si?- contesté confusa ya que no sabía quien se encontraba al otro lado del aparato.

-Denís soy yo... ¿que tal estás?- suspiré profundamente al escuchar la voz de Ed.

-Estoy bien... ¿Cómo tienes este número?

-El día que te quedaste en mi casa usaste mi móvil ¿recuerdas? Por eso lo tengo..

-Si, es verdad...

-Bueno eso da igual. Voy a ir a verte y ya que tenía el número pensé que sería más correcto llamar primero...

-Ed no te ofendas pero preferiría que no vinieses. No quiero que me veas así... hoy solo conseguiría amargarte.- dije esto secándome las mejillas.

-Está bien... que estés bien. Un beso, adiós.

-Adiós...

Mi hermana se dirigió a mi. Antes de que le diese tiempo a hablar mi madre entró en la habitación.

-Niñas... tengo que irme. Sabéis que voy a estar fuera unos días por motivos del trabajo, así que portaros bien.

-¿quemar la casa es portarse bien?- preguntó Beca fingiendo no saber la respuesta.

Mi madre la miró con sarcasmo durante unos segundos.

-Os queda dinero en la cocina.

-Vale- dijimos las dos a la vez.

-Si tenéis cualquier problema no dudéis en llamarme, llevo el móvil.

-Vale- dijimos de nuevo.

-¡Y nada de chicos!

-Mamá... la charla sobre embarazos y demás ya tocó hace unos años. Fíate de nosotras y ahórranos así el bochorno a las tres-dijo Beca muy seria.

-Chicos... por mi parte no te preocupes. No tendrás que preocuparte por ningún chico más en el resto de mi vida- dije con tristeza.

Mi madre se acercó y nos dio un beso a cada una como despedida.

Cuando abandonó la habitación salí corriendo yo también de allí dejando a Beca sentada en la cama. Entré en el baño y sin sacarme la ropa que llevaba puesta me metí en la bañera.

Cualquier lugar en el que me pudiese sentir cómoda valía. En aquel momento, la bañera se me antojó como el lugar más seguro de toda la casa.

Kendra. Así que así se llamaba el nuevo juego de Robert. Poco había esperado para iniciar una nueva partida. Un amigo suyo había dicho que era preciosa. ¿Habría sido Tom? Quizá si. Siempre había pensado que Tom estaba de mi parte, quizá solo me equivocaba y era un buen amigo que apoyaba a Robert fuese quien fuese la chica actual sin más.

Me hundí más en la bañera y comencé a llorar desconsolada. Mezclando la tristeza con el odio. Tristeza porque le quería. Odio porque él ya había rehecho su vida.

-Está aquí- escuché a mi hermana desde el exterior hablando con alguien cuya identidad no conocía.

En ese momento se abrió la puerta y Ed entró en el baño.

Me observó durante varios segundos fijamente y sin mediar palabra se quitó los zapatos. Lo observé detenidamente intentando averiguar sus intenciones, intentando controlar de forma fallida mis lágrimas.

Ed se metió en la bañera, me besó la frente y situó mi cabeza en su hombro. Comencé a llorar desconsoladamente empapando su camisa. Daba igual, sin darme cuenta, Ed había abierto el grifo y ahora me abrazaba con fuerza.

martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 32

Caminé por la oscura calle sin seguir un rumbo fijo. La lluvia que caía sobre mi en ese momento y que me hacía estar completamente empapada y helada hasta los huesos era la menor de mis preocupaciones en ese momento.

A mi paso la gente con la que me cruzaba me miraba de reojo con cierta preocupación en el rostro. No me importaba, me daba absolutamente igual lo que aquellos desconocidos pudiesen pensar de mí en aquel momento.

-Niña... ¿que te pasa?- escuché una voz y llevé las manos a mis ojos intentando limpiar las lágrimas que me nublaban la visión. Miré fijamente al frente con las lágrimas todavía resbalando por mis mejillas y me topé de frente con una mujer de avanzada edad que me miraba con preocupación.

-¿por que lloras?-me preguntó con voz dulce.

-No, no me pasa nada... es solo que perdí el bus...- dije la primera mentira que se me ocurrió entre sollozos.

-Vaya... ¿quieres que te pida un taxi?

-No, no se preocupe... iré andando...-luché buscando fuerzas para pronunciar cada una de las palabras.

-Déjame darte un paraguas al menos. ¡Estás empapada!

-No, de verdad no hace falta...- la mujer me tendió un pequeño paraguas granate y no se dio por vencida hasta que lo sujeté entre mis manos.

-Gra... gracias...

Me alejé de ella a paso rápido, la mujer no apartaba los ojos de mí. Abrí el paraguas y continué andando.

A mi paso pisaba la acera con fuerza y al encontrarme un charco lo pisaba con toda la rabia que albergaba en mi interior hasta que el agua salpicaba mis piernas con furia.

Robert acababa de dejarme. Desde que había llegado a Londres mi vida giraba por y para él. Era una marioneta que se movía a su antojo a la que acababan de cortar las cuerdas y ya no sabía que hacer.

Continué caminando cada vez más rápido y al ver una fuente me detuve en seco. Saqué el móvil de mi bolso, lo tiré al suelo y comencé a saltar encima de él. Robert era la única persona que tenía mi número además de mi familia, si yo solo había sido un juego para él no quería sufrir tentaciones de llamarlo para continuar con la partida.

Observé los trozos que habían quedado dispersos en el suelo, me agaché a recogerlos y tiré la tarjeta al interior de la fuente. Me quedé contemplándola fijamente hasta que al final se hundió. Tiré los restos del teléfono en la primera papelera que encontré y seguí caminando hacia mi casa.

Podía haber borrado su número, quizá eso hubiese sido más lógico, pero no quería que él me llamara. No creía que lo fuese a hacer pero el hecho de tener el teléfono conmigo solo ayudaría a que consumiese mis horas esperando una llamada que nunca llegaría.

Me paré delante de la puerta de casa, no sentía fuerzas para entrar. Me senté en las escaleras mojadas y allí permanecí llorando sola con los codos apoyados en mis piernas mientras mis manos protegían mi cara.

No sé el tiempo que estuve así, perdí totalmente la noción. Perdí toda razón y solo me dediqué a llorar.

-¡Denís! ¡Por Dios ,entra en casa!- escuché la puerta de la entrada abriéndose a mis espaldas y acto seguido Beca estaba a mi lado, agarrándome de un brazo ayudándome a levantarme. No se lo puse fácil, me sentía frágil y aquel suelo me parecía seguro. Finalmente logró que abandonase mi posición y me obligó a entrar en casa.

-¿Cuánto tiempo llevas ahí?- me preguntó con preocupación.

-No... no lo sé...

Beca sabía lo que pasaba, no necesitaba preguntarme nada para saber la razón de mis lágrimas. En ese momento solo podía llorar así porque lo mío con Robert había llegado a su fin.

Me dio un fuerte abrazo sin importarle que estuviera empapada de los pies a la cabeza. Me agarró de la mano y me dirigió escaleras arriba.

Una vez en el baño, Beca fue desvistiéndome lentamente y cuando terminó me ayudo a meterme en la bañera.

Resultaba vulnerable, hasta incapaz de valerme por mi misma, y si me hubiese visto desde fuera me hubiera considerado totalmente patética.

Beca abrió el grifo y cuando el agua estuvo lo suficientemente caliente dejó que ésta entrase en contacto con mi piel. En otro momento hubiese gozado con ese caluroso contacto, pero en ese momento me hubiera dado igual que el agua estuviese totalmente helada.

Beca me enjabonó y lavó mi pelo mientras yo permanecía con la mirada perdida incapaz de hacer frente a la realidad.

Pensé en todas las razones que me habían llevado a aquella situación. Pensé en la lluvia de aquel día de Enero que me había hecho resguardarme. Pensé en el hecho de que no le había hecho caso a mi madre cuando me había mandado coger un paraguas. Pensé en el curioso destino que me había llevado a aquel desconocido bar y no a ningún otro. Supe que si pudiera volver a escoger no cambiaría ninguno de eses hechos. Ni siquiera el dolor que sentía en ese momento era capaz de hacerme olvidar los momentos que había vivido. Convirtiéndose muchos de ellos en los mejores que había vivido hasta entonces.

La lluvia era caprichosa, ella me había dado la felicidad y era ella de nuevo la que me la arrebataba sin compasión.

Beca me agarró del brazo una vez que estube totalmente aclarada y me ayudo a secarme.

-Quedate aquí un momento, vuelvo ahora...- asentí con la cabeza sin fuerza para articular palabra. La vi alejarse lentamente por el pasillo no sin antes dirigirme una mirada de compasión.

Volvió al poco tiempo con un pijama, me ayudó a ponérmelo y me dirigió a la habitación. Abrió la cama y me ayudó a acostarme. Me tapó con delicadeza y me miró fijamente.

-Denís... se que ahora no querrás pero cuando necesites hablar, estoy aquí.

-Lo sé...- dije con un hilo de voz.

Beca me besó la frente, salió de la habitación y apagó la luz antes de cerrar la puerta.

Apreté mi cabeza contra la almohada y sin saber el porqué comencé a darle puñetazos mientras la empapaba con mis lágrimas.

Me levanté de la cama llena de ira y me dirigí al armario. Aunque no debería haberlo hecho cogí la sudadera de Robert, me la puse y me acosté de nuevo.

Después de varios minutos y con su olor como única compañía conseguí cerrar los ojos y quedarme dormida.




Sentí como una mano acariciaba mi pelo, abrí los ojos y me encontré a mi madre sentada en el borde de la cama mirándome con dulzura.

-¿Cuanto he dormido?

-Tranquila, no ha sido mucho. Te traigo un chocolate caliente... te sentará bien...

Me senté en la cama para tomarme el chocolate. Cogí la taza entre mis manos sin dejar de mirar a mi madre.

-Cariño... estas cosas pasan. No voy a decir que ya te lo advertí...

-Si has venido a reprocharme que tenías razón, de acuerdo, la tenías, ya puedes irte...- le dije entre el odio y la desesperación.

-Claro que no... solo venía a saber como estabas...

-Pues hecha un asco... ya ves...-dije mientras sorbía el chocolate que todavía quemaba.

-Tranquila Denís... el tiempo lo cura todo. Es eso lo que necesitas... tiempo para olvidar...- ¿y que pasaba si yo no quería olvidar? ¿que pasaba si me negaba a enfrentar la realidad y a vivir así el resto de mis días?

-Todas las cosas que vemos en el cine son eso, películas. Después está la realidad, la gente rompe. Siempre dices eso no me va a pasar a mí. Pero pasa, a ti y a todo el mundo.

-Mamá ¿de verdad intentas consolarme? Da la sensación de que quieres terminar de hundirme...-arrastré cada una de las palabras. Como si necesitara grandes dosis de energía para expulsarlas de mi boca.

-No es eso cielo. Solo quiero decirte que lo superarás. Que tarde o temprano aparecerá otro chico y solo guardarás de esto un bonito recuerdo.

Le di la taza y la vi marcharse. Apagué la luz y continué pensando. Tarde o temprano solo guardarás un bonito recuerdo. No acaba de comprender si aquellas palabras eran buenas o no.



Los siguientes cinco días pasaron así, al igual que los diez siguientes y los quince.

Dormí comí y por supuesto lloré más que en toda mi vida junta. Leí cada una de las notas que Robert me había enviado con las rosas hasta que leerlas había perdido el sentido porque cada una de las letras estaba gravada a fuego en mi mente.

Me convertí en una autómata que vagaba por casa sin ningún objetivo. Doliéndome cada segundo que pasaba como un puñal clavado en el corazón.





Llegó el momento en el que me di cuenta de que tenía que salir de casa. Los quince días no me habían curado el mal de amor pero si la gripe que había traído consigo mi tiempo bajo la lluvia. Era hora de salir, de enfrentarme a las ideas que desde días atrás no dejaban te atravesar mi mente.

-¡Beca!-grité desde mi habitación.

Mi hermana había llegado y me miraba desde la puerta con impresión. Después de medio mes había roto mi voto de silencio.

-Dime- dijo con ilusión.

-¿Tienes planes para hoy?

-No... ¿porque?

-Porque tengo cosas que hacer y me gustaría que me acompañaras.

-Si, ¡claro que te acompaño!

Me puse lo primero que encontré en el armario y cuando mi hermana estuvo preparada me dispuse a salir.

Capítulo 31

Caminamos hacia la salida. Antes de llegar, Robert me agarró de la cintura y me giró a la izquierda. Sin mediar palabra comenzamos a bajar unas escaleras.

-¿A dónde vamos?

-Tom tenía una habitación y me ha dado ahora las llaves…

-¿Y él?- pregunté con preocupación. No me parecía justo dejarlo sin habitación.

-Él… seguro que encuentra donde dormir…- comenzó a reírse mientras introducía la llave en la cerradura.

Entramos en la habitación. Toda ella estaba llena de tonos azules. La ropa de cama era azul celeste en contraste con el suelo de un azul mucho más vivo. No era demasiado grande. Además de la cama, al fondo había dos butacones de cuero con una mesa y un pequeño sinfonier situado al lado de una cómoda.

Cerré la puerta con mi pie. Caminé lentamente empujando a Robert hacia el interior de la estancia y cuando estuvo lo suficientemente cerca lo empujé acostándolo en la cama.

Desplacé mis dedos hacia la cremallera del vestido y una vez bajada me lo quité a toda velocidad. Robert me miraba confuso. Antes de que le diese tiempo a reaccionar me acosté sobre él y comencé a besar sus labios. Rocé con mis manos sus mejillas, dibujé la línea de su mandíbula y recorrí todo su tronco mientras el apoyaba sus manos en mi cadera. Seguí recorriendo inquieta su cuerpo hasta que saqué su camisa del interior del pantalón. Introduje mis frías manos debajo hasta que entraron en contacto con su piel.

En ese mismo momento, Robert se giró apartándome de su cuerpo. Por unos segundos creí que íbamos a intercambiar las posiciones, pero me equivocaba. Me abrazó fuertemente y me tapó con el nórdico para que no tuviese frío. Estando a su lado era completamente imposible tener frío algo que él parecía no entender.

Observé lentamente como se quitaba cada una de sus prendas hasta quedarse con su ropa interior y como se volvía a tumbar nuevamente a mi lado.

Cuando me disponía a volver a mi ataque personal de besos, me situó encima de su cuerpo y me abrazó con fuerza.

-Hoy no, estoy muy cansado. Hoy solo quiero dormir abrazado a ti.- escuché cada una de sus palabras que parecían totalmente pensadas de antemano. No podía decir que aquella idea me agradaba lo más mínimo porque no era así, sin embargo hice lo que pude para respetar su decisión.

Pegué mis labios a su pecho y me dormí acariciando con ellos su piel.

-Lo siento, te quiero, te quiero, te quiero- pude escuchar una voz a lo lejos. Estaba en una fase del sueño en la que no era consciente de si estaba despierta o dormida. No sabía si aquellas palabras eran realidad o puro producto de mi imaginación.

No dormí bien el resto de la noche. Las pesadillas me acompañaron en todo momento, sin embargo, cuando estaba a punto de despertarme una y otra vez, mi cuerpo notaba el contacto del cuerpo de Robert, me tranquilizaba y volvía a respirar aliviada.

A la mañana siguiente me desperté con los labios de Robert besando mi pelo.

No sabía lo que había pasado aquella noche, que me había hecho cambiar, pero un sentimiento de intranquilidad ocupaba mi interior.

Besé los labios de Robert y miré sus ojos con deseo.

-Tenemos que irnos-me cortó- a las 12 tengo que entregar las llaves, te dejé dormir todo el tiempo que pude pero ya estaba a punto de despertarte.

-Vale…- dije mientras abandonaba la cama en busca de mi vestido.

Me vestí rápidamente y me acerqué a él. Tenía cara de dormido y permanecía en la cama sin moverse.

-Ven aquí…- lo agarré de un brazo hasta que se puso de pie y le fui poniendo una a una cada una de las prendas que descansaban en el suelo.

Cuando estábamos completamente arreglados salimos de la habitación y entregamos la llave en una especie de recepción.

-¿A dónde vamos ahora?- le pregunté con cierto miedo en la voz. No sabía porque pero aquel no era el Robert al que estaba acostumbrada. Llevaba sin hacer una broma desde que se había levantado. No hablaba y tenía la sensación de que el hecho de llevarme la mano cogida le suponía un gran esfuerzo.

-A casa.- dijo bruscamente- te llevaré a casa y cuando estés cambiada te pasaré a buscar- dijo esto añadiéndole un toque de dulzura a la frase anterior.

Caminamos en silencio hasta que llegamos a la puerta de mi casa y una vez allí nos detuvimos.

-En cuanto estés lista, llámame, vendré a buscarte.- dijo mientras me miraba fijamente.


Introduje la llave en la cerradura y abrí la puerta sin fuerzas. Una vez en el interior me apoyé en la pared hasta que me deslicé y permanecí sentada en el suelo.

Sin saber la razón comencé a llorar.

-Denís… ¿Qué pasa?- mi hermana había escuchado la puerta al cerrarse y había venido corriendo sin esperar encontrarme en esa situación.

-Nada… no pasa nada

-Pues no creo que llores por nada…

-De verdad Beca, no pasa nada… es solo que, no sé…- dije entre sollozos.

-Si realmente no pasó nada sube a cambiarte, hay bastantes motivos en esta vida para llorar como para tener que inventárselos.

Le di un beso en la mejilla y subí las escaleras de mi habitación corriendo. Me saqué el vestido y me dirigí al baño. Quería acabar de arreglarme cuanto antes, necesitaba ver a Robert, hablar con él, saber que pasaba.

Me duche en un tiempo record y me vestí. Me puse la camiseta de I love my boy que él me había regalado esperando que al verla sonriera. Me puse unos vaqueros, unas botas planas, ya que tenía los pies totalmente dañados por haber tenido que soportar aquellos tacones toda la noche. Me puse un chaleco y una bufanda combinada con un gorro y cuando estaba totalmente lista lo llamé.

-¿Ya estás lista?

-Si…- contesté con una voz casi inaudible.

-¿Voy a buscarte?

-Si… por favor.

Colgó el teléfono sin siquiera despedirse y yo me dirigí a la ventana sin otra finalidad que verlo llegar.


Después de varios minutos, cuando ya no me quedaban uñas para morder ni suelo sin pisar lo vi aparecer por la esquina de la calle.

Bajé a toda velocidad y salí a la calle antes de que le diese tiempo a llegar.

-Que rápida…-dijo con cierta tristeza.

Me acerqué para besarlo y aunque en un principio intentó que fuese su mejilla la receptora de mis besos, finalmente me dejó tocar sus labios.

Caminamos aproximadamente media hora. Era temprano y no nos cruzamos con demasiada gente como para tener que parar.

Recorrimos diversas calles hasta que finalmente llegamos a un pequeño parque apartado. Robert detuvo el paso y se sentó en un banco. Lo observé detenidamente e imité sus movimientos.

Permanecimos en silencio varios minutos, mirando cada uno un punto perdido en el horizonte.

-De pequeño solía venir aquí. Londres está lleno de parques… pero por alguna extraña razón, mi padre siempre me traía a este. Quizá no es el más visitado ni el más conocido, pero a mi es el que más me gusta.

Lo miré fijamente sin saber que responder. No creía que aquella historia tuviera nada que ver con su estado de ánimo.

-Tenemos que hablar…- dijo mirando mi rostro seriamente.

-Estoy de acuerdo…- quería que me dijese que era lo que le preocupaba. Quería que compartiese conmigo lo que no lo hacía feliz, sabía que mi ayuda no podía servir de mucho pero al menos lo intentaría.

-No se como decir esto…-dijo buscando cada una de las palabras que en ese momento se hallaban perdidas.

-Simplemente dilo- estaba poniéndome completamente nerviosa. Cada segundo en silencio se me hacía eterno. Cada segundo sin escuchar su voz me dolía. Pasaba el tiempo buscando en mi mente respuestas que no sabía si quería oír.

-Ayer por la tarde me llamaron. Mañana tengo que coger un avión a Vancouver… sabía que este día llegaría pero intenté no pensar en ello para no vivir lamentándome.

-¿A Vancouver?

-Si… es donde se rueda la siguiente película…

-Ya… ¿Cuándo vas a volver?- pregunté intentando esconder el daño que me hacía cada palabra al escapar de mi boca.

-Eso no importa…

-¿Cómo que no importa?- dije abriendo y cerrando fuertemente mis ojos con incomprensión.

-Soy demasiado celoso como para estar tanto tiempo alejado de ti.

-Sabes que te puedes fiar de mi…

-Lo sé, pero no sería justo para ti… va a haber muchos rumores sobre mí, y aunque sepas que solo son eso… te dolerá y estarás mal por mi culpa día tras día.

-No me importa, esperaré el tiempo que sea necesario.

-No… no tienes porque hacerlo…

-Nadie ha dicho que tuviera que hacerlo… lo hago porque quiero- era verdad, lo esperaría el tiempo que fuese necesario.

-No… las cosas no son así…

-¿Qué quieres decir?- luché contra mis instintos y contuve las lágrimas. Si me estaba dejando quería que lo dijese claramente.

-Que los dos lo pasamos bien este tiempo pero esto se tiene que acabar…

-¿Qué los dos lo pasamos bien?- ya no tenía ganas de llorar solo quería gritar y gritar.

-Yo por lo menos sí…-notaba como con cada palabra se alejaba más de mí.

-¿Estás diciendo que para ti esto no fue más que un juego?

-Yo no he dicho eso…

-¿Cuándo ganabas? Dime Robert, ¿Cuándo ganabas? ¿Cuándo estuviera totalmente enamorada de ti y ya no hubiera vuelta atrás? Si esa era la meta enhorabuena…

-Denís las cosas son más complicadas de lo que parecen…

-¿Complicadas? A la mierda la complicación… cuando dos personas se quieren eso es lo que importa. ¿Cómo pudiste engañarme tanto? ¿Por qué te crei?- no dejaba de gritar. Quizá los gritos solo eran mi coraza para no estallar y comenzar a llorar hasta ya no poder parar.

-Soy actor… mi trabajo es mentir…- dijo con toda la calma del mundo mientras no dejaba de observarme.

Intenté mirarlo con odio pero no fui capaz. Recorrí mi cuerpo con mis manos e intenté quitarme la camiseta por puro instinto. Aquel mensaje carecía de significado, solo me hacía sentirme completamente patética.

-¡Para, para, para!- Cuando mi camiseta se encontraba ya a la altura de mis hombros, Robert la sujetó con ambas manos y la volvió a colocar en su lugar, tocando mi piel con sus manos al bajarla. Por un instante quise sentirlo por última vez, disfrutando de cada una de las últimas caricias. Finalmente me di cuenta de mi error y me aparté de él.

-¡No me toques! No vuelvas a hacerlo nunca más…- no aguanté más y comencé a llorar. Mi mundo acababa de ser demolido.

Intentó abrazarme para consolar mis lágrimas pero yo no quería tenerlo cerca así que comencé a golpear su pecho con todas mis fuerzas para alejarlo de mí. No importaba la fuerza con la que le diese. Sabía que nunca le podría hacer tanto daño como él me había hecho a mí.

Sujetó mis muñecas con fuerza impidiendo así que lo golpease. Juntó su cuerpo con el mío abrazándome. Intenté soltar mis muñecas pero fui imposible así que como acto reflejo le pegué una patada.

-¡Ay!- me miró con auténtica expresión de dolor.

-¡Te lo advertí! ¡Te dije que no me tocaras!- parecía una auténtica niña pequeña enrabietada. Me daba igual. Si él ya no me quería, si es que me había querido alguna vez, no me importaba que me viese así, porque esa era la manera como yo quería reaccionar.

En ese momento comenzó a llover. Robert tiró de mi cuerpo intentando llevarme hasta un soportal para resguardarme. Fue imposible, mi cuerpo no se movió un solo milímetro.

Un taxi llegó a la parada que se encontraba delante de nosotros.

-Vamos… ¡sube!

-No voy a ir contigo a ningún sitio…- dije casi sin fuerzas.

-Pues vete tu sola… no estés aquí mojándote.

-¿Crees que eres alguien para preocuparte por mí? Sube al dichoso taxi y desaparece de mi vista.- le espeté de la manera más brusca.

-No voy a subir si tú no subes…-dijo mirándome con tristeza.

Lo miré fijamente por última vez fijándome en cada parte de su cuerpo sin atreverme a mirar sus ojos. Finalmente comencé a andar bajo la lluvia alejándome de aquel fatídico lugar, alejándome de la primera persona a la que había amado. De la única persona a la que sería capaz de amar.

Capítulo 30

Al llegar a la habitación comencé a colocar todo lo que había comprado. Al ver los vestidos, nuevamente me di cuenta de que no sabía que clase de cita íbamos a tener y que ropa sería la adecuada para la ocasión.

Cogí el teléfono y sin pensarlo llamé a Robert.

-Justo ahora te iba a llamar...- pude escuchar como su frase sonaba a modo de disculpa aunque no entendía muy bien el porqué.

-Hola... ¿para que?

-Bueno... hay cambio de planes, siempre y cuando tu quieras...

-Sorpréndeme...

-Bueno... nos han invitado a una fiesta, te paso a buscar a la misma hora. Así haremos lo que tenía pensado antes de ir.

-Vale...

-Dime la verdad. Si no quieres ir no iremos, fácil y sencillo.

-No, da igual, vamos a la fiesta...

-¿Seguro?

-¡Que si pesado! ¡No me hagas cambiar de opinión!

-¡A las 8.30!

-A las 8.30... un beso.

Comencé a dar vueltas por la habitación y en ese momento llamaron a la puerta. Bajé a abrir ya que mi madre no estaba en casa y me encontré con un chico rubio que debía tener más o menos mi edad.

-¿Puedo ayudarle?

-¿Vive aquí Denís Rose?

-Si, soy yo...

-Pues esto es para usted- dijo mientras me entregaba un ramo de tulipanes amarillos.

-Gracias...

Cerré la puerta y me apoyé en ella mientras no podía evitar que una sonrisa alumbrara mi cara.

Subí a la habitación y comencé a arreglarme. Me puse un vestido negro que me había comprado esa tarde y Beca nuevamente me ayudó a maquillarme y a ondularme el pelo.

A las ocho y media justas el timbre sonó. Me despedí de mi hermana y bajé las escaleras a toda velocidad. Al abrir, me encontré con Robert. Llevaba un traje negro y aunque ya lo había visto antes así vestido, nuevamente me quedé sin palabras.

-Estás guapísima- me miraba con una amplia sonrisa.

-Tú tampoco estás mal...-dije restándole importancia mientras me acercaba a él y lo besaba.

Caminamos por la calle agarrados y como de costumbre yo no sabía a donde nos dirigíamos.

-¿Crees que por una vez podrías decirme a donde vamos?
-¿Que gracia tendría eso?-dijo mientras se reía.

-Para mí la misma que tiene ahora....-dije mientras lo miraba con cara de odio

-Tranquila, es aquí- dijo deteniéndose a las puertas de un restaurante.

Entramos al interior y esperamos hasta que un hombre con traje se dirigió a nosotros.

-Buenas noches.

-Buenas noches, tenemos una reserva a nombre de Robert Pattinson.

-Síganme.

Seguimos a aquel hombre que nos hizo atravesar un comedor entero hasta que nos señaló la mesa más apartada del local.

El restaurante, tenía un toque exótico. Las paredes, eran de piedra y estaban recubiertas de enredaderas. Desde mi asiento podía ver varias palmeras y diferentes fuentes.

Aquel restaurante era carísimo, eso saltaba a la vista. Robert me impidió mirar los precios y para ello fue leyendo cada uno de los platos hasta que elegí.

-¿Te gusta?

-Pues claro que me gusta, es genial. Tiene una decoración que te hace sentirte como en otro lugar.

-Bien, justo lo que esperaba-dijo mientras me sonreía.

-Hablé con mi padre...

-¿Cómo? ¿que te dijo?- me miraba con ojos desorbitados que reflejaban claramente emoción.

-Mi hermana consiguió su número y lo llamó. Estuvimos hablando y bueno... aunque no tuve mucho tiempo me hizo mucha ilusión.

-Me alegro mucho, de verdad.

-Cambiando de tema, ¿como supiste que los tulipanes son mis flores favoritas? No recuerdo habértelo dicho...

-No, no me lo dijiste... ¿debería saberlo?- preguntó confuso.

-No, claro que no... pero no se, me pareció raro que acertaras....

-¿Que acertara cuando?- cada vez estaba más confuso. Su voz y sus ojos lo reflejaban.

-Ya sabes... con el ramo que me enviaste...

-No, no se. Lo siento cielo, yo no fui, no te envié ningún ramo hoy...- lo miré sin comprender, ahora la que estaba totalmente confusa era yo.

-Bueno da igual. Tengo que contarte una cosa... se que te vas a enfadar pero no me siento bien ocultándotelo.-miré hacia la mesa clavando mis ojos en la copa. La agarré y bebí su contenido de un solo trago.

-No me di cuenta. Si lo hubiese hecho habría pedido champagne para ti... no sería lo más normal, pero visto que te gusta...- dijo mientras se reía.

-Robert por favor no desvíes el tema.

-Denís, no me asustes. Cuéntame lo que tengas que contarme.

-Bueno... hoy me encontré con Amanda y hablé con ella. Quizá fui un poco brusca pero no le dije nada que no pensase en realidad. Se que te prohibí hablar con Ed y que fui la primera en hacer lo contrario. Lo siento...

Me miró fijamente durante varios segundos sin decir nada. Sin quererlo comencé a ponerme nerviosa ante esta reacción.

-No pasa nada...

-Enserio Robert deberías estar enfadado...

-Estoy diciendo que no pasa nada, no busques que me enfade porque realmente no quiero.

-Vale...- agarró mi mano con fuerza y miró fijamente mis ojos.

-Te quiero, lo sabes ¿verdad?

-Sí, si que lo sé....

-Prométeme que no lo vas a olvidar nunca. Pase lo que pase...- lo miré fijamente durante varios segundos sin comprender, no sabía si aquellas palabras tenían un significado que yo no entendía.

-Robert...

-Solo prométemelo.

-Te lo prometo.

Se levantó ligeramente de la silla hasta que alcanzó mis labios y me besó.

-¿Vas a querer algo más?

-¿Bromeas? El postre es lo mejor de la comida. Claro que voy a querer- le dije con una sonrisa.

-¿que quieres?

-La copa de helado más grande que tengan...

-Vale la copa más grande y más cara para la señorita.


Cuando terminamos de cenar, me dirigí al baño mientras Robert pagaba. Suspiré profundamente mientras me miraba al espejo. Había llegado el momento de la fiesta. Fiesta a la que por no variar no sabía quien asistía ni donde se celebraría.

Al salir del baño me encontré con Robert esperándome en la puerta. Abandonamos el restaurante y comenzamos a andar.

-¿Dónde es la fiesta?

-¿Ves eso?

-¿El río?- pregunté con incompresión.

-Sí

-¿La fiesta es en el río?

-Más o menos....-comenzó a reírse.

Continuamos caminando hasta que un gran barco iluminado apareció delante de nosotros. Sin duda el lugar de la fiesta.

Llegamos a la entrada y el hombre que se encontraba allí nos dejó pasar sin ninguna pregunta.

En el interior del barco la música sonaba a todo volumen. Estaba repleta de gente joven que mostraba claros síntomas de embriaguez.

Pude ver como Robert saludaba a alguien en la distancia. Seguí la trayectoria de su mirada y pude reconocer a Tom, el chico de la fiesta de disfraces.

El chico se acercó a nosotros con una gran sonrisa.

-¡Hola!- observé como Robert y Tom se abrazaban.

-¿que tal Denís?- se giró hacia mí y me dio dos besos.

-Cuanto tiempo hacia que no nos veíamos- le dijo Robert con una amplia sonrisa.

-La verdad es que mucho.

-Tiene una novia acaparadora-contesté con una sonrisa.

-Haces bien... hay mucha furcia suelta...- Tom desprendía confianza con cada palabra. Me miraba sonriendo. Daba la impresión que nos conocíamos de toda la vida.

-Lo sé...

-Creo que ya conociste a Amanda...- comenzó a reírse y yo también estallé en una profunda carcajada.

-Vamos a buscar algo de beber, volvemos ahora- dijo Robert agarrándome de la mano.

-Oh no... Johnny Dep, Johnny Dep, Johnny Dep...- repetí una y otra vez para mi.

-¿Se puede saber que haces?- dijo Robert mientras me miraba confuso y no dejaba de reírse.

-Nada, quería ver si al nombrarlo el también aparecía...

-¡Hola Robert! ¿Puedo hablar un momento contigo?- Amanda era una auténtica pesadilla, estaba en todas partes.

-Si claro, habla...

-En privado... - me miró con cara de asco mientras yo agarraba a Robert con más fuerza y no dejaba de sonreír.

-Puedes decirlo delante de ella- dijo señalándome- si no lo escucha ahora se lo contaré yo después.

-Vale... Esta tarde, tu querida novia...- Robert la cortó antes de que siguiese hablando.

-Ya lo se, me lo contó ella.

Amanda me miró con odio y sin previo aviso se alejó de nosotros.

Nos dirigimos a la barra en donde tomamos varios chupitos. Cogimos cada uno una cerveza y volvimos hasta el lugar donde habíamos dejado a Tom.

Estuve un rato hablando con los amigos de Robert. En general eran muy simpáticos. Pude sentir como alguien tocaba mi hombro, me giré lentamente y vi a Ed.

-¡Hola!- me abalancé sobre él y le di dos besos.

-Hola ¿que tal? ¿bailas conmigo esta canción?- en ese momento sonaba una balada.

-Ed no te ofendas pero creo que no es una buena idea...

-Puedes bailar con él. Soy un celoso y tengo que cambiar- dijo Robert susurrando a mi oído.

-No... es igual...

-Denís... baila con él.- dijo mientras me empujaba ligeramente hacia delante.

-Vale...- le di un beso a Robert y acto seguido me acerqué a Ed y lo agarré para bailar.

-Ed, puede sonar extraño pero ¿sabes algo sobre el significado de las flores?

-¿Cómo?

-¿Sabes el significado de los tulipanes amarillos?

-Puede que si..- dijo susurrando a mi oído- Estás muy guapa.

-Si, mi novio también lo piensa.

-Vamos Denís, se que tienes novio, no hace falta que me lo recuerdes con cada palabra. Lo del otro día fue un error que no volverá a pasar.

-Vale... solo quería dejar las cosas claras.

-Los tulipanes significan romance respeto y fidelidad, el que sean amarillos significan envidia. Se que tienes novio lo que no implica que sienta lo primero hacia ti y lo segundo hacia él.-pude notar como me ruborizaba.

-No me conoces de nada...

-¿Que importa? Soy joven, tengo una vida para hacerlo...- me besó la frente lentamente y se alejó de mí.

Volví a donde estaba Robert y lo abracé con fuerza. Bailamos durante horas, hasta que sentí que mis pies no aguantarían más.

Cuando estábamos agarrados y una canción lenta sonaba, me acerqué lentamente a su oído sin dudar.

-Robert quiero irme, se me ocurren millones de cosas que podríamos estar haciendo ahora mismo en vez de estar aquí.

-Vale...- movió la cabeza a un lado y a otro mientras se reía.

Nos despedimos de sus amigos y comenzamos a andar.


vestido denís


Capítulo 29

Seguí a mi hermana y a su amiga fuera de casa. Juntas fuimos caminando por la calle sin ningún rumbo fijo.

-¿Cómo es estar con Robert Pattinson?- la chica de cabello rojizo me miraba con ojos expectantes y con una amplia sonrisa.

-Bueno... no sabía que esto era una entrevista...- miré fijamente al suelo.

-Oh... lo siento... no era mi intención resultar entrometida, es solo que bueno, te envidio tanto...- me puse colorada en ese mismo instante. Había leído muchas revistas, sabía el fenómeno que rodeaba a Robert y aunque sabía que muchas chicas me envidiaban ninguna me lo había dicho tan abiertamente.

-No, no te preocupes... es solo que aún no decidí si me caes bien- la miré con una sonrisa para que se diese cuenta de que estaba de broma.

-Bueno... es bastante maja...- dijo mi hermana intentando ponerse muy seria.

-Ahora que lo mencionas... te aguanta a ti... maja no sé... pero una santa desde luego- mi hermana me miró ofendida mientras su amiga y yo nos reíamos.

-¿Como es estar con Robert Pattinson?-repetí en voz alta para mi misma mientras pensaba en mi respuesta- Bueno... creo que lo menos maravilloso de estar con él, es que es quien es. Cuando empecé con él no sabía quien era y digamos que si llamó mi atención es por como es realmente, no por ser un personaje público...

En ese momento, mi hermana situaba su mano bajo mi mandíbula simulando que recogía mis babas. Miré fijamente al frente y aparté su mano de un golpe brusco.

-¿Que pasa? ¿Que hice?

-Nada... esperadme aquí un segundo.

-Vale...- dijeron al unísono con voz de incomprensión.

Me acerqué lentamente a la chica rubia que estaba contemplando un escaparate. Miré a un lado y a otro en busca de alguna cámara y al no verla me acerqué definitivamente a la chica y la agarré de un brazo.

Me miró con cara de incomprensión mientras yo tiraba de ella hacia una parte más apartada de la calle y cuando estábamos lo suficientemente solas, la empotré contra la pared y solté su brazo.

-¿Se puede saber que haces? ¡Me has hecho daño!- Amanda no dejaba de quejarse mientras se frotaba el brazo de manera exagerada. ¿Le había hecho daño? Imposible. Si lo hubiese querido, y no me faltaban ganas, se lo habría hecho. En aquel momento solo quería hablar.

-Me parece que tú y yo tenemos mucho de lo que hablar...

-¡Yo no tengo nada que hablar contigo!- me empujó para apartarse de mí pero no la dejé moverse.

-Me da igual si no tienes nada de lo que hablar, yo si tengo y tu me vas a escuchar.

No me reconocía, me estaba comportando como una auténtica histérica. Nunca había tenido demasiada fuerza, sin embargo, Amanda era más o menos de mi tamaño y mi mal humor hacía que mi fuerza se viera aumentada.

-¿Se puede saber a que vino que ayer vinieras a buscar a Robert?

-Creía que yo solo tenía que escuchar...- lo dijo con la voz más borde con la que fue capaz y sin pretenderlo comencé a apretar su brazo con fuerza.

-¡Me haces daño!- aflojé su brazo y continué mirándola a los ojos con fiereza.

-Quizá te haga un moratón y por lo menos así tengas una excusa para la próxima vez que pretendas arruinar mis planes...

-¿Perdona?

-Deja de hacerte la tonta. Puede que Robert te crea pero a mi no me engañas.

-Tu no eres nadie para estar con él.

-Pues lo siento pero Nadie está con él, hazte a la idea. Me estropeaste las cosas una vez, pero te aseguro que fue la primera y última vez que eso pasa.

Me giré y me fui dejándola allí.

-No sabes con quien te estás metiendo. Arruinaré tu relación, pensándolo mejor lo voy a llamar ahora mismo.- elevó su voz para que pudiese oirla.

Giré mi cuello hasta que mis ojos se encontraron con los suyos.

-Intentalo, lo negaré y veremos a quien cree...- Comencé a reírme y me alejé totalmente de aquel lugar volviendo a donde había dejado a Beca y a Sara.

Ambas me miraron confusas. Intenté distraer su atención señalando una tienda. Caminamos en su dirección mientras no dejaba de darle vueltas a lo sucedido. Me había comportado como una auténtica celosa enfermiza. Sin embargo yo no me movía por los celos. No dudaba de Robert, sólo estaba enfadada con Amanda por lo que me había hecho. Quizá ella tuviese razón y si él se enteraba de lo sucedido se enfadaría. Había sido yo quien le había prohibido hablar con Ed, la verdad no me importaba. Nunca me había sentido tan bien por discutir con alguien como en aquel momento.

Entramos en el interior de la tienda. Di varias vueltas contemplando las estanterías y me decidí por unas converse de cuadros. Cuando me dirigía a la caja dispuesta a pagar se me ocurrió una idea.

-¿Crees que le gustarán?- le pregunté a mi hermana mientras sostenía unas converse rojas en la mano.

-Bueno... no sé... parece que las Nike que lleva normalmente le gustan mucho...- dijo mientras se reía.

-Si supiese al menos que número calza...

-¡Un 45!- dijo Sara antes de que me diese tiempo ni siquiera a acabar de decir la frase.

Mi hermana comenzó a reírse mientras Sara bajaba la cabeza y sus mejillas comenzaban a sonrojarse.

-Vaya... todo el mundo sabe más de él que yo misma... ¿que clase de novia soy?

-¿El sabe que número calzas tú?- me preguntó mi hermana para hacerme sentir tranquila.

Era verdad, no sabía cuánto calzaba, puede parecer una tontería pero en ese momento me di cuenta de que no sabía muchas cosas de él.

Noté como mi móvil vibraba en mi bolso, introduje la mano en el interior y lo saqué.

-¡Hola!

-Hola...- al escuchar su voz, todas las dudas que me habían invadido segundos atrás se disiparon completamente.

-¿Que haces? ¿Te voy a buscar?

-Em... no, estoy de compras con mi hermana y una amiga

-Así que hizo una “amiguita” ¿que tal es?

-Oh bueno... te caería bien...- la miré desde donde me encontraba y sonreí.

-¿Tienes planes para la noche?

-Dejame consultar mi agenda...- permanecí callada durante unos segundos- no, aparentemente no tengo planes...

-Pues anota que te paso a recoger a las 8.30. Ponte guapa.

-¡Yo siempre estoy guapa!- protesté

-Dejaré que sigas comprando...- pude escuchar como se reía al otro lado.

-Un beso, adiós.

-Te quiero.

Colgué el teléfono y salí de la tienda una vez pagadas mis nuevas adquisiciones.

-Yo me tengo que ir... Denís encantada de conocerte.

-Lo mismo digo, cuídate.

Nos despedimos de Sara y comenzamos a mirar tiendas y más tiendas. Al final de la tarde tenía en mi poder cuatro vestidos, dos vaqueros, dos pares de zapatos y cinco camisetas. Todo ello sumado a un libro de mitología que le había comprado a Robert.

-Estoy agotada... ¿vamos a tomar algo?

-Por supuesto, ¡tienes que contarme muchas cosas!

Nos sentamos en una mesa de un oscuro bar. Mi hermana me miraba expectante atenta al más mínimo detalle. Permaneció callada mientras le hacía un resumen de todo lo acontecido el día anterior. Cuando acabé de narrar lo sucedido la contemplé fijamente expectante a que comenzara con sus preguntas.

-¿Creyó a Amanda? Si está clarísimo que es mentira...

-Si

-¿Ed Westhwick te besó?- dijo estas palabras completamente emocionada

-Si...

-Pero Robert y tu ¡lo hicisteis!

-¡No chilles! No es necesario que se enteré todo el bar...- automáticamente había tapado su boca con mi mano.

-Entonces lo viste desnudo...

-Si...-miré fijamente la mesa.

-¿Y como..?

-¡Tiempo muerto! No voy a contestar a eso...

-No es justo.

-No seas cotilla y respeta mi intimidad.

-No es precisamente nada de tu intimidad lo que me interesaba... solo quería saber si estaba tan bien como lo parece a simple vista...

-¡Beca!

-Vale... ya me callo...

-No, no te calles, ahora es mi turno de preguntas. ¿Como conseguiste el teléfono de papá?

-Bueno, no fue fácil. Intenté robarle el móvil a mamá pero fue imposible. Además dudo que lo tuviese así tan fácilmente a la vista. Llamé a casi toda la familia materna cuyo número está anotado en la agenda. Nadie me hice caso hasta que finalmente la tía Susan se apiadó de mí.

-¿Como que se apiadó de ti?

-Bueno... quizá exagerase un poco las cosas... pero la idea principal era verdad...- dijo ofendida a modo de disculpa.

-Sabes... ¡no quiero saber nada más! Vámonos a casa, tengo que arreglarme.

Nos levantamos, pagamos y salimos del bar en dirección a casa.

Capítulo 28

Me encontraba delante de la puerta de mi casa, Robert me miraba fijamente mientras yo me concienciaba para entrar.

-¿Quieres que te acompañe?- sabía perfectamente que aquello era lo que menos le apetecía en ese momento, sin embargo él estaba intentando que me sintiera dispuesta a enfrentar la situación.

-Robert, este es el momento en el que tú te giras y te vas de vuelta a tu casa. Cualquier otro acto empeoraría la situación.

-¿Puedo al menos darte un beso antes de girarme? ¿Eso empeoraría las cosas?- me miraba con aquella sonrisa que hacía que perdiese la conciencia. Da igual cuantas veces la hubiese visto antes, era totalmente hipnótica y dejaba fuera de combate a mi cerebro.

-Bueno... creo que eso puedes hacerlo. Es más, creo que deberías hacerlo.- dije esto como si realmente le estuviese resolviendo un gran problema.

Se acercó lentamente a mí y me besó.

-Cuídate ¿vale?

-Oh vamos... deja de comportarte como una niña. Es mi madre, no me voy a enfrentar a un asesino.

-Creo que preferiría al asesino...- comenzó a reírse y continuó mirándome.

-Vamos vete ya, a este ritmo se hará de noche y yo seguiré aquí mirando para ti.

Abrí la puerta y sin comprobar si se iba o no, entré en casa.

Dejé la maleta al lado de la puerta, dentro de casa pero lo suficientemente cerca de la puerta como para cogerla en caso de que las cosas no salieran bien.

Me dirigí sigilosamente al salón. Me quedé en la puerta contemplando como Beca y una chica que no conocía veían la televisión.

Tosí lentamente para llamar su atención y en ese momento mi hermana vino corriendo y me abrazó con todas sus fuerzas.

-¡No sabes cuánto te eché de menos!

-Yo a ti también enana…- le di un beso en el pelo y continué abrazándola.

Se separó de mí lentamente y le hizo un gesto a la otra chica para que se aproximase a nosotras.

Era muy guapa. Tenía el pelo ligeramente ondulado y de un color anaranjado. Era pálida y tenía unos ojos azules llenos de vida.

-Esta es Sara… una amiga, y ella, es Denís, mi hermana.-Le di dos besos mientras ella no dejaba de mirarme con los ojos como platos.

-¡No puede ser! ¿Eres la novia de Robert Pattinson?- Me puse colorada mientras mi hermana mostraba una gran sonrisa.

-Eso parece…

-¡Eres todavía más guapa que en las revistas!

-Vaya… gracias…- no tenía ni idea de donde había sacado mi hermana a aquel espécimen. Estaba claro que la falta de amigas la estaba dejando sin criterio.

-Denís, Sara normalmente se suele comportar como una persona normal, este numerito de animadora de película no es lo habitual.

Sara la miró con odio durante unos segundos y después las tres comenzamos a reírnos.

-Beca… ¿Dónde está mamá?- tenía que hablar con ella cuanto antes. Estaba cansada de retrasar el momento.

-Está en la cocina.- me giré para dirigirme hacia allí- Denís… no seas dura con ella, realmente lo ha pasado muy mal.

-Em… vale…- no pude articular ninguna palabra más.

Abrí la puerta de la cocina y me quedé de pie clavada junto a la puerta. Mi madre que se encontraba de espaldas no se inmutó. Supongo que creía firmemente que era Beca.

-Mamá…- se giró al escuchar mi voz y se quedó mirándome fijamente.

-Oh… cariño ven aquí- cualquier tipo de rencor hacia ella, se me pasó en ese momento. Le di un abrazo muy fuerte y continué agarrada a ella durante varios minutos.

-Mamá yo…-sin quererlo comencé a llorar.

-Denís, no hace falta que me digas nada. Me comporté como una auténtica bruja. Tú lo quieres y yo no soy nadie para meterme. Tienes que entender también que yo solo quería protegerte…

-Mamá si yo lo entiendo. Él es muy dulce conmigo… no tienes de que preocuparte.

-Vete a deshacer tu maleta anda.- me limpió las lágrimas que resbalaban por mis mejillas con sus pulgares.
Le sonreí y la besé en la mejilla. Me dirigí a la entrada, cogí la maleta y subí a mi habitación.

Me puse a deshacer la maleta y a colocar todo en el armario. Estaba realmente contenta. El día anterior había sido una auténtica locura, sin embargo, después de los acontecimientos ocurridos ese mismo día, lo pasado había quedado totalmente borrado.

En ese mismo momento, sonó mi teléfono móvil. Miré la pantalla y en ella pude ver un número desconocido.

-¿Si?

-¡Hola!- escuché una voz masculina desconocida.

-¿Qué tal?

-Bien, ¿quien eres?- tenía bastante claro quien era, pero él no tenía mi numero.

-¿Hace falta preguntar eso?

-No, supongo que no… solo que no esperaba tu llamada… ¿Cómo conseguiste mi número?- cada palabra que pronunciaba, sonaba más exaltada que la anterior, estaba completamente emocionada.

-Uno, que tiene sus contactos…- pude escuchar su risa, realmente adoraba su risa.

-¡Papá! ¡Te he echado tanto de menos!

-Yo también a ti…

No me podía creer que después de aproximadamente dos años sin saber nada de él, realmente estuviese hablando con él como si nunca nos hubiésemos separado.

-Cariño, ya me enteré de que tienes novio… me sorprendí mucho al enterarme de que era famoso… ¡además es muy guapo!

-Si…- comencé a reírme.

-No podía creerlo cuando Marina trajo una revista y te vi allí. Estás tan mayor… al verte así me sentí muy viejo… tenía que hablar contigo, no sabía como iba a hacer para conseguir tu número y justo un día después Beca me llamó.-Marina, era la nueva mujer de mi padre. Era más joven que él y era una persona muy dulce. De esa gente con la que es fácil hablar.

-¿Beca? Ya hablaré después con ella…-no sabía de donde había sacado mi hermana el número. Definitivamente tendría que hablar con ella más tarde.

-Bueno cariño, se que estos años no he estado a la altura de lo que podías haber esperado, pero espero que lo entiendas.

-Papá, ya lo se…

-Espero que me perdones, las cosas van a cambiar de ahora en adelante… Ya le pedí el número de la cuenta a tu hermana. Ahora vas a tener que ir a muchos eventos…

-Papá ¡no!

-Ya te lo ingresé… es lo menos que puedo hacer…

-Gracias, de verdad.

-Ahora solo queda que vengas a España a verme.

Escuché en ese preciso momento el sonido de alguien subiendo las escaleras.

-Papá te tengo que dejar, adiós te quiero- dije estas palabras a toda velocidad por miedo a que entrase mi madre en ese momento y sin dejarle contestar colgué.

En ese momento, se abrió la puerta y Rebeca y Sara entraron en mi habitación.

-¿Con quien hablabas?

-Em… con nadie… ¿Os apetece ir de compras?- Me sentía abusando de mi padre. Si no nos había dado dinero antes no era porque él no hubiese querido, era porque simplemente a mi madre no le había apetecido. Aún y así, él esperaba que yo comprase lo que me apeteciese con ese dinero y para que negarlo, las ganas de comprar no me faltaban.

-¡Si!-dijeron las dos al unísono.

Comprobé como salían de la habitación. Me senté en la cama y me puse a pensar en lo que habían cambiado las cosas en apenas 12 horas. Definitivamente, la vida que había conocido hasta ese momento, se había acabado.

Capítulo 27

Me desperté y permanecí con los ojos cerrados, si aquello era un sueño, no quería regresar a la realidad. Respiré profundamente con miedo y en ese momento pude sentir el aliento de Robert en mi pelo. Desvié mi mirada hacia arriba y comprobé como sus ojos estaban clavados en los míos. Moví mi cuello buscando su rostro y al encontrarlo a mi lado busqué sus labios con los míos. Me abracé fuertemente a él y encajé mi cabeza bajo su mandíbula.

-Me gusta verte dormir...- sonreí ante aquellas palabras e hice con mi cuerpo un ovillo en torno al suyo.

-¿Estuviste todo este tiempo mirándome dormir? ¿No dormiste nada?

-Bueno... son las cuatro de la tarde, créeme, aunque quisiera, mis tripas no me dejarían...

Moví mi cuerpo de nuevo y coloqué mi cabeza en la almohada mirando fijamente hacia Robert mientras él hacia lo mismo quedando nuestros ojos ahora frente a frente.

-Venga, te doy permiso para comer, pero después te quiero aquí, creo que hay muchas cosas de las que tenemos que hablar...- le sonreí y lo empujé para que abandonase la cama.

-¿Tú no vas a comer?- dijo esto alarmado mientras me miraba fijamente a lo que yo respondí con una amplia carcajada.

-Bueno en realidad, hoy llevo un día un poco raro. Entre los horarios y la resaca no tengo hambre la verdad.

-Mmmm- me miró pensativo durante un rato y finalmente se decidió a hablar- bueno, la verdad es que he hecho trampas, no he estado todo el tiempo aquí. Pero si no tienes hambre me arruinas la sorpresa...- Levantó de su lado de la cama una bandeja y la colocó delante de mí mientras sonreía.

-Robert... eres idiota... no hacía falta...- me senté para estar más cómoda.

-Bueno, el bacon quizá esté frío... -dijo a modo de disculpa- no sabía lo que te gustaba así que hay un poco de todo zumo, tostadas... es un desayuno comida, la verdad es que no me atreví a cocinar nada más elaborado.

-Hiciste bien... dudo mucho que yo me atreviese a probarlo...- lo miré sonriendo mientras él miraba hacia abajo de forma tímida.

-Una rosa... los de las floristerías se están haciendo ricos a nuestra consta...

-Bueno... cuando les quité los pétalos, deje una para regalarte... pero vamos come...- dijo esto restándose importancia.

-Y bien, ¿que hacía esta cama llena de pétalos y la habitación llena de velas?- comencé a engullir la comida y dije estas palabras con la boca llena.

-Así que no tenías hambre...-movió la cabeza a ambos lados mientras no dejaba de mostrarme su sonrisa.

-Bueno... quizá tuviese una poca...- me limpié con la servilleta y bebí de un sorbo todo el zumo. Me estaba comportando como una auténtica maleducada comiendo sin importarme nada más, pero me daba igual, Robert me quería y no creía que esto fuese a cambiar por ese detalle.

-La habitación, estaba como estaba porque después de lo de ayer... pensé que te merecías algo mejor. Quería darte una sorpresa...

-Si, pero debías de haber mirado lo de las velas, ¿que clase de imbécil las deja encendidas para que le arda la casa?

-Bueno, no contaba que las cosas sucedieran así...- en ese momento, se estaba poniendo colorado por no haber tenido aquel detalle en cuenta. Resultaba realmente tierno.

Le señalé el plato que no dejaba de mirar, dudó durante unos segundos y finalmente comenzó a comer él también.

-¿Alguna pregunta más?

-Unas mil... pero te toca.

-Antes dijiste que estabas de resaca... ¿bebiste?- comenzó a reírse fuertemente mientras yo lo miraba sin comprender.

-¿Cual es la gracia?- Le pegué un pequeño puñetazo en el brazo pero él continuó riéndose.

-Ninguna, ninguna... ¿que bebiste?

-¿Eso importa ahora?

-No... pero ¿que bebiste?

-Champagne...- al escuchar esto comenzó a reírse con más fuerza. Di la partida por pedida, estaba razonando con un niño, cuando decidiera parar ya me molestaría en hablar con él.

-Vale... ya paro... no hace falta que me mires así...

-Bueno, así que a tu “amiguita” le pegó el novio... ¿cuánto lleva con él? ¿lo conoces?- empecé a hacer preguntas como si de un interrogatorio se tratase para que me confirmase lo que ya sabía. Se lo había inventado.

-Pues no sé, hacía mucho que no la veía como pudiste comprobar...

-Así que no lo conoces...- no era una pregunta, estaba afirmando totalmente algo que me daba la razón.

-No, no lo conozco. ¿qué hiciste en casa de Ed?- era una realidad, ahora estábamos los dos jugando al mismo juego.

-Pues bien, te resumiré mi noche. Estaba esperando en la parada de taxis... llevaba como horas y Ed apareció en un coche y muy amablemente se ofreció para llevarme a casa.

-Si... Ed siempre es muy amable...-dijo con todo el sarcasmo con el que fue capaz.

-Enserio ¿que os pasa?

-Nada...

-¿me tomas por tonta? Primero la fiesta de disfraces... en el momento no me llamó la atención pero la segunda vez que os encontrasteis la reacción fue similar...

-Veo que te diste cuenta...

-No, que va... ¿es por algún papel?- dudaba que fuera por eso pero tenía que hacer lo posible para sonsacar información.

-Denís, en mi vida hay mucho más que papeles, y créeme, Ed y yo en ese aspecto ni siquiera jugamos en la misma liga.

Mi expresión en ese momento, era una mezcla entre divertimento e ironía.

-Claro, el señor aquí presente es mucho más importante, estúpida Denís como puedes olvidar esas cosas...

-No es por nada en concreto, déjalo en que no nos llevamos bien y punto.

-Bien-continué lo que había empezado como si aquella interrupción nunca se hubiese producido.- me llevó a casa y una vez parado el coche delante de la puerta empecé a llorar...
-¿Por que?- Enarqué una de mis cejas y lo miré fijamente mientras el me contemplaba confuso.

-¿Hace falta explicártelo todo?

-Eh... no...

-¿Me vas a dejar seguir o me vas a interrumpir a cada palabra que diga?

-Sigue... sigue...

-Me preguntó que pasaba y le dije que no quería ir a casa, me quiso llevar de vuelta al hotel pero se enteró de que tú no estabas allí y para que no estuviera sola me llevó a su casa. Estuvimos bañándonos en la piscina y bueno dormimos y después ya llamaste tú...- preferí no mencionar el beso. Lo había hecho anteriormente porque estaba enfadada, si esa situación no se hubiese producido nunca se lo habría mencionado. También preferí omitir el detalle de que habíamos dormido juntos. No había pasado nada, nada que tuviese importancia y sus celos ya eran suficientes sin ningún motivo que los acrecentase.

-pero te besó...- tampoco era una pregunta. Por mucho que me hubiese gustado aquel detalle no se le había olvidado.

-Si...

-¿Dónde? ¿Por qué?

-¿Como que dónde me beso? En la planta del pie si te parece... ¿que clase de preguntas haces?

-Me refería al sitio en dónde estabais...

-En la piscina... ¿qué importa eso? Y en cuanto al porqué, ¡pregúntaselo a él!-aquello era una conversación de locos, cada pregunta o afirmación que salía de su boca me dejaba en shock.

-Sí, creo que lo haré...

-Em, no, no lo harás...

-¿Por que no? Creo que si alguien besa a mi novia tengo derecho a saber el porqué.

-Quizá yo tenga unas palabritas con Amanda...

-Ella no me besó...

-Lo que hizo fue peor. No vas a hablar con Ed y tema zanjado.

-No puedo garantizar mi palabra...

-No lo hagas... solo te garantizo yo a ti que como le dirijas la palabra para algo más que saludarlo no voy a ser tan comprensiva como lo fui hoy. Tú verás...

Me miró como un niño pequeño mira a su madre cuando esta le prohíbe comer cualquier dulce antes de la comida.

-Te odio...

-Yo también te quiero Robert...

Se acercó a mí, situó su pierna por encima de las mías, me abrazó fuertemente con uno de sus brazos y me acercó a su cuerpo. Besó mis labios con fuerza mientras con su mano acariciaba mi cuerpo debajo de las mantas.

Lo aparté suavemente de mí y lo miré con cariño.

-Robert, necesito una ducha...

-Ahora que lo mencionas creo que yo también...- me miró con sonrisa pícara.

-Ha sido un día muy largo, necesito una ducha sola. Necesito pensar.
-Vale... pero mañana va a ser un día normal y no te me podrás escaquear tan fácilmente.

Le di un beso en la frente, me levanté y me dirigí a la puerta del baño que se encontraba en el interior de la habitación.

Cerré la puerta sin echar el cerrojo y me dispuse a entrar en la ducha.

El día anterior había sido horrible. Parecía como si durase más que un día normal. Habían pasado tantas cosas en solo 24 horas que intenté recordarlas todas. Desde luego en mi tranquila vida aquello no era lo habitual.

Abrí el grifo y sentí el agua caliente rozando mi piel. Me enjaboné y me aclaré. En ese momento me di cuenta de que no había cogido una toalla.

-Denís...-Robert estaba golpeando la puerta desde el otro lado.

-¿que? Ni se te ocurra entrar, no me hago responsable de mis actos...

-Supongo que entonces te irá muy bien con tu toalla invisible...-pude escuchar como se reía.

-¡Imbécil! ¿Por que no tienes las toallas en el baño como la gente normal?

-Porque el no ser normal es parte de mi encanto...-puse una cara que reflejaba sarcasmo aunque él no pudiese verla.

En ese momento, Robert entró en el baño. Sin previo aviso, abrió la mampara.

-Te dije que no me haría responsable de mis actos...

Robert levantó sus brazos en señal de rendición. Lo miré fijamente, le sonreí y cuando menos se lo esperaba apunté la alcachofa de la ducha en su dirección y comencé a mojarlo. Salió corriendo hacia la puerta cuando ya estaba completamente empapado, en ese momento cerré el grifo y me quedé mirando para él.

-Que sepas que no te lo mereces...- dijo mientras me envolvía con la toalla e iba secando cada parte de mi cuerpo.

-Sabes que sí...- puse voz de niña buena, me puse de puntillas y lo besé.

Salí a la habitación y mi maleta ya se encontraba encima de la cama. Me puse unos vaqueros y una camiseta floja mientras Robert se cambiaba la ropa mojada.

-¿Que vamos a hacer ahora?

-Voy a ir a mi casa, creo que es hora de dejar de huir de los problemas y enfrentarme a ellos.

Capítulo 26

Comencé a andar a toda velocidad, quería salir de allí antes de derrumbarme completamente y comenzar a llorar. No sabía a donde iría, varias posibilidades atravesaban mi mente a toda velocidad, sin embargo ninguna me parecía lo suficientemente razonable en aquel momento.

Cuando me disponía a abrir la puerta, Robert que había venido detrás de mí, se interpuso entre la puerta y yo.

-¿Se puede saber que haces? ¡Apártate!- lo agarré por el brazo para que se echara a un lado, pero el permaneció en el mismo sitio sin moverse ni un centímetro.

-¡No! ¡No te vas a ningún sitio!

-Ten muy claro que sí. Aparte, de, la, puerta.- dije cada una de las palabras de manera amenazadora.

-No me voy a apartar. Perdóname, Denís ya se que no fue el momento más adecuado para irme pero... tenía que hacerlo. Dime que quieres que haga y lo haré.

-¿No entiendes mi idioma? Lo único que quiero que hagas, es que te apartes y me dejes salir.- Cada palabra, salía de mi boca llena de rabia, como un cuchillo que se lanza dispuesto a clavar.

-¿Puedes entrar en razón? Escúchame...- su voz, sonaba suplicante, debatí interiormente conmigo misma si debía escucharlo o no. Quería hacerlo pero tenía miedo de que sus palabras estropearan todavía más la situación.

-Tienes suerte de que mi teléfono esté sin batería si no te aseguro que llamaría a la policía...

-Bueno, noto cierto grado de humor, vamos progresando...- intentó esconder de forma fallida una pequeña sonrisa mientras yo lo atravesaba con una mirada de odio.

-Habla, di lo que tengas que decir y me iré...

-No pienso hablar contigo así, teniendo que estar apoyado en la puerta para que no te vayas...- me agarró de la mano y tiró de mí hacia el salón. Finalmente me di por vencida y lo seguí.

Nos sentamos en el sofá, cada uno en un extremo. No quería mirarlo, sabía que si lo hacía simplemente no podría seguir comportándome como lo estaba haciendo. Como debía.

-Vamos tengo que enseñarte una cosa…- Se levantó del sofá, y agarró mi mano con fiereza. Me condujo escaleras arriba y entramos en una habitación.

Miré a mi alrededor. La cama estaba llena de pétalos rojos y estaba rodeada de velas. Algunas permanecían encendidas, otras yacían apagadas ya que su llama se había consumido.

Nos sentamos en la cama, miré fijamente al suelo, simplemente escuchando sus palabras. No quería que sus ojos o su sonrisa me obligaran a tomar una decisión errónea.

-Denís, quiero pedirte perdón por todo. Sé que estás decepcionada y enfadada conmigo por haberme marchado, pero entiéndeme, tenía que hacerlo.

-¿Pero es que no te das cuenta de que te está engañando? Robert eres imbécil si piensas que eso es verdad. Esa... Amanda- Tuve que luchar fuertemente contra mis instintos y llamarla por el nombre- está totalmente loca por ti. Apuesto a que vio que subíamos a la habitación y eso no entraba dentro de sus planes.- respiré profundamente, estaba consiguiendo calmarme.

-Nadie haría eso... ¿que clase de mente retorcida tienes?

-No lo quieras saber... Robert por las buenas puedo ser muy buena, pero como alguien sobrepase los límites o toque algo que me pertenece no estoy dispuesta a seguir siéndolo...- aunque Amanda no estaba allí, aquellas palabras iban dirigidas a ella. Robert era mi novio, ella había arruinado en una ocasión las cosas entre nosotros pero yo no lo permitiría nunca más.

-Bueno... vale... aunque al menos yo no fui corriendo a sus brazos...

-¿Sabes que? Esto no ha sido una buena idea... me voy...- me levanté y me alejé. Estaba descubriendo en él, una parte celosa que no conocía, celosa y hasta incluso enfermiza.

-¿Vas a llamarlo verdad?-pregunto de una forma acusatoria.

-¿Por que no dejas de atacarme una y otra vez?

-Porque si ayer fuiste, no veo una razón para que hoy no lo hagas.-comenzó a gritarme, y no pude contenerme, lo miré fijamente y le pegué una bofetada.

Observé su expresión durante varios segundos, aquello se me había ido de las manos. No sabía como reaccionaría, pero antes de que me diese tiempo a hablar, Robert se abalanzó sobre mí y me besó.

-¿Qué haces?- me aparté de él. Una parte de mí lo deseaba como nunca antes lo había hecho. Sin embargo tenía que mantenerme sin dejarme embaucar por sus encantos.

Ignoró mi comentario totalmente y continuó besándome. Sus labios, recorrían los míos con desesperación. Sus manos, abrazaban mis hombros, se echó encima de mí, y me recostó en la cama.

Apoyó su peso sobre los codos, juntando su cuerpo con el mío. Mientras, sus labios juguetones acariciaban mi cuello. Debía detenerlo antes de que mis instintos se apoderasen de mí y ya no fuera capaz de frenarlo.

Apoyé mis manos en su pecho y lo aparté de mí. Robert observó mis ojos con profundidad. Acto seguido, volvió a dirigir sus labios a mi cuello y continuó besándome de manera que mi cuerpo se estremecía y hasta el último pelo de mi cuerpo se erizaba.

-Robert… pa… para- conseguí articular con mucha dificultad.

-¿Qué pare de hacer que? ¿Esto?- dijo mientras besaba mi cuello. En un movimiento rápido, llevo sus labios a mi oreja y comenzó a mordisquearla de arriba abajo. - ¿O esto?- susurró en mi oído.

-Todo. Si no paramos ahora, todo lo que nos queda por hablar será algo que estará ahí, algo que nos separará poco a poco.- Apoyó sus brazos a ambos lados de mi cuerpo y levantó su tronco despegando su pecho del mío.

-Denís, desde que te conozco todo es diferente. Hace tiempo que mi vida había perdido todo el sentido. Tu eres mi vía de escape, quien me hace recordar que no soy solo una marioneta.- Lo miré fijamente, aunque era lo correcto, no podía estar por mas tiempo enfadada con él. Quería sentirlo, besarlo y acariciarlo.

-Te quiero- fue lo único que fui capaz de decir. Levanté mi espalda que hasta ese momento permanecía pegada al colchón y busqué sus labios. Mi boca rodó hasta su mandíbula, descendió lentamente por su garganta hasta tocar su nuez. Moví mi lengua sobre ella y la mordí con delicadeza. Observé la reacción de Robert, que en ese momento había cerrado los ojos y ronroneaba.

Movió su cabeza hacia delante, volviendo a apoyar la totalidad de mi espalda en el colchón y colocó las manos debajo de mi camisa acariciando mi vientre.

Dibujó con sus dedos círculos sobre el contorno de mi ombligo y sin poder evitarlo estallé en una profunda carcajada.

Robert me miró con incomprensión buscando el motivo de mi reacción.

-Cosquillas, me haces cosquillas…- continué entre risitas.

Robert intentó apartar sus manos de mi barriga, pero yo me anticipé a su reacción y las agarre con fuerza sobre mi vientre. Las deslice de arriba abajo, sobre mis costados y levanté mi cuerpo para situarlas detrás de mi espalda.

Robert jugó con la línea de mi columna, mientras nuestros labios eran uno y mis dedos recorrían su pelo de forma juguetona.

Bajé mis manos por su rostro, su cuello y sus hombros y recorrí su ancha espalda inquietamente. Subí mis manos por la parte delantera de su cuerpo y apoyé las palmas de mi mano en sus pectorales.

Aparté sus labios de los míos y lo miré de la forma más seductora que fui capaz mientras mordisqueaba sugerentemente mis propios labios.

Llevé mis manos a su cuello y comencé a desabrochar uno a uno los botones de la camisa gris que llevaba.

Bajé mis manos lentamente de uno a otro. Doblé mi columna y busqué su piel con mis labios. Mis manos, recorrían uno a uno cada uno de los botones, mientras mi boca las seguía rozando la piel que poco a poco quedaba descubierta.

Cuando la camisa estuvo completamente desabrochada, tiré de ella hacia atrás con fiereza. Dejando que mis ojos y mi lengua se deleitasen de su piel desnuda.

Situó su mano derecha en mi clavícula, y empujándome lentamente me volvió a recostar completamente.

Llevó sus manos a mi camisa y lentamente fue desabrochando los botones, hasta que finalmente se canso del lento ritmo y tiró de ella hasta romper la parte inferior de la camisa en la que los botones permanecían abrochados.

Enrosqué mis piernas sobre su cuerpo mientras besaba su frente comprobando como sus ojos estaban posados en mi sujetador. Mis mejillas se sonrojaron y el calor llenó mi cuerpo de pies a cabeza. La noche anterior, él me había visto, pero no de aquella manera. No había sido él quien me había desprendido de mi ropa interior.

Llevó su mano a mi espalda y desabrochó el enganche. Cerré los ojos y respiré profundamente, no había razón para que sintiese pudor delante de él.

Colocó ambas manos sobre mi sujetador y lentamente lo sacó de mi cuerpo. Me sentí desprotegida y en ese momento mi pudor se transformó en temor, sentimiento que rápido desapareció cuando vi la cara de excitación de Robert.

Llevó sus manos a mis pechos y los acarició mientras yo continuaba besando su cuello y notaba mi sangre palpitando, luchando por salir de mis venas.

Desplazó su boca hacia mi pecho y recorrió con su lengua cada uno de ellos y mi canalillo. Me estremecí y me encogí hasta doblar cada uno de los dedos de mis pies.

Emití un pequeño gemido y busqué sus ojos que brillaban excitados en ese momento. Bajó una de sus manos hasta mi cintura y acarició con ella todo mi cuerpo.

Busqué temblorosa con mis manos su pantalón y desabroché el botón. Robert bajó sus pantalones, los quitó y los dejó a un lado, en el suelo.

Jugó con sus dedos acariciando mi cintura, y finalmente desplazó la ropa interior que me quedaba puesta hasta los tobillos.

Me estremecí y sentí como mi cuerpo comenzaba a temblar. Me miró fijamente y antes de que me diese tiempo a plantearme si el temblor venía producido por el miedo, el frío o ambas cosas, Robert llevó su dedo índice a mis labios.

-Te quiero-besó mis labios con dulzura mientras se desprendía de la única prenda que llevaba puesta.

Se posicionó entre mis muslos, y pude notarlo dentro de mí. Una corriente eléctrica atravesaba mi cuerpo mientras podía comprobar como Robert ahora incrementaba el ritmo. Agarré con fuerza las sábanas mientras notaba como mi respiración comenzaba a acelerar.

Sentía su cuerpo dentro de mí, cada vez más rápido y comencé a mover mis caderas en un intento por unir nuestros cuerpos en un mismo movimiento.

Abracé su cuerpo con fuerza, después de una primera vez fallida, aquella era la vez en la que nuestros cuerpos se unían en uno solo. Desplacé mis manos por su espalda mientras nuestros labios continuaban, irrefrenables e incansables y nuestra respiración y nuestros gemidos incrementaban acompasadamente.

Subió el ritmo un poco más, en ese momento pude sentir una explosión de euforia en cada músculo de mi cuerpo, saqué mis uñas y las clavé en su espalda sin poder evitarlo. Había pasado. Sonreí y entrecerré mis ojos varias veces. Noté como mis músculos se tensaban uno a uno. Era una situación increíble. Mi cabeza daba vueltas, y pasado un rato, me encontré totalmente desubicada.

Robert, que segundos antes había gemido de forma estrepitosa, apoyaba su cabeza sobre mi pecho mientras abrazaba mi cuerpo con dulzura.

No había palabras para definir aquello, todo lo magnifico que llegase a decir se quedaría corto. Me olvidé de todo aquello por lo que habíamos discutido y pensé en que nunca habíamos estado tan unidos como hasta aquel momento.

-Te quiero, te quiero, te quiero…- no había otras palabras que me apeteciese decir más que aquellas en ese momento.

Miró fijamente mis ojos y contestó a mis palabras con besos en mi cuello mis labios y mi frente. Cerré los ojos, abracé fuertemente su cuerpo y noté su cabello rozando contra mi piel y haciéndome cosquillas.

Aquella era la experiencia más maravillosa de mi vida, y con Robert a mi lado se repetiría una y otra vez hasta llevarme a la locura.