martes, 15 de diciembre de 2009

Capítulo 48

Miércoles

Estaba acostada sobre mi cama con Abbey Road sonando a todo volumen. Cuando comenzó a sonar The End comencé a gritar mientras saltaba por la habitación haciendo que tocaba la guitarra.

Las maletas estaban preparadas. Ed pasaría a buscarme en 45 minutos. El momento de ver a mi padre cada vez estaba más cerca.

Mientras seguía danzando al ritmo de la música comprobé que en el interior de la maleta se encontraban todos los objetos que había anotado en la lista. En efecto, todo estaba completamente perfecto para salir.

Bajé al salón cargando la maleta con esfuerzo. Tenía que despedirme de mi madre y mi hermana.

Sábado. 4 Días antes.


Lo que se encontraba bajo mi espalda, era el mando de la televisión. Con mi peso sobre el, la había encendido. Y en la televisión, estaba él.

Como acto reflejó me senté en la cama y me quedé contemplando a Robert durante un largo rato. Ed a mi lado permanecía en completo silencio.

Luché contra las ganas de llorar y salir corriendo que me invadieron en ese momento. Aparté los ojos de la pantalla, no podía contemplarlo por más tiempo.

Ed se acercó a mi y me dio un beso en la mejilla.

-Está bien, lo entiendo.- dijo mientras subía la cremallera de mi vestido.

-Ed, lo siento...- dije de forma entrecortada. Aunque quería no podía hacerlo, no después de eso.

-No tienes que sentir nada...- dijo esto intentando parecer tranquilo aunque en el fondo estaba molesto.

-Ed, es tu cumpleaños y no quería estropearlo...

-Mira, nunca te reprocharé que lo sigas echando de menos. No me apetece hacer nada sabiendo que vas a estar pensando en él.

No era justo, ni siquiera escuchaba sus palabras, estaba totalmente absorta en la voz que provenía de los altavoces de la televisión.

-Tengo que irme, lo siento. Siento portarme así. Te recompensaré por esto.

Me miró con una sonrisa.

-Te lo prometo- dije intentando devolverle la sonrisa.

-Te acompaño- dijo mientras se levantaba de la cama

-Ed, es tu cumpleaños no puedes abandonar la fiesta por venir a acompañarme.

-Ahora acabo de abandonar la fiesta y seguro que nadie se ha dado cuenta.

-Necesito estar sola...- lo besé y salí de la habitación tan rápido como me fue posible.

Bajé las escaleras a toda velocidad mientras llamaba por teléfono a un taxi.

Cuando el coche llegó, tras decirle la dirección comencé a llorar en silencio.

Domingo, 3 días antes.

Había reprimido mis instintos de llamar a Robert durante toda la noche, aunque era algo imprudente por mi parte quería volver a oír su voz. Quería que me volviese a decir que me quería. Ya no me importaba si era verdad o no, solo quería oírlo una vez más.

Ed me llamó varias veces, estaba bien, ¿que iba a decirle? Claro que estaba bien. Solo los fantasmas del pasado habían decidido hacerme la existencia imposible. Al fin y al cabo, eso ya formaba parte de la historia de mi vida.

Me dirigí hacia la habitación de mi madre, era muy temprano y todavía estaba acostada. Me metí en la cama con ella esperando a que se despertara. No hizo falta, estaba despierta y en ese momento miró hacia mi.

-Hace muchos años que no te acuestas en la cama conmigo...

-Ya... de pequeña solía despertaros todos los fines de semana a papá y a ti cuando me levantaba para ver los dibujos...

-Denís, no es que no me guste tu compañía, es solo que te conozco lo suficiente como para saber que te pasa algo. De no ser así, no estarías aquí acostada. ¿que va mal?

Solía engañarme, creía que mi madre no me conocía y me conocía mejor que nadie, al fin y al cabo era mi madre, supongo que era lo normal.

-Mamá, el miércoles me voy a España. Papá me mandó unos billetes...

-Unos billetes, ¿para quién?

-Para Ed y para mi...

En el momento en que llevaba mis manos en dirección a mis oídos para amortiguar los gritos, mi madre abrió la boca.

-Está bien, es normal que quieras ver a tu padre. Me alegro de que Ed te acompañe... por cierto, ¿que tal en su cumpleaños?

Miércoles.

La maleta pesaba demasiado, no sabía que tiempo haría así que había metido toda la ropa que se encontraba en el armario.

Dejé la maleta al lado de la puerta y entré en el salón.

-Bueno chicas, un abrazo.

-Cómprame algo-dijo mi hermana mientras me abrazaba.

-¡Pórtate bien!¡ y llama cuando llegues!

-Si, mamá...

-¿Estás segura de que no quieres que te lleve a la estación?

-No, nos lleva Ben el agente de Ed.

-No me hace ni pizca de gracia que tenga que llevarte el agente de tu novio en vez de tu madre. ¿que clase de madre soy?

-La que tienes que ser.

En ese momento el timbre sonó, les di un beso a cada una y salí corriendo hacia la puerta principal.

-¡Nos vamos!- le di un abrazo a Ed que me miraba sorprendido por mi emoción.

-Eso parece...

Me dio un beso y cogió mi maleta. Mi madre y mi hermana se encontraban ahora al lado de la puerta y sin previo aviso las dos me abrazaron.

-¡Venga soltadme! Me vais a hacer perder el avión...

-¡Mi niña se hace mayor!- dijo Beca imitando a mi madre con dramatismo.

Cuando conseguí desprenderme de ellas salí de casa y antes de subirme al coche volví a mirar hacia la puerta. Me despedí con la mano. Solo me iba una semana pero dada la situación parecía que no fuese a regresar.

-¡Hola Ben!

-Hola Denís, ¿preparada?

Miré a Ed dudosa, no sabía lo que quería decir.

-No le hagas caso... es solo que conduce como un loco.

El coche arrancó. Era verdad, conducía como un loco. Me puse el cinturón a toda velocidad y me agarré a la “asita” de encima de la puerta como solía hacer mi abuela.

-Ya llegamos, ¿pasaste miedo?

No fui capaz de contestar, creo que mi cara hablaba por si sola porque los dos comenzaron a reírse.

Nos despedimos y entramos en el interior del aeropuerto. Buscamos la cola para embarcar y nos dispusimos a esperar a que llegara nuestro turno.

-¿Estás nerviosa?-preguntó Ed sonriente.

-Si, no.. no se. Bueno no es nerviosa es emocionada. Quizá tu si que deberías estar ner...- Ed no me dejó acabar la frase, comenzó a besarme mientras me cambiaba de posición.

-Eso precisamente no va a conseguir que le caigas mejor a mi padre...

-¿Te apetece que vayamos a tomar un café?

-Tenemos que facturar, después iremos.

-Me apetece ahora... necesito tomar algo antes de volar.

-No seas caprichoso...

Observé la cara de Ed un momento. En su rostro había una expresión extraña. Me giré para ver lo que la provocaba.

En ese momento todo mi mundo se vino abajo. Todo lo que creía ya superado reapareció al momento.

-Hola Ed, hola Denís...

Estiré mi brazo para estrechar su mano sin poder articular palabra. Sin embargo agarró mi mano y acercándome hacia él me abrazó.

-Te he echado de menos.- dijo a mi oído para que Ed no pudiese oírlo. Besó mi pelo y se apartó de mi.

Lo miré fijamente, Robert estaba mirando mi cuello y sonreía.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Capítulo 47

Estaba completamente histérica, quería estar totalmente perfecta para la fiesta de esta tarde. Aunque no me hacía la
menor gracia sabía que habría muchos ojos fijos en mi.
Me probé el vestido que Ed me había regalado, se me había antojado hacía semanas, había fantaseado con ponermelo, con que me quedara perfecto. Ahora era una realidad.
Entré en la habitación de Beca para que me viese, quería que ella diese el visto bueno.

-¡Tachán!- dije en cuanto entré por la puerta.

-No estás mal...- dijo con una sonrisa torcida en el rostro.

-¿Tu que vas a ponerte? ¿quieres que te preste algo?- Ed había invitado a mi hermana, a su novio y a su amiga.

-En realidad... no voy a ir. Disculpame delante de Ed, pero esque creo que no pinto nada allí. Daniel no se sentiría comodo y Sara se encargaría de avergonzarnos acosando al primer famoso que se cruzara en su camino-dijo riéndose.

-Lo entiendo, aunque me gustaría que vinieras..- dije con tristeza. Me hubiera gustado que ella estuviera allí. No conocía a los amigos de Ed, y no conocía a la gran mayoría de la gente que solo estaba allí porque se apuntaba a la primera fiesta que encontraba.

El momento había llegado, tenía que decirle a mi hermana lo de mi padre, no sabría como reaccionaría.

-Beca.. la carta era..

-de papá, ya lo se.

-¿ya lo sabes?-pregunté confusa.

-Si, él me llamó para explicarmelo. Me gustaria ir con vosotros pero pensandolo bien... ¡solo me quedan seis meses para los dieciocho! Espero que le saques muchas fotos a Adrian...-dijo esto último con pena.

Adrian era el hijo que mi padre había tenido con su actual pareja. Era mi hermano y aunque ya tenía cuatro años todavía no había tenido la oportunidad de conocerlo.

-Se las sacaré, te lo prometo, y le hablaré mucho de ti.

-No te esfuerces, en cuanto me conozca le caeré mucho mejor que tú...- dijo con una sonrisa.

-Ahora ayudame a peinarme, por favor.

Nos dirigimos al baño, como parte de un ritual me senté en la tapa del retrete completamente a disposición de mi hermana. Hacía tiempo que había entendido que discutir acerca de lo que decidiera hacerme, era una pérdida de tiempo.

-¿Estás preparada para la que se te viene encima? Docenas de famosillos mirándote y acusándote de ser la exnovia de uno de ellos y ahora ser la novia de otro...

-Tus intentos de dar ánimos, son de lo más alentadores-dije entre risas. Estaba de buen humor, meses atrás habría estado acobardada ante aquella situación, ahora la perspectiva me divertia.

-Perfecta, mírate en el espejo... ¿te gusta?

-Me encanta, gracias imbécil.

Beca simuló una cara de ofensa y salió del baño. Llamé a un taxi y me dirigí a la habitación de mi hermana para pasar el tiempo que quedaba hasta la hora que había fijado con el taxista.

-¿Que planes tienes para hoy?- le pregunté.

-Voy al cumpleaños...- dijo intentando parecer seria.- a casa de Daniel, sus padres no están y bueno...

-¡Ya me contarás todo! Voy a bajar y despedirme de mamá.

Cojí la chaqueta y el bolso y bajé las escaleras a toda velocidad. Entré en el salón, que era donde se encontraba mi madre en ese momento, viendo una película.

-Mamá me voy, no creo que esta noche duerma en casa.

-Denís...-pensé que iba a soltarme algún consejo que no quería escuchar- ese chico me gusta. Pasalo bien.

Sin dar crédito a lo que acaba de oir salí de casa y entré en el taxi que acababa de llegar.

Al llegar a la puerta me recibió Ben, el agente de Ed. Me estrechó la mano al tiempo que me sonreía.

-Me alegro de que hayas venido, de no ser así Ed me habría matado por haberle organizado esta fiesta.

-No faltaría de ningún modo- dije mientras sonreía.

-Está en la piscina, ¿te acompaño?

-Creo que puedo llegar yo sola, gracias Ben.

Comencé a andar por la casa. La música estaba a todo volumen. Varias chicas bailaban en el salón mientras el resto de la gente que se encontraba en la estancia bebía ocuapando alguno de los sofás.

Continué andando mientras sonreía a los que me miraban a mi paso.

Entré en la zona de la piscina, Ed estaba al fondo de espaldas a mi. Me acerqué a él y me situe detrás tapándole los ojos.

-¿Anna?-preguntó intentando parecer serio. Lo pellizqué en un brazo. -¿Jessica?

Comencé a besar su cuello con las manos todavía tapandole los ojos.

-Si, definitivamente Jessica...- comenzó a reirse, acarició mis manos y apartándolas de su rostro se giró.

-¡Ah! ¡Denís eras tu!- dijo con una sonrisa.

-¡Imbécil!-le pegué un pequeño puñetazo en el hombro y comencé a besarlo.

Al final el vestido acaba siendo un regalo para mi. Estás guapísima.
¡Aaaa!-chillé- ¡no seas empalagoso!

Me agarró de la mano, y me llevó hacia uno de los sofás blancos que una pareja acababa de dejar libre.

-¿Que te apetece hacer? Quiero que estés agusto.

-Por lo de pronto, beber...- dije mientras cogía una copa de champagne de una bandeja que llevaba el camarero que acababa de pasar.

Estando allí sentada vi a las tres chicas de las que me había salvado Ed en una ocasión anterior. Me miraban con odio. Las mire fijamente y sonreí, levanté la copa en su dirección y tras beber de un trago el contenido besé a Ed de forma apasionada.

-Ven, voy a presentarte a algunas personas.

Ed me presentó a algunos de sus amigos del instituto y de la Universidad, a algunos productores, actores y demás personas del mundillo. Estuvimos bastante tiempo charlando y bebiendo, estaba pasándomelo muy bien.

-Me apetece hacer algo...

-Dime, sabes que si ahora mismo quisieras que me tirara a la piscina vestido, lo haría.

-Y no sería la primera vez...- dije entre risas.-No se trata de eso, es solo que te entretendría y no podrías ser un buen anfitrión...

-Hay alcohol, dentro de un rato la gran mayoría no recordarán ni de quien es el cumpleaños...

-Ben me matará...-dije entre risas al tiempo que agarraba su mano con fuerza guiándolo camino de su dormitorio.

-Ben podrá soportarlo...

Me agarró por la cintura mientras me daba besos en el pelo al tiempo que avanzábamos.

-¡Amanda!-dije gritándo en cuanto la vi.

Amanda se giró hacia mi y me miró confusa.

-Eh.. hola. ¡Felicidades Ed!- le dió un abrazo mientras por encima de su hombro me miraba con expresión de odio.

-¿No vas a darme un abrazo a mi también?- dije con una sonrisa.

-¿Os conocéis?- preguntó Ed confuso. Yo ya le había hablado de ella, aunque en ningún momento había mencionado su nombre.

-Somos viejas amigas- respondí todavía sonriéndo.

-Eh si...- respondió Amanda cada vez más confusa.

-¿Que tal está tu novio?-pregunté. Aunque no acababa de reconocerme estaba disfrutando con aquello.

-¿Que novio? Que yo sepa, no tiene novio- dijo Ed mientras nos miraba a las dos.

-No, no tengo...-Amanda me atravesó con su mirada.

-Ah bueno, era lo que tenía entendido... Pues suerte, la fiesta está llena de chicos guapos.

Agarré a Ed y tiré de él escaleras arriba.

Cuando llegamos a la habitación comenzamos a besarnos. Agarré con fuerza su chaqueta y quitándosela la tiré al suelo.

Lo aparté unos centímetros de mi y lo empujé suavemente haciendo que se sentara en el sillón de cuero blanco que se encontraba a la izquierda de la cama.

Comencé poco a poco a bajarme los tirantes del vestido mientras me miraba fijamente con una sonrisa.

Inclinó su cuerpo hacia delante hasta que alcanzó mi mano. Tiró de ella y me sentó sobre él. Continué besándolo al tiempo que desabrochaba los botones de su camisa y sentía sus manos recorriendo mi pelo y mi espalda.

Posó sus manos en mis muslos y agarrándome con fuerza se levantó sujetando mi cuerpo y me recostó en la cama. Se tumbó encima de mi y en ese preciso momento noté algo bajo mi espalda.

"Edward decide dejarla porque sabe que es lo mejor para ella. Su mundo no es el adecuado. Intenta que lo odié diciéndole que nunca la ha querido, pero es mentira, él solo intentaba protejerla"


Lo que se encontraba bajo mi espalda, era el mando de la televisión. Con mi peso sobre el, la había encendido. Y en la televisión, estaba él.

martes, 17 de noviembre de 2009

Capítulo 46

Denís.

Me quedé como una idiota mirando el teléfono, como si el tuviera la culpa de mis problemas. Me levanté de la cama y fui directa a la estantería. Comencé a rebuscar entre mis cds y entre ellos elegí el de Jeff Buckley que me había regalado mi padre años atrás. Adoraba aquel cd, por lo que significaba y por el efecto que era capaz de hacer sobre mi.

Lo dejé sonar y me acosté en la cama. Cerré los ojos intentando concentrarme en cada una de las notas musicales, pero por mucho que lo intenté no lo logré. La melodía se mezcló con la voz de Robert. Mi mente se negaba a dejar de repertirme un te quiero doloroso y desgarrador. No lo pude evitar y comencé a llorar al rememorar cada uno de los momentos que habíamos pasado y por primera vez no fui capaz de saber si las lágrimas demostraban tristeza o la más profunda de las alegrías.

El timbre sonó y me desperté sobresaltada sin darme cuenta de cuando me había dormido. Me desperecé y bajé corriendo las escaleras sin consultar el reloj. En ese momento mi hermana se acercó con una carta entre sus manos.

-Es para ti, no trae remitente...- dijo con una sonrisa.

Se la arrebaté con fuerza y subí a mi habitación para leerla. La abrí nerviosa, sin saber lo que me iba a encontrar.

La desdoblé y una sonrisa se dibujo en mi cara. No importaba el tiempo que pasara, reconocería aquella letra donde fuese. Era de mi padre.

Pensarás que tu padre es un anticuado, que las cartas son del siglo pasado y que un e-mail hubiese sido mucho más adecuado. Puede ser, pero con el e-mail no podría haberte mandado los billetes. Son dos, uno para tu novio y otro para ti, me gustaría que tu hermana viniese pero al ser menor de edad tendremos que esperar un año para que tu madre no se oponga. Tengo muchas ganas de verte y no acepto un no por respuesta.

Un beso mi vida. Estaremos esperandoos en el aeropuerto.

Comprobé el contenido del sobre, en efecto como mi padre había dicho, en el interior se encontraban dos billetes fechados en la semana próxima. Guardé la carta en el cajón y busqué el momento adecuado para comunicarle a mi madre mi plan.
Por fin vería a mi padre de nuevo, había fantaseado con aquel momento durante mucho tiempo, conocería a su mujer y lo que era más importante, a mi hermano.

Me vestí a toda velocidad, faltaba apenas media hora para que Ed llegase. Bajé las escaleras corriendo y fui directa a la cocina para hablar con mi madre.

-Denís ayúdame con el estofado. Espero que ese chico llegue puntual porque si esto se pasa de tiempo no estará ni la mitad de rico- dijo mirándome con una sonrisa.

-Mamá... prométeme que te vas a portar bien...- dije con ciertas dudas.

-¡Por Dios, hija! Creo que a estas alturas tengo bastante claro como tengo que comportarme...

Por un momento estuve a punto de sacar el tema de Robert. No era necesario. Mi madre por alguna razón estaba feliz, tarareaba al ritmo de la música de la radio y bailaba al tiempo que removía el contenido de una olla. Tenía su buen humor de mi parte, no había necesidad de cambiar eso.

-¿De quien era la carta?- preguntó mi hermana que entró en ese momento en la cocina.

-Shh... ya te lo contaré después- dije agarrándola del brazo y sacándola de la cocina. Podría habérselo contado pero no me sentía capaz. Sabía que ella tenía tantas ganas como yo de verlo. Me comporté como una egoísta, preferí retrasar el momento y tenerla de mi parte por si algo durante la comida salía mal.

El timbre sonó en ese momento, me dirigí a la puerta y alli estaba Ed. Me abalancé sobre él y comencé a tirarle de las orejas.

-¡Felicidades! ¡Felicidades!- dije al tiempo que lo besaba.

-Deja de tirarme de las orejas, 22 ya son muchas veces- dijo mientras me besaba y me cogía por la cintura guiándome hacia la cocina.

-Parece que conoces mi casa mejor que yo misma- dije sonriendo. Me giré y lo observé durante un momento. Me sorprendía el atuendo que llevaba. Había pensado que se iba a poner ligeramente elegante para la ocasión y sin embargo me equivocaba por completo. Vaqueros y camiseta de manga corta. Le sonreí y lo besé nuevamente antes de entrar en la cocina.

Tosí ligeramente para que mi madre que se encontraba muy ocupada entre fogones se girase y nos prestase atención.

-Mamá este es Ed...- la miré fijamente para observar la cara que ponía mientras lo examinaba.

-Señora Anderson- dijo Ed al tiempo que estrechaba su mano.

-¡Por favor! ¿No me creerás tan vieja como para tratarme de señora?, llámame Olivia- dijo mi madre entre risitas.

-¿Te ayudo en algo? Olivia- dijo Ed muy serio al tiempo que yo lo miraba sorprendida intentando aguantar una carcajada.

-No, no, hoy eres nuestro invitado, sentaos a la mesa.

Salimos de la cocina y nos dirigimos al salón.

-Espera aquí un momento, tengo que ir por algo al coche... ¡hola Beca!- dijo girándose hacia mi hermana que acababa de entrar en la estancia en ese preciso momento.

-Hola Ed, que guapo ¿intentando impresionar a la suegra?

-Haciendo lo que se puede...- dijo al tiempo que acariciaba su cabeza.

Lo observé salir y antes de que me hubiese dado tiempo a moverme, volvió a entrar. Traía una caja grande que dejó en la puerta y una bandeja que todavía tenía en sus manos.
Nos dirigimos a la mesa, mi madre y Beca ya nos esperaban allí. Dejó la bandeja encima de la mesa y le quitó el papel que envolvía el contenido.

-¡Tortilla!- dijo mi madre con emoción.

-Bueno... es un poco extraño presentarse con una tortilla pero se que estuvisteis viviendo en España y seguro que la echáis de menos.

No daba crédito a lo que estaba viendo. Tenía a mi madre completamente ganada, aunque nunca le había dicho nada a Ed mi madre solía bromear sobre la tortilla de patata y como era lo que más echaba de menos de España.

-¿De dónde la sacaste?- le dije en voz baja.

-Tengo mis contactos....- comenzó a reirse.- En realidad fue tan fácil como buscar un restaurante de comida española, espero que sepa bien.

-Y dime, Ed, ¿que estudias?-preguntó mi madre de manera inocente.

Beca y yo nos miramos durante unos segundos mientras me esforzaba en disimular para no reirme.

-En realidad ahora ya no estudio, abandoné la universidad Hertfordshire para estudiar teatro y... ahora soy actor.

-¿Eres actor?- preguntó mi madre con ironía.

-Si... o eso intento.

-Actor, bueno eso ya lo he oído antes. ¿De verdad no se trata de una broma?

-Lo siento pero no.

-Denís, por Dios, ¿no te puedes buscar un novio normal?- dijo mirando hacia mi.

Cuando me disponía a responderle con una frase para que cambiara el rumbo de la conversación Ed me interrumpió.

-Bueno en realidad creo que me puedo considerar normal. Mi madre es psicóloga, mi padre profesor, tengo dos hermanos, me gusta el cine, la música y pasar el tiempo con mis amigos y mi novia. Si le preguntas a alguien “normal” de mi edad, no creo que te responda algo muy diferente.

Ante estas palabras mi madre se quedó callada.

El resto de la comida transcurrió positivamente. Ed estuvo hablando todo el rato, se le veía muy cómodo. No sabía como lo conseguía pero siempre conseguía ganarse a todo el mundo. Sonreí durante un momento, dentro de lo malo a mi madre no le importaría que fuera él quien me acompañase a ver a mi padre.

-Ed, vamos tengo que darte el regalo-dije una vez que habíamos acabado.

Lo observé mientras se levantaba y se disponía a recoger los platos.

-Ed, por favor, te repito que eres nuestro invitado.

-Pero no importa, de verdad, así acabamos antes.-dijo mirando a mi madre muy seriamente.

-Vamos anda...-dije mientras lo agarraba de la mano y lo dirigía hacia mi habitación.

Antes de llegar a las escaleras cogió la caja que había dejado junto a la puerta y me siguió hasta mi habitación.

-¿Que tal fue?- preguntó mirándome fijamente.

-¿Me tomas el pelo? A este paso mi madre me echa de casa para adoptarte a ti.

Ed me recostó en la cama y comenzó a besarme al tiempo que acariciaba mi cuerpo.

-Ahora no...-dije apartándolo de mi.

Sin inmutarse cogió la caja blanca que se encontraba en el suelo y me la dio.

-¿Qué es?

-Un regalo...

-El que estás de cumpleaños eres tu... ¿dónde se vio que hiciese regalos el cumpleañero?- dije al tiempo que le daba un beso.

-Venga, ábrelo.

Lo abrí. No podía creerlo, dentro de la caja se encontraba un vestido rojo y negro que había visto días atrás en un escaparate y del que me había enamorado a primera vista.

-Ed...

-Sabía que te gustaba... lo dijiste durante toda la tarde, no iba a dejarlo allí.

-Gracias, aunque ahora mi regalo queda muy cutre...-dije sacando de debajo de la cama un paquete.

Era un álbum con fotos de los dos y algún que otro recuerdo. No se me había ocurrido nada mejor, no resultaba nada fácil escoger un regalo para alguien que podía comprarse todo lo que quería.

-Me encanta- dijo al tiempo que iba pasando las páginas. Era verdad, realmente le encantaba, podía notarlo en sus ojos.

-Y eso no es todo- saqué el sobre con la carta que me había mandado mi padre y le di un billete de avión.

-¿que significa esto?-preguntó mientras observaba el billete.

-Significa que ahora que pasaste la prueba delante de mi madre, espero que tengas el mismo éxito con mi padre... la semana que viene.

-Por fin lo vas a ver...- dijo dándome un abrazo.

Se apartó de mi y me miro fijamente.

-Denís... no se como decirte esto porque se que no te va a apetecer.

-¿que no me va a apetecer?- dije mientras golpeaba su brazo.

-Me llamó hoy mi representante, hay una fiesta “sorpresa” hoy en mi casa para celebrar el cumpleaños. ¿Vendrás? Dime que si.

Pensé durante unos segundos en la gente que habría allí. Seguramente gente que en anteriores ocasiones me había despreciado. Sonreí. Yo ya no era aquella Denís indefensa que se acobardaba a la primera de cambio.

-¿A que hora?

-7.30

-Estaré puntual.- dije esto y a continuación comencé a besarlo.

jueves, 29 de octubre de 2009

Capítulo 45

Acababa de llegar al hotel después de un duro día en el set de rodaje. Me dirigí directamente a la ducha. Me sentía cansado, había sido un día muy largo. Abrí el grifo y deje que mi mente volase libremente.

El agua se deslizaba sobre mi piel, calurosa, gratificante. En ese momento por primera vez me di cuenta de que algo era distinto en aquel baño. Mis ojos se clavaron en la cortina de ducha, en ella se encontraba mi cara. Nunca dejaría de sorprenderme del punto al que había llegado el merchandaising.

Me aclaré rápidamente, tenía la total certeza de que antes de marcharme, aquella cortina no estaba allí. Me sequé a toda velocidad y salí del baño con la intención de llamar a recepción con el fin de que me explicaran de que se trataba aquello.

Me quedé paralizado, el edredón y el cojín había sido substituido por otro con mi foto. Observé el resto de la habitación, varios objetos con la misma descripción llenaban la mesilla y el resto de muebles.

-Cállate, nos va a escuchar y nos perderemos su cara de paranoico- me quedé callado un momento escuchando los susurros que llegaban del armario.

-¡No me puedo callar si no me dejas sitio! ¿Tienes la cámara preparada?

Me reí ante la perspectiva de lo que me esperaba a continuación. Me acerqué sigilosamente al armario y abrí la puerta con un tirón rápido.

Bobby gritó inesperadamente mientras Sam se quedaba mirándome con cara sorprendida. No lo pude evitar y empecé a reirme de forma descontrolada.

-¡Salid de ahí!- conseguí decir entre carcajadas.

-¡Esto no tenía que ser así! Íbamos a colgar tu video en youtube...- exclamó Bobby ofendido.-Vamos Tom sal de debajo de la cama, el idiota de Sam lo echó todo a perder...

-¿Cómo que yo? ¿Quién era el que no conseguía estarse calladito?

Observé como comenzaban a pegarse. Estaba tan acostumbrado a esas peleas de broma que ni me inmuté.

Me giré. Tom estaba detrás de mi. No le dejé articular palabra y le di un fuerte abrazo.

-¿Se puede saber a que viene todo esto?- dije mirando el decorado que me rodeaba.

-Robert, ¿no creerás que con todas las cosas que hay con tu cara íbamos simplemente a dejarlo pasar sin más?-dijó Tom mientras movía la cabeza de un lado a otro.

-¡Imaginate que un día conoces a una tía, te lleva a su casa y te encuentras con esto!

-¡No lo flipes Bobby!-dijo Sam que había ido corriendo hasta la cama y se había tirado sobre ella.

-¿A que debo esta visita?

-¿No te alegras de vernos? ¡No se alegra de vernos! ¡Será desagradecido!

-Bobby, cállate y dame un abrazo.

-Pues nada... pasábamos por aquí y nos acordamos de que conocíamos a un tal Robert Pattinson...- dijo Sam que en ese momento me estrechaba entre sus brazos con tanta fuerza como para dejarme sin respiración.

-Vamos a tomar algo, supongo que tenéis que ponerme al día de muchas cosas.

Cogí la chaqueta y abandonamos la habitación. Nos dirigimos corriendo hacia el ascensor, teníamos la tradición de que el primero en darle al botón no pagaba nada en toda la noche.

Reduje el ritmo y observé como Bobby y Sam mantenían una lucha de empujones delante del ascensor por ser el primero en alcanzar el interruptor.

-¡Le di! Robert, Robert, espero que tengas llena tu cartera porque hoy tengo mucho hambre.

-Lo raro sería que no lo tuvieses, Sam.- dije entre risas.

Nos sentamos en una mesa apartada en la cafetería del hotel. Una vez atendidos y sin nadie al rededor comenzamos a hablar.

-¿Te tratan bien? ¿Te dan bien de comer?

-Vamos Sam, pareces mi madre... Venga contadme alguna novedad.

-Marcus te manda saludos, tenía un concierto y no pudo venir.-dijo Bob al tiempo que bebía de un trago el contenido de su cerveza.

-Fui a ver a Denís...

Los tres enmudecimos y miramos fijamente a Tom. Permanecía callado aunque sabía que desde el momento en el que me había visto había buscado el momento adecuado para decirme aquello.

-Me parece fatal, sigo sin conocerla, ¿por que no me avisaste?

-Porque no quería espantarla y además con ese flequillo ni la hubieses visto.

-Por favor, dejad las bromas.

-¿Debo alejarme? ¿tienes ganas de matarme?- dijo Tom mirándome fijamente.

-Quizá más adelante te mate, ahora solo quiero que me lo cuentes todo.

-No se Robert, fui a su casa y fue muy brusca conmigo. Ella te quiere pero está dolida.

-¿Por que fue brusca? ¿Te echó?

-Digamos que me invito amablemente a que me fuese. Cree realmente que jugaste con ella, no fui capaz de hacerla entrar en razón.

-No esperaba otra reacción por su parte.- Me quede en silencio mirando fijamente la mesa hasta que Sam me sacó de mi ensoñación.

-Robert, hay más...-dijo situando una revista delante de mi.

En la revista se podía ver a Denís y a Ed juntos en diferentes lugares. Ella parecía feliz y él... Noté como me palpitaba la sangre en las venas.

Leí la noticia detenidamente. Olvidándome totalmente de mi entorno.

“Hacía tiempo que no teníamos el placer de ver al joven actor, Ed Westwick (21) tan bien acompañado. Desde hace dos meses se le ha visto en varias ocasiones con una guapa morena en actitud cariñosa. Supongo que muchos os estáis preguntando si veis visiones ya que su cara os resulta familiar, si, queridos lectores se trata de Denís (19) expareja del vampiro del momento, Robert Pattinson (23). No ha pasado demasiado tiempo desde su ruptura pero como vemos ella ya lo ha superado, ¿que pensara Rob de esto? La fama cuesta y una vez ganada no se puede perder, esperamos impacientes para saber quien será su próxima víctima. ¿Actor? ¿Músico? ¿Deportista? Hagan sus apuestas”

Releí la noticia en varias ocasiones sin enterarme de que estaba golpeando la mesa.

-¡No! ¡no! ¡no!

-Robert, para.

-¿pero es que no lo veis?

-Robert no tiene porque ser verdad. De ti se dijeron muchas cosas y todas eran mentira.-dijo Tom intentando que entrase en razón.

-No me refiero a Ed, esto es lo que intentaba evitar. ¿No os dais cuenta? Ya se están metiendo con ella.

-Eh eh, tranquilo... la culpa no es tuya, nadie le mando ir corriendo a los brazos de ese imbécil.- dijo Sam mientras mordisqueaba una hamburguesa.

-La dejé porque no quería que esto pasase, de todos los tíos que hay en el mundo ¿no se podía buscar a uno que no saliera en las revistas?- dije mientras no dejaba de llevarme las manos a la cabeza.

-Venga anímate. Vamos a pedir unos spaguettis con albóndigas.

-Sam, te aseguro que comer es lo que menos me apetece ahora mismo...

Me quedé callado un rato pensando lo que debía hacer.

-Tengo que hablar con ella. Disculpadme un momento.

Los dejé allí sentados y subí las escaleras a toda velocidad. Entré en la habitación dando un portazo y me abalancé en la cama para alcanzar el teléfono.

Marqué el número a toda velocidad esperando desesperadamente que me cogiese.

-Lo has pensado mejor y no vas a venir.-me quede callado ante aquello, no se de quien creía que se trataba.

-¿A dónde tengo que ir?- pregunté intentando no derrumbarme.

-Hola... Robert...

-Hola Denís... ¿que tal estás?- Se hacía raro hablar con ella de esta manera. Como si se tratase de dos desconocidos sin un pasado común.

-Yo bien ¿y tu?- la escuché con dolor.

-Bien también.

Los dos nos quedamos callados esperando a que el otro dijese algo. No sabía que decir, no sabía como sacar el tema.

-Robert ¿que quieres? No creo que me llamaras simplemente para preguntarme cómo estoy.

-Em...no... quería saber si estabas con Ed.- dije sin pensar y maldecí al instante por haber dicho aquellas palabras de aquella forma.

-¿Perdona?-preguntó sorprendida.

-Si... quiero decir... de mi se han dicho muchas cosas, hay toda clase de rumores y bueno... quería que supieras que no son verdad. No estoy con nadie.

-No tienes que darme explicaciones- contestó tajante, dándome a entender que ella tampoco pensaba hacerlo.

-No tengo que hacerlo pero quiero hacerlo, es diferente.

-Bueno Robert te tengo que dejar...- necesitaba decirle algo, decir lo que sentía, lo que pensaba.

-Yo... te quiero.

En ese momento colgó y allí me quedé solo mirando fijamente el teléfono como si él tuviese la culpa.

lunes, 26 de octubre de 2009

Capítulo 44

Antes que nada quería disculparme por haber tardado tanto en actualizar, necesité un tiempo para descansar de esta historia. Sin embargo espero volver a la rutina de antes y subir con más frecuencia. Gracias a quien sigue leyendo y ahora si...

Capítulo 44

Caminamos por la silenciosa calle con el único sonido de nuestros pasos y alguna que otra melodía que llegaba desde algún local. El cielo aunque oscuro estaba lleno de estrellas y se respiraba un aire propiamente primaveral.

En silencio y de reojo observé como Megan se estremecía presa de un escalofrío.

-¿Tienes frío?- pregunté intentando obtener una respuesta ya que ella no había dicho nada.

-Un poco...- contestó mientras frotaba sus desnudos hombros. Había dejado la chaqueta en aquel pub.

Permanecí en silencio varios segundos, ¿deberíamos volver al local a por su chaqueta? ¿debería prestarle la mía? Aunque esta idea atravesó mi mente, no terminó de agradarme por completo. Descarté mi rechazo, al fin y al cabo había sido yo quien la había invitado a acompañarme. Con recelo me saqué la chaqueta y la coloqué sobre sus hombros. Megan la agarró con ambas manos al mismo tiempo que me miraba con ojos ilusionados.

-En el fondo no eres tan distinto de Edward...- dijo entre risas. Odiaba aquello, yo no era Edward, no tenía nada que ver con él, la simple comparación me parecía rídicula. Edward habría hecho lo imposible por recuperar a Bella o creyendo que lo mejor era abandonarla lo hubiese hecho sin más. Sin embargo ahí estaba yo, con una chica por la que no sentía nada, llamando a Denís cada noche impidiendo que se olvidase de mi. Sonreí sin mayor éxito que obtener una mueca al tiempo que miraba los adoquines intentando de forma fallida seguir una línea recta.

-Es aquí.-dije señalando el hotel.

En la puerta se encontraba un hombre del tamaño de un armario que nos contemplaba con una sonrisa.

-Caballero, señorita.- El hombre abrió la puerta invitándonos a pasar.

-Buenas noches.-contestamos los dos al unísono.

En silencio entramos en el ascensor. Esa noche había bebido demasiado, me apoyé en la pared con el fin de guardar el equilibrió. El ascensor comenzó a ascender, lentamente, la subida se hizo eterna. Me miré en el espejo y los ojos entrecerrados de Megan se cruzaron con los míos. Sin evitarlo estallamos en una carcajada.

Llegamos a la segunda planta. Salí del ascensor la adelanté y abrí la puerta. La miré invitándola a pasar. Una vez en el interior me dirigí al mueble bar saqué una botella de champagne y llené dos copas.

Megan me miraba esperando a que le entregase su copa.

-¡Por lo inesperado!-dijo sonriendo.

-¡Por el despecho!-exclamé.

Me observó confusa durante unos segundos y finalmente aunque aquella no era la exclamación que esperaba oír accedió a brindar y levantó su copa haciéndola chocar delicadamente contra la mía.

Permanecí clavado en aquella parte de la habitación sin tener claro cual era el siguiente paso que debía dar. Megan se adelantó a mis pensamientos y me arrebató la copa de la mano dejándola en una coqueta que se encontraba detrás de ella.

La miré expectante al tiempo que ella se acercaba a mi lentamente y me empujaba sobre la cama. Continué inmóvil examinándola mientras ella desabrochaba los botones de mi camisa, inmóvil incluso sin saber si deseaba que aquello pasase o no. Se acercó a mi rostro y comencé a besarla intentando no pensar. Apartó su cara de la mía y sentada sobre mí, comenzó a bajar de forma sensual la cremallera de mi chaqueta que en ese momento cubría su cuerpo. Rápidamente se desprendió de ella y la tiró con fuerza al suelo.

¿Que estaba haciendo? Ella no era Denís.

-Megan... para- dije de forma delicada apartándola de mi.

Ella me miraba confusa, no entendía lo que yo estaba diciendo.
-Lo siento, yo... no puedo

-No puedes...-dijo levantando una de sus cejas.

-Yo quiero a otra chica. No sería justo...- no me salían las palabras adecuadas.

Me miró con odio al tiempo que abandonaba su posición sobre mis piernas y comenzaba a andar por la habitación.

-¿No pudiste pensar eso antes?

-Lo siento...

-No lo sientas. Eres famoso y crees que por ello tienes derecho a jugar con las personas. Que tienes derecho a reirte así de mi. -dijo elevando la voz

-Yo no pretendía reírme de ti...-dije intentando mantener un tono relajado.

-Pues si no lo pretendías lo has hecho. Estás muy mal acostumbrado, todos besan el suelo por donde pisas y crees que por eso ya puedes hacer lo que te de la gana.

La miré en silencio mientras ella gritaba.

-Tu fuiste quien te acercaste a mi. No digas que te acosé como si fuese una fan loca, yo ni siquiera hubiese ido a hablar contigo.

La miré. Ella tenía razón. Yo la había buscado, había sido yo quien había salido de casa buscando precisamente eso. Denís estaba con otro y mientras tanto yo andaba llorando por las esquinas. La agarré del brazo y la acerqué a mi.

-Lo siento...- dije al tiempo que la besaba.

Me apartó durante un segundo y me miró confusa.

-¿Es una broma de cámara oculta o algo así?

-No seas tonta- dije al tiempo que la recostaba sobre la cama.

En un primer momento intentó librarse de mi pero mis besos comenzaron a ser persuasivos, arrancó con fuerza mi camisa ya desabrochada y me tumbé sobre ella.





Abrí los ojos. No tenía la menor idea de que hora era. Busqué con los brazos el cuerpo de Megan pero no obtuve resultado, la cama estaba vacía.

En la mesilla había una nota.

“Estabas dormido y no quería despertarte. Disfruta de la resaca, quizá algún día me vuelvas a ver, tal vez en un plató de televisión contando lo cariñoso que eres. Tranquilo, es broma (o quizá no) haha. Un beso, Megan.”


Me reí al leerla. La doblé y la tiré al suelo.

Después de tanto tiempo la felicidad me había llegado de una manera poco esperada, el sexo sin ningún compromiso había sido la solución. Definitivamente no me parecía en nada a Edward. Me reí. Quizá había llegado el momento de pasar página.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Capítulo 43

Deslicé mis dedos sobre las teclas del teléfono en busca de la agenda. Había tardado bastante tiempo en conseguir el teléfono de casa de Denís.
Cada noche, como parte de un ritual, antes de acostarme le mandaba un mensaje de buenas noches para recordarle que estaba ahí pendiente de ella aunque un océano se encontrase de por medio. La respuesta era siempre la misma. Vacío. Había probado a llamar pero el teléfono siempre estaba apagado. Desesperado por la agonía de no tener noticias de ella había hablado con Tom el cual había conseguido el número de su casa, número que miraba fijamente en ese momento.

Pensé en la diferencia horaria, allí debía ser ya por la mañana, respiré profundamente y pulsé la tecla verde con el corazón palpitando por si lo siguiente que escuchaba era su voz.

-¿Si?- contestó una voz femenina. No tenía total certeza sobre si era Denís o Beca. Si su parecido físico era más que notable, a través del auricular su voz sonaba idéntica.

-Em... ¿Denís?- titubee sin saber que decir.

-Ah... eres tu...- Era Beca, si no me apuraba colgaría antes de que me diese tiempo a decir ni una palabra.

-Beca, escuchame, necesito hablar con ella... por favor...

-Robert, ya has hecho demasiado daño, dejala ir, sin más... ha sufrido más de lo que ni tu ni nadie se merece.

-Beca, por favor... tengo que hablar con ella, déjame que le explique...

-Espera, está durmiendo...- contestó a regañadientes.

Permanecí en silencio durante varios segundos. Quizá el hecho de despertarla no traería mas que consecuencias negativas para mi.

-Buenos días... - escuché la voz de Denís y permanecí callado atento a cada palabra que ella pudiese decir.

-Beca ¿era necesario que encendieras la luz? -escuché una voz masculina que por lo que pude imaginar estaba durmiendo con ella. “tranquilizate”-pensé para mi mismo- “tiene que haber alguna explicación razonable...”

-Denís... ponte, es para ti...- escuché a Beca y me preparé para escuchar su voz, para estar lo más cerca que había estado en varias semanas.

-¿Si?- preguntó confusa.

-Denís soy yo... -tenía tantas cosas que decirle que no sabía por donde empezar.- ¿estas ahí?- ella permanecía en silencio, había sido un estúpido si creía que me lo iba a poner fácil.

-Si... estoy aquí... ¿que quieres?- preguntó de forma cortante.

-Tenemos que hablar... - ¿como empezar? ¿Cómo decirle que respirar sin ella al lado resultaba imposible?

-No, creo que yo no tengo nada que hablar contigo.- contestó tajante ,clavando esas palabras en mi mente que resonaban como un eco en mi cabeza una y otra vez.

-Siento no poder hacerlo cara a cara. Quiero verte... necesito verte...

El silencio se prolongó, doloroso, cortante ,y sin embargo allí seguía yo al otro lado de la línea expectante ante una palabra que demostrase la dulzura que se escondía detrás de aquella voz herida.

-Ed... creo que debemos dejarles unos minutos...

-Claro, claro...- escuché como contestaba él.

Ed había dormido con ella, en su casa, su madre nunca me había aceptado pero seguramente él había sido bien recibido. Me derrumbé totalmente y finalicé la llamada.

Rompí a llorar una vez más, una mezcla de tristeza y odio me invadía en aquel instante. ¿Cómo era posible que me hubiese olvidado tan pronto? Me levanté de la cama y en un acto de locura le pegué un puñetazo a la pared, la única que podía pagar en aquel momento la impotencia que sentía.

Me miré el puño, acaricié con la otra mano los nudillos heridos, me había hecho daño.

No medité mi siguiente paso, cogí la chaqueta y salí de la habitación.

En menos de dos segundos me encontraba delante de la puerta de madera cuyo número dorado indicaba que se trataba de la habitación 234. Era la habitación de Kellan. Golpeé la puerta con los nudillos y segundos después me lamenté por haber utilizado la mano que todavía se encontraba convaleciente del encontronazo contra la pared.

-¿Quién es?- no abrió la puerta, quizá estaba ocupado y no había sido una buena idea llamar sin avisar.

-Soy yo, ¿esperabas a alguien?- bromeé.

-Me hubiese gustado que al otro lado de la puerta se encontrara una rubia espectacular pero pensándolo bien ¡Acabo de cumplir la fantasía de muchas jóvenes!-dijo esto al tiempo que abría la puerta.

Le pegué un puñetazo en el estómago al tiempo que entraba en la habitación y me sentaba en la cama.

-Deduzco que tienes que arreglarte, no serías tú si no tuviera que esperar a que te vieses perfecto...

-Yo siempre estoy perfecto-dijo riéndose- ¿así que salimos?

-Si y tengo prisa así que saltate todos tus rituales de belleza y vámonos.

-¿prisa? ¿quedaste con alguien?

-Em.. no... pero no me gusta tener que esperarte.

Se dirigió al baño y quince minutos después salió.

-Muy guapo- dije mientras silbaba y me reía.

Bajamos en el ascensor, salimos del hotel y nos dirigimos a un pub que se encontraba a dos manzanas de allí.

Entramos, el local estaba lleno, resultaría difícil pasar desapercibidos. Sin preguntar a Kellan donde le apetecía situarse tomé sitio en la barra, dispuesto a beber hasta la última gota de alcohol del establecimiento.

-Tranquilo fiera, todavía hay mucha noche por delante- dijo mientras observaba como bebía la segunda cerveza de un solo trago.

-Soy inglés, la cerveza es como agua para mi... -dije pidiendo una tercera.

-Será cuestión de nacionalidades...- dijo sonriendo mientras movía la cabeza de un lado a otro.

-No tengo la culpa de que bebas como una niña...-dije intentando parecer serio.

-Seis chupitos de tekila...- lo miré sorprendido.

-Vaya, parece que esto empieza a animarse.

-Para cada uno-añadió mientras me miraba sonriendo.

Charlamos durante un buen rato sobre todo en general y nada en particular. Charlamos y sobre todo bebimos.

-Robert, Robert... ¡a las 10! ¡a las 10!


Lo observé durante un rato sin comprender y segundos después giré la cabeza hacia la izquierda.

-Ahí no imbécil, ahí- dijo señalando con la cabeza la dirección adecuada.

Miré en la dirección que señalaba. Dos chicas ocupaban dos sofás en una de las esquinas del pub.

-¿y bien?- sonreí.

-Yo preferiría a la rubia ya lo sabes pero si te gusta más no te preocupes, podría hacerme cargo de la morena...

Moví la cabeza a un lado y a otro y lo seguí puesto que ya había comenzado a caminar.

-Vamos Robert última oportunidad-dijo volviendo la vista atrás.

-La morena está bien. Te cedo a la rubia, no te preocupes.

Kellan no tenía remedio por eso lo había elegido a él precisamente. No iba a engañarme, había salido buscando a alguien con quien pasar la noche. No estaba acostumbrado a esto pero con Kellan y el estado de ambriaguez como compañeros no podía ser difícil.

Nos presentamos al llegar. La rubia se llamaba Stephanie y la morena Megan. Kellan inició rápidamente una conversación con Stephanie así que después de observar la situación respiré profundamente y me senté al lado de la otra chica.

-No me puedo creer esto- dijo emocionada

-Esto ¿el que?-dije sin comprender.

-¡Estoy sentada al lado de Robert Pattinson, tomando algo con él y hablando con él!- dijo de una manera demasiado entusiasta.

“Una loca más”- pensé. Megan comenzó a hablarme y sin saber cómo, conseguí abstraerme totalemente de su convesación, asintiendo y sonriendo en los momentos oportunos. Creo que estaba tan emocionada intentando impresionarme que no se habría dado cuenta de que no la estaba escuchando ni aunque se lo hubiese dicho.

Sin quererlo mi mente me llevó a la noche antes de que todo con Denís se acabase. Allí estaba ella, sentada delante de mi, con un vestido negro y el pelo ondulado cayendo perfectamente sobre sus hombros. Jugueteaba con la cucharilla mientras saboreaba con ilusión una copa de helado tan inmensa que no era capaz de creerme que se la había acabado ella sola.

En ese momento le había hecho prometer que sabía que la quería y que pasase lo que pasase no lo iba a olvidar. Ella no había dudado en prometerlo con los ojos verdes brillantes de emoción. Estaba perfecta, impresionante.

Sin quererlo había rompido su promesa. No la culpo por ello, pero si tan solo recordase mis palabras por un segundo...

Aquella noche había mencionado algo sobre un ramo de flores, unos tulipanes amarillos. Yo no se los había mandado pero ella creía que si. En el momento no le había dado importancia pero ahora sabía muy bien de quien eran aquellas flores.
No le había llegado con besarla cuando sabía perfectamente que estábamos juntos, le había mandado flores y aquella precisa noche con el mayor descaro había venido a bailar con ella. “No seas celoso Robert”- me repetí a mi mismo y dejando mis temores a un lado la empujé a bailar con él. Si lo tuviera delante en este momento...

Él había jugado sus cartas y había ganado, de todos los hombres del mundo Denís había tenido que escogerlo precisamente a él. Comencé a notar como la sangre hervía dentro de mis venas.

Intenté concentrarme volviendo al presente, volviendo al local en el que me encontraba y volviendo a Megan.

La observé con atención por primera vez mientras ella continuaba hablando sobre porque quería ser guía turística. No tenía la menor idea de como habíamos llegado a aquel punto de la conversación.

Era muy morena de piel, tenía el pelo castaño oscuro y los ojos de un profundo marrón chocolate. Sin embargo si algo llamaba la atención era su dentadura. Todos sus dientes eran perfectos y blancos como una cadena de perlas.

Tomé de un trago el contenido del vaso que se encontraba delante de mi.

La observé durante unos segundos mientras ella me contaba que tenía un gato persa que vivía con ella.

No se por que lo hice, si por el alcohol, por la desesperación del momento o porque no quería oírla más pero en ese momento me acerqué lentamente a ella y la besé. Si mi intención era la tercera surtió efecto ya que enmudeció al instante.

Aparté mis labios de los suyos al tiempo que nuestras miradas se encontraban mientras ella enroscaba sus dedos en mi pelo.

-¿Te apetece acompañarme a dar un paseo?- dije susurrándole al oído.

-¡Claro!- dijo ella entre risitas.

En ese momento nos levantamos, la agarré de la cintura y la guié hacia la salida.

miércoles, 12 de agosto de 2009

^^


Y hoy por primera vez pongo foto... porque la foto lo merece =)

miércoles, 5 de agosto de 2009

Capítulo 42

Me desperté sobresaltado por el sonido del teléfono que en ese momento interrumpía un profundo sueño sin sentido. Deslicé mi mano en la oscuridad y lo busqué a ciegas en la mesilla. Miré la pantalla que en ese momento permanecía iluminada y vi el nombre de la persona que se encontraba al otro lado de la linea, Catherine, mi representante.

-¿Si?- contesté intentando disimular mi voz de dormido.

-Robert, ¡dime que no estabas durmiendo! Quedan solo dos horas para que tengamos que estar en el aeropuerto facturando...-dijo medio histérica.

-¡Por Dios Cathy cálmate! Sería capaz de estar en una hora si eso fuese necesario...

-Me alegra que seas tan optimista pero te recuerdo que es muy importante que lleguemos a la hora prevista, no podemos perder ese vuelo, créeme si te digo que si no te llevo a esa hora voy a tener que aguantar a muchas personas importantes.

-¡Tranquila! Además ya estaba despierto, tengo la maleta preparada y estaba a punto de salir de casa para hacer unos últimos recados, deja de preocuparte por mi y no te dejes nada importante aquí- le mentí dado que el tiempo me llegaba de sobra y sabía que ella no estaría tranquila si no pensaba que yo ya estaba preparado.

Me encaminé al baño y me miré en el espejo. El día anterior me había quedado dormido con la ropa puesta, observé mi reflejo durante unos segundos y decidí dejarme puesto lo que tenía.

Revisé con mi mirada toda la estancia controlando que no se me hubiese quedado nada por meter en la maleta. En ese momento mi vista se detuvo en una maquinilla que se encontraba en uno de los estantes y que hacía mucho tiempo que no usaba, tanto como para olvidarme de que la tenía. La enchufé y la encendí, la observé durante unos segundos y acto seguido la desplacé sobre mi cabeza. Observé como el pelo iba cayendo sobre mis hombros y sobre la pileta y sin poder evitarlo sonreí.

Hacía tiempo que la gente no dejaba de hablar de mi pelo, en aquel momento eso era lo que menos necesitaba, solo quería que me dejasen estar solo, solo como me sentía y solo como realmente me merecía.

Recogí el pelo que se había caído y limpié el baño.

Cogí la maleta y bajé las escaleras.

Llamé a un taxi y en el tiempo que esperaba bebí un café muy cargado.

-Patti, nos vamos, hoy cambias de casa...- le dije a mi perra que en ese momento entraba en la cocina. No la podía llevar conmigo porque no tendría tiempo para cuidarla así que no me quedaba más remedio que dejarla con mis padres.

Cogí todo mi equipaje y lo lleve hacia el taxi, volví a por Patti y abandoné la casa no sin antes echar un último vistazo a aquella estancia que tantos recuerdos me traía. Suspiré profundamente y cerré la puerta detrás de mi.

Al entrar en casa de mis padres, mi madre me recibió con un fuerte abrazo. La abracé con fuerza también y sin poder evitarlo rompí a llorar.

Mi madre me abrazó con más fuerzas mientras entrelazaba sus extrañados dedos entre mi pelo.

-Estás muy guapo- dijo separándose lentamente de mi y mirándome a los ojos.

La miré fijamente, supuse que ella creía que mi ánimo se veía así por la presión a la que me iba a someter, quizá por tener que dejar Londres, o por un miedo a volar que había superado años atrás...

-Tranquilo-me dijo con voz melosa- todo se arreglará, no se de quien ha sido la culpa ni se el motivo pero cuando menos te le esperes vais a volver a estar juntos.

La miré extrañado, yo no había dicho nada al respecto y según creía las revistas aun no habían tenido tiempo para especular acerca de mi relación, aquello debía tratarse de ese sexto sentido que solo poseen las madres.

Me despedí de mis padres con un abrazo y a continuación me despedí de Patti.

-Robert, en cuanto podamos iremos a verte-dijo mi padre con una palmada en mi espalda.

Tras varios intentos fallidos ya que mi madre se negaba a dejarme ir, subí al taxi y me encaminé al aeropuerto.

Al llegar, observé a Cathy desde el taxi que en ese momento se encontraba en la puerta en la que habíamos quedado.

Me acerqué a ella y desde lejos observé como una sonrisa de calma mutaba en una expresión de nerviosismo agudo.
Me siguió con la mirada y a medida que me acercaba su cara se descomponía en una mueca de terror.

-¿Se puede saber que hiciste con tu pelo? Dime que se trata de una broma...

-Me lo he cortado...

-Eso ya lo veo, vamos a tener muchos problemas... Deberías habérmelo consultado...

-En el preciso instante en que un hombre deja de tener opinión en temas tan banales como su apariencia física ha llegado a un punto sin retorno en el que ha perdido la dignidad y solo se trata de un peón subordinado a la reina sociedad.

-Robert, deja de ponerte filosófico, me da igual como lleves el pelo, es exigencia de guión.

-Se lo que pone mi contrato y no figura nada acerca de que no pueda cortar el pelo si eso es lo que quiero...

Cathy me agarró del brazo llevándome hacia el interior del aeropuerto para facturar el equipaje. Permanecimos en silencio todo el tiempo que esperamos para embarcar y el tiempo antes de subir al avión.

El trayecto fue largo, me atrevería a decir que demasiado. Intenté sumergirme en un libro, capaz de abstraerme de todo en cualquier otro momento, en ese preciso instante me resultó insignificante.

Aproveché mi posición al lado de la ventana para mirar las nubes en un intento fallido por no pensar, sin embargo el recuerdo de Denís venía una y otra vez a mi. Lamentaba haberla dejada sola, lo lamentaba por mi, pero lo lamentaba más por ella que sufriría en ese momento pensando que yo solo había jugado con ella, algo que no se podía apartar más de la realidad.

Noté como los ojos se llenaban de lagrimas nuevamente por lo que los cerré con fuerza e intente dormir.

-Robert, Robert, despierta, hemos llegado.

Viví cada segundo desde que pisé suelo hasta que llegué al hotel como si de un sueño, o incluso pesadilla se tratase. Fotógrafos y fotógrafos en cada esquina buscando una respuesta sobre cómo había sido mi estancia en Londres.

[…]

Los siguientes días me refugié en mi habitación, saliendo exclusivamente para rodar esperando que llegase la noche para volver de nuevo al Hotel. Mis únicos compañeros esos días fueron mi guitarra, algún que otro libro y el gimnasio, lugar al que nunca había ido si era algo que podía evitar.

Mis compañeros de reparto, especialmente Kellan, solían bromear sobre lo metido que estaba en mi personaje, no se daban cuenta de que el personaje era lo que realmente estaba metido en mi.

En todas las entrevistas que tuve que realizar intentaba sonreír al responder sobre los motivos por los que Edward había dejado a Bella, sin éxito, pues esa pregunta solo conseguía torturarme.

En los quince días desde mi llegada me hice un experto en sentirme solo rodeado de gente. Tenía que tomar una decisión.

Cogí el teléfono y me dispuse a marcar.

miércoles, 15 de julio de 2009

Capítulo 41

Permanecí con la mirada clavada en el cuerpo de Denís que cada vez se encontraba a más distancia del mío. Quedándome allí sin moverme no conseguiría nada, no conseguiría cambiar lo sucedido ni conseguiría retrasar mi vuelta a Vancouver.

Miré la parada y comprobé como el taxi que había llegado minutos atrás continuaba en el mismo lugar. Me dirigí hacia allí. Pensé durante unos segundos en ir andando. No era una buena idea, seguramente me encontraría a alguien y no estaba en mi mejor momento como para responder con una buena cara.

Indiqué al taxista la dirección y clavé mi vista en la calle. Al adelantar a Denís me giré para verla de nuevo. Pude ver como las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Sentí una fuerte necesidad de bajarme del taxi. Me contuve y la miré por última vez.

Abrí la puerta de casa sin demasiadas ganas, me quité la chaqueta, la tiré al suelo y me acosté en el sofá. En ese momento Patti vino corriendo y comenzó a lamerme la mano y la cara.

-Patti, quieta…-dije girándome para mirarla. Hizo caso omiso a mis palabras y continuó lamiéndome.

Me senté en el sofá y le hice un gesto con la mano para que subiese. Patti se colocó sobre mis piernas mientras yo la acariciaba.

-¿Crees que hice lo correcto?- le pregunté. –Si tan solo me hubiese despedido como algo provisional… o quizá si le dijese que viniera conmigo… No, mientras estuviese rodando ella se aburriría… y si…

En ese momento me puse a recordar todos los momentos que habíamos pasado juntos. Desde la primera vez que la había visto en aquel bar hasta la última en aquel parque. Recordé su sonrisa, el ataque de celos que me había entrado cuando la había visto con Ed, la primera vez que la había besado, la primera pelea que habíamos tenido con su posterior reconciliación…

Aunque era algo que me había prometido a mi mismo que no haría, comencé a llorar. Abracé a Patti con fuerza que en ese momento se había puesto a aullar.

-La echaré mucho de menos ¿sabes?-me quedé observándola durante un rato.- ¿pero que hago contándole mis problemas a un perro?-dije en voz alta para mi mismo.

Me levanté del sofá y subí las escaleras sin demasiada prisa. Mi cuerpo se movía sin fuerza, lento y a regañadientes.

Llegué a la habitación. Cogí la maleta de encima del armario y la coloqué sobre la cama. Intenté mantenerme entretenido preparándola pero hacer maletas nunca había sido lo mío y después de cinco minutos tras haber metido la ropa sin doblar ya había acabado.

Cogí un libro y me dirigí al cobertizo del jardín mientras escuchaba la lluvia golpeando contra el tejado al tiempo que empapaba el césped.

Intenté concentrarme en lo que leía pero era imposible, después de haber leído cuatro veces la misma página no tenía la menor idea de su contenido.

Tiré el libro al suelo y miré fijamente las finas gotas que en ese momento caían. Me levanté cogí el libro del suelo y lo coloqué encima de la mesa del salón mientras cogía la guitarra.

Mientras la sacaba de la funda el teléfono sonó.

Sentí un terremoto interior al compás de la melodía del móvil. Me apresuré a cogerlo pero todas mis ilusiones se desvanecieron en cuanto vi que la llamada era de Sam.

-¡Hi Robert!

-Hola ¿Qué quieres?- en aquel momento no me apetecía lo más mínimo hablar.

-¡Que susceptible! Pues nada, como te vas mañana… no pensarías irte sin despedirte de nosotros ¿no?

-No estoy de humor.

-Es normal… se que nos echarás de menos pero iremos a verte-dijo riéndose- Además ¿desde cuándo hace falta estar de humor para tomar una cerveza?

-Está bien. Pero una nada más.

-Si, claro, por supuesto que una nada más…

Colgué el teléfono y me desplacé hasta el baño. Me lavé los ojos y me puse las gafas de sol. Siempre me había parecido un tanto estúpido que la gente llevase gafas de sol de noche pero ahora no tenía otra opción.

Pedí un taxi y me encaminé hacia el lugar en el que habíamos quedado. Al atravesar la puerta vi a todos sentados que en ese momento giraban su cabeza hacia mi para mirarme con una sonrisa.

-Por ahí llega nuestro león masoquista.-exclamó Bobby.

Ignoré totalmente aquel comentario y me acerqué a la barra para pedir. Una vez que me hubieron servido mi cerveza me senté en una de las sillas en torno a la mesa que ocupaban.

-¿Qué tal estáis?- les pregunté. Hacía siglos que no los veía. Antes solíamos quedar tarde tras tarde simplemente para perder el tiempo.

-Bien, aunque creo que no podré seguir viviendo si tu no me muerdes- dijo Sam con voz dramática.

-¿Qué buscas algo que contar en tu próxima entrevista?- le pregunté entre risas.

-No quizá en la próxima cuente tu firme empeño en ser bailarina de ballet o tu gran obsesión por el punto de cruz. ¿Qué te parece?

-Oh, creo que son cosas que la humanidad tiene que saber.

Nos divertíamos inventando historias ridículas que la prensa en su firme afán por dar exclusivas de mi vida se acababa creyendo.

-Rob ¿en la nueva película habrá diálogos tan intensos como en la anterior?

-Dímelo tu Bobby, con ese flequillo había deducido que hacía tiempo que los habías leído.

-Siempre atacando mi flequillo- dijo Bobby intentando parecer ofendido.

-Quizá si te lo cortases empezaría a tomarte enserio.

-Si, quizá lo haga cuando dejen de depilarte las cejas.

Todos comenzamos a reírnos. Al fin y al cabo me alegraba de haber quedado con ellos, en casa solo conseguiría darle vueltas a la cabeza una y otra vez.

-¿Qué tal estás?-Dijo Tom poniéndose serio.

-Podría estar mejor...Si te refieres a si tengo ganas de irme a USA, no, la respuesta es un claro no. Si tengo ganas de rodar, en otro momento no desearía otra cosa pero ahora, ahora si que desearía algo antes de eso…

-¿Es por Denís?-preguntó Tom mirándome fijamente.

-¿Cuándo nos vas a presentar a esa chica que te roba tanto tiempo? ¿o es que crees que no somos dignos de conocerla? Debería darte vergüenza que la única información que tenemos de ella sea gracias a Thomas.

-Cállate Samuel- replicó Tom.

-¿Por qué debería callarse, dijiste algo tan malo de ella?- pregunté mientras lo examinaba con una sonrisa.

-Oh no, por eso tranquilo. Aquí Don inconformista dijo que no estaba mal por lo tiene que estar realmente bien.- contestó Sam.

-Pues creo que os quedaréis sin conocerla…- dije intentando sacarle hierro al asunto aunque era una afirmación que lamentaba profundamente.

Los tres me miraron con incomprensión durante unos segundos.

-¿Te ha dejado?-preguntó Sam.

-Bueno más bien la he dejado yo a ella…- dije con tristeza.

-¿No era la oveja correcta?- preguntó Bobby.

-¡Cállate!- exclamamos los tres a la vez.

-No es eso. La quiero ¿vale? Pero sabéis como es esto, la prensa las fans, es todo demasiado complicado…

-¡Robert no! Retírate ya… Espero que nunca te toque interpretar a un asesino a sueldo ¡te has convertido en Edward!-dijo Tom que me miraba alarmado.

-La decisión está tomada y no hay vuelta atrás. Ahora debo irme. Espero que vengáis a verme algún día.

-Lo intentaremos…-dijo Sam mientras se reía.

Me despedí de ellos durante unos minutos. Los echaría de menos. Echaría de menos tantas cosas. Sabía que en ese momento quedaban hablando sobre mi, sobre lo mal o lo bien que me habían visto.

Cogí un taxi de vuelta a casa. Mañana sería un día muy largo con muchas horas de avión por delante.

Al llegar a casa me acosté con la ropa que tenía puesta. Estaba totalmente agotado. Miré el móvil durante unos segundos. Marqué el número de Denís y la llamé. Antes de que diese señal colgué. Costase lo que costase tenía que mantener mi intención hasta el final.

sábado, 11 de julio de 2009

Capítulo 40

Robert.

Salimos de la estancia principal y nos dirigimos a la habitación de la que Tom me había dado las llaves. Agarré a Denís por la cintura dirigiéndola a la izquierda y comenzamos a bajar las escaleras.

-¿A dónde vamos?-preguntó confusa. Sonreí con tristeza. Adoraba esa manía suya por preguntarlo todo.

-Tom tenía una habitación y me ha dado ahora las llaves…

-¿Y él?- preguntó confusa.

-Él… seguro que encuentra donde dormir…- dije riéndome ya que conocía los planes de Tom.

Abrí la puerta lentamente y entré en la habitación. Denís me guió hacia el interior mientras cerraba la puerta con su pie. Me agarró de la camisa y me empujó recostándome en la cama. La observé fijamente durante unos segundos. Comenzó a bajarse la cremallera y finalmente se quitó el vestido. La contemplé hipnotizado. Era simplemente preciosa. No me veía capacitado para llevar a cabo lo que tenía que hacer. Se recostó sobre mi cuerpo y comenzó a besarme. Coloqué las manos en su cintura y seguí sus besos. No deseaba nada más que aquello en ese momento, sin embargo tenía que parar. Pensé durante unos segundos en continuar, tomándomelo como una despedida, sin embargo aquello no sería justo para ella. En ese momento llevó sus manos debajo de mi camisa, la aparté de mi y la recosté a mi lado tapándola con el nórdico. Sabía que ella no tenía frío pero yo no tenía la voluntad suficiente de parar en esas condiciones.

Me levanté de la cama y me desvestí. Volví a la cama y me acosté de nuevo al lado de Denís que en ese momento se disponía a besarme de nuevo.

La agarré y la situé encima de mi cuerpo. La abracé con fuerza y pensé en las palabras adecuadas para no herirla.

-Hoy no, estoy muy cansado. Hoy solo quiero dormir abrazado a ti- mentí apretando su cuerpo contra el mío con fuerza.
La observé durante varios minutos hasta que se quedó dormida.

-Lo siento, te quiero, te quiero, te quiero-susurré a su oído. La quería de verdad. No entendía como era posible querer tanto a alguien que conocías desde hacía tan poco tiempo. La quería y lamentaba hacerle daño. Me dolía pensar en lastimarla, sin embargo a la larga sería mejor así.

No dormí en toda la noche. Denís se movía asustada. Debía tener alguna pesadilla. La abracé con fuerza intentando que entendiera que estaba con ella.

Ya era de día, el momento se acercaba. Besé su pelo mientras la observaba. En ese momento abrió los ojos y me miró fijamente. Se acercó a mi y comenzó a besarme.

-Tenemos que irnos-dije apartándola de mi- a las 12 tengo que entregar las llaves, te dejé dormir todo el tiempo que pude pero ya estaba a punto de despertarte.

-Vale…- dijo mientras abandonaba la cama en busca de su vestido.

La contemplé mientras se vestía a toda prisa mientras yo permanecía recostado todavía en la cama. Debería haber dormido, tenía sueño sin embargo mis pensamientos no me habían dado tregua.

-Ven aquí…- dijo agarrándome de un brazo mientras me levantaba de la cama. Cogió del suelo cada una de mis prendas y me las fue poniendo una a una. Cerré mis ojos y disfruté de aquel momento.

Cuando estábamos completamente arreglados salimos de la habitación y entregamos la llave en recepción.

-¿A dónde vamos ahora?- preguntó mirándome con cierto miedo en la voz.

-A casa.- contesté- te llevaré a casa y cuando estés cambiada te pasaré a buscar- dije cambiando el tono cortante de la frase anterior. Yo no estaba enfadado con ella aunque mi comportamiento indicase todo lo contrario.

Caminamos en silencio hasta que llegamos a la puerta de su casa. No dejaba de darle vueltas a la cabeza pensando en como sería la manera más adecuada de decirle que todo tenía que terminar.

-En cuanto estés lista, llámame, vendré a buscarte.- dije mirándola fijamente.

Caminé por la calle y decidí ir andando hasta mi casa. No estaba lejos. Quizá andando consiguiera despejarme un poco.

Llegué a casa y me di una ducha rápida. Me vestí y salí a pasear a Patti.

¿Por qué era tan difícil? Sabía que estaba haciendo lo correcto. Desde todo lo que había pasado con Crepúsculo sabía que ser mi novia no iba a ser fácil. Quizá estuviera sobreprotengiéndola de la prensa, las fans…sobreprotegida o no, aquello era lo correcto.

En ese momento sonó el teléfono. Era ella. Suspiré profundamente y descolgué.

-¿Ya estás lista?

-Si…- contestó en voz baja.

-¿Voy a buscarte?

-Si… por favor.

Colgué el teléfono y me dirigí a casa a toda velocidad. Dejé a Patti y me encaminé a casa de Denís.

Antes de timbrar la puerta se abrió y Denís apareció en ella mirándome fijamente.

-Que rápida…-dije con cierta tristeza. Sabía que tenía que hablar con ella pero no quería que ese momento llegara. No sabía como explicaría las cosas para que ella lo llevara de la mejor manera posible.

Se acercó para besarme. Giré mi mejilla e intenté que fuese ésta la receptora de mis besos. No me sentía digno de besar sus labios sabiendo lo que estaba a punto de pasar. Sin embargo no se dio por vencida. La besé pensando que quizá aquel sería nuestro último beso.

Caminamos aproximadamente media hora en silencio. Era temprano y no nos cruzamos con demasiada gente como para tener que parar.

Recorrimos diversas calles hasta que finalmente llegamos a un pequeño parque apartado. Me senté en uno de los bancos y observé a Denís que imitó mi movimiento y se sentó también.

Permanecimos en silencio varios minutos. Cada uno miraba un punto fijo intentando no cruzarse con los ojos del otro.

-De pequeño solía venir aquí. Londres está lleno de parques… pero por alguna extraña razón, mi padre siempre me traía a este. Quizá no es el más visitado ni el más conocido, pero a mi es el que más me gusta.- le conté esto para intentar romper el hielo. Nunca antes le había enseñado aquel parque. Quería que lo conociese aunque era una lástima que fuera de esta manera.

Me miró con incomprensión sabiendo que no estábamos allí para que yo contase mis historias de infancia.

-Tenemos que hablar…- dije mirándola seriamente.

-Estoy de acuerdo…

-No se como decir esto…-dije buscando cada una de las palabras que tenía que decir y que en ese momento vagaban lejos de mi alcance.

-Simplemente dilo…

-Ayer por la tarde me llamaron. Mañana tengo que coger un avión a Vancouver… sabía que este día llegaría pero intenté no pensar en ello para no vivir lamentándome- decidí empezar por el principio. El día anterior había recibido una llamada inesperada. Todavía no estaba planeado que empezásemos a rodar.

-¿A Vancouver?-preguntó confusa.

-Si… es donde se rueda la siguiente película…-le expliqué.

-Ya… ¿Cuándo vas a volver?

-Eso no importa…-dije resignado.

-¿Cómo que no importa?- preguntó dubitativa mientras abría y cerraba sus ojos con fuerza.

-Soy demasiado celoso como para estar tanto tiempo alejado de ti.- era verdad que era celoso, sin embargo yo podría llevarlo. Ella me preocupaba más.

-Sabes que te puedes fiar de mi…-contestó desesperada.

-Lo sé, pero no sería justo para ti… va a haber muchos rumores sobre mí, y aunque sepas que solo son eso… te dolerá y estarás mal por mi culpa día tras día.

-No me importa, esperaré el tiempo que sea necesario.

-No… no tienes porque hacerlo…-dije lamentando que ella hubiese dicho eso. Quizá ella me quería tanto como yo la quería a ella. Quizá cobardemente albergaba la esperanza de que ella no intentase luchar y me dejase ir sin más, demostrándome que le daba igual y que no iba a sufrir.

-Nadie ha dicho que tuviera que hacerlo… lo hago porque quiero...

-No… las cosas no son así…- pensé en las múltiples veces en las que me habían emparejado con amigas, conocidas o incluso personas a las que había visto sólo una vez.

-¿Qué quieres decir?- dijo mirándome con tristeza.

Comprendí que aquello iba a ser complicado, muy complicado. Nunca pensé que aquello fuese a ser fácil pero en ese momento me estaba dando cuenta de que la única manera de que ella no lo pasase mal era conseguir que me odiara.

-Que los dos lo pasamos bien este tiempo pero esto se tiene que acabar…-solté sin pensar.

-¿Qué los dos lo pasamos bien?- dijo levantando la voz.

-Yo por lo menos sí…-dije con dolor sabiendo que en ese momento me odiaba, sabiendo que ella no comprendía mi auténtica intención.

-¿Estás diciendo que para ti esto no fue más que un juego?

-Yo no he dicho eso…-dije bajando la mirada. No quería que pensase que todo este tiempo había sido una mentira. Que todo lo que yo había hecho con ella no era más que parte de un juego.

-¿Cuándo ganabas? Dime Robert, ¿Cuándo ganabas? ¿Cuándo estuviera totalmente enamorada de ti y ya no hubiera vuelta atrás? Si esa era la meta enhorabuena…

-Denís las cosas son más complicadas de lo que parecen…-dije intentando ponerme serio. Solo deseaba besarla, abrazarla y decirle que yo también la quería. Decirle que gracias a ella me volvía a sentir normal, que sin ella ya no sabía quien era. Sin embargo no podía decirle nada de eso o nunca me dejaría marchar.

-¿Complicadas? A la mierda la complicación… cuando dos personas se quieren eso es lo que importa. ¿Cómo pudiste engañarme tanto? ¿Por qué te creí?- dijo gritando con fuerza.

-Soy actor… mi trabajo es mentir…- dije con calma representando el papel de mi vida.

En ese momento Denís llevó las manos a la camiseta que yo le había regalado y tiro de ella con fuerza.

-¡Para, para, para!- dije sujetando la camiseta que ya estaba a la altura de sus hombros. La sujete y volví a colocarla en su sitio rozando con mis manos su vientre.

-¡No me toques! No vuelvas a hacerlo nunca más…- me gritó y comenzó a llorar.

Aquel momento me resultaba completamente doloroso, no quería que ella llorase y mucho menos quería ser yo el causante de sus lágrimas. Intenté abrazarla para consolarla pero ella se apartó de mi y comenzó a golpear mi pecho con sus manos mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
Sujeté sus muñecas con fuerzas impidiendo así que me golpease y la abracé. Noté como intentaba desprenderse de mi pero no solté sus muñecas. Acto seguido me pegó una patada.

-¡Ay!- la miré con dolor. La patada me había echo daño pero no tanto como verla así.

-¡Te lo advertí! ¡Te dije que no me tocaras!- replicó chillando.

En ese momento comenzó a llover. Intenté tirar de ella empujándola hasta unos soportales próximos. No se movió ni un milímetro. Observé la parada de taxis que estaba próxima y vi como uno llegaba en ese momento.

-Vamos… ¡sube!- le dije mientras observaba como permanecía impasible debajo de la lluvia.

-No voy a ir contigo a ningún sitio…- dijo con un susurro.

-Pues vete tu sola… no estés aquí mojándote.

-¿Crees que eres alguien para preocuparte por mí? Sube al dichoso taxi y desaparece de mi vista.- contestó de forma brusca.

-No voy a subir si tú no subes…-dije mirándola con tristeza. No estaba dispuesto a dejarla allí.

Me observó durante unos segundos fijamente mientras yo la miraba también esperando a que subiera al taxi. En ese momento se giró y comenzó a andar en dirección contraria a la parada sin dejar de mojarse.

Permanecí clavado en el mismo sitio observando como se alejaba de mi. Quizá no fuera la mejor manera de despedirse pero estaba convencido de que ahora me odiaba y que así podría continuar con su vida.

jueves, 25 de junio de 2009

CAPÍTULO 39

Entré en casa y me apoyé en la puerta. Mi hermana que se encontraba en la cocina llegó hasta el vestíbulo en el que me encontraba.

-¿Que tal has pasado el día?- preguntó sin tener idea de lo que yo estaba a punto de confesarle.

-Bien...- dije con una amplia sonrisa recordando cada uno de los segundos vividos en las últimas horas.

-Todavía no me has contado lo que te dijo Tom-dijo mi hermana muy seria- quiero saberlo ¡Todo!- dijo ahora riéndose y mirándome de forma amenazadora.

-Tom...-parecía que habían pasado miles de horas desde aquella visita inesperada.

-Si... Tom ¿que te dijo? ¿Tenía noticias de Robert?

-En realidad no...- dije recordando la conversación del día anterior.

-Entonces, no entiendo… ¿Qué quería?-pregunto mi hermana confusa.

-En resumen quería decirme que Robert me hecha de menos, que me quiere y que si se fue como lo hizo fue por mi bien…- contesté restándole importancia.

-Pero… pero… ¡Eso es genial!- dijo Beca emocionada.

-No, no lo es… no le creí…

-¿Qué no le creíste? ¡Tu eres imbécil!- Sentenció con un grito.

-Si realmente me quisiese sería él quien vendría y me lo diría y no “su amiguito”

-¡Pero él no está aquí!- gritó enfadada.

-Aclarate de una vez- le reproché- no puedes estar a favor de que este con Robert y con Ed al mismo tiempo.

-No, pero se que tu quieres estar con Robert independientemente de lo que yo pueda pensar o querer. La observé fijamente y medité en silencio durante unos segundos. Que quería a Robert era un hecho, sin embargo Ed era lo que me convenía. Con quien tenia que estar.

-Estoy con Ed…

Los ojos de mi hermana se abrieron desmesuradamente al escuchar esas palabras. Corrió en mi dirección y me abrazó con fuerza hasta casi dejarme sin respiración.

-¡Quiero saberlo todo! ¿Cómo sucedió? ¿Dónde?-preguntó con énfasis.

-Fue hoy, fuimos a una feria y bueno… pasó.

-¡No importa que me hicieras perder la apuesta! ¡Estoy tan contenta por ti!- exclamó con una amplia sonrisa en el rostro.

La observé durante varios segundos sin comprender del todo.

-Apuesta… ¿Qué apuesta?

-Oh… nada… olvídalo-dijo mirando en otra dirección esquivando mi mirada.

-¡Beca! ¡Suéltalo!

-Nada… aposté con Daniel una cena. Él decía que Ed y tu ibais a estar juntos y yo decía que no… Estaba tan convencida de que iba a ganar… debería haber propuesto un restaurante más barato…- dijo esto último para ella misma aunque en voz alta.

Te daré el dinero de la cena...-dije todavía sin comprender los juegos de mi hermana.

-¡Oh no! ¡De ningún modo! Creía que nunca superarías lo de Robert-dijo mi hermana observándome fijamente. -Por que lo has superado, ¿verdad?

-Si...-mentí sin pensar.

-Menos mal... no sería justo que jugaras con Ed. Él no se lo merece.

Ante esas palabras me dispuse a subir a mi cuarto. Quería torturarme a mi misma, era una mala persona y lo que era peor, lo sabía. En ese momento mi madre atravesó la puerta principal.

-¡Mamá no te lo vas a creer! ¡Denís tiene novio nuevo!

Inconscientemente atravesé a mi hermana con una una mirada de odio.

-No lo digas como si se tratara de una camiseta nueva...- le reproché.

-Denís ¿es eso verdad?- preguntó mi madre que también parecía emocionada.

-Sí... supongo que si...-contesté resignada.

-¡Invitalo a comer mañana!-dijo mi hermana como si se le acabase de ocurrir una gran idea mientras yo le lanzaba una mirada envenenada. Daba la impresión de que se había propuesto fastidiarme concienzudamente.

-Me parece una idea buenísima- exclamó mi madre.

-¿Podeis dejar de comportaros como si estuvierais drogadas?-pregunté enfadada. No entendía porque las dos se mostraban tan emocionadas, incluso más que yo.

-Denís ¡No seas tonta!- dijo mi madre chocando su cadera contra la mía.

Definitivamente aquella situación carecía de cordura.

-Mamá ¿recuerdas como fue la ultima vez?- no entendía como podía estar tan emocionada recordando el episodio vivido con Robert.

-Prometo que esta vez seré buena. Al fin y al cabo con el primero no me equivoqué. Déjame observarlo durante cinco minutos y sabré si con este estás perdiendo o no el tiempo.


La miré fijamente y sin mediar palabra subí las escaleras dirigiéndome a mi habitación. Al llegar, me tumbé en la cama y cogí Luna Nueva de la mesilla. Lo abrí y comencé a leer.

“no era mi Jacob, pero podía serlo. Su querido rostro era el de siempre. Yo le amaba de verdad en muchos sentidos. Era mi consuelo, mi puerto seguro, y en ese preciso momento yo podía escoger que me perteneciera.

[...]

La persona a la que amaba de verdad se había ido para siempre. El príncipe azul no iba a regresar para despertarme de mi letargo mágico con un beso.”


Leí varias veces aquel fragmento, cerré el libro con fuerza y lo lancé contra la pared. Sin comprender el motivo empecé a llorar.

Agarré con fuerza el oso que me había regalado Robert y hundí mi cabeza en él, queriendo que la tierra me tragase en aquel mismo instante.


En ese momento el teléfono de casa sonó. Intenté abstraerme de su penetrante sonido pero no dejó de sonar y di la partida por vencida.

-¿Si?

-¡Hola! ¿que hacías?- escuché en silencio la voz de Ed desde el otro lado de la linea.

-Nada... estaba leyendo-dije intentando que no se notara en mi voz mi estado de ánimo actual.

-¿Que lees?

Me quedé callada un momento pensando en que decir.

-Luna Nueva...- no quería mentirle. Mi hermana tenía razón, él no se lo merecía.

-¿y te gusta?- preguntó después de quedarse callado un buen rato.

-Eh... si...

-No te veo muy animada...

-Ed, mi madre quiere que vengas a comer mañana... se que no te hará mucha gracia pero...

-¡Si! Sin ningún problema- me cortó.

-A las 12.30.

-Ahí estaré. Que duermas bien enana.

-Tú también.

-Para cualquier cosa llámame. No importa la hora que sea.

-Lo haré. Un besito.


Me quedé tumbada en la cama mirando fijamente el techo. Buscando algo que no hubiese visto anteriormente.

El teléfono volvió a sonar. Mi madre y mi hermana que estaban en el piso de abajo parecían no prestarle la menor atención.

-Lo has pensado mejor y no vas a venir.-Ed parecía demasiado seguro de lo que había dicho. Ahora fríamente no debía parecerle tan buena idea.

-¿A dónde tengo que ir?- al escuchar su voz todo mi cuerpo se estremeció. Mis músculos se tensaron y creo que por un momento dejé de respirar.

-Hola... Robert...

-Hola Denís... ¿que tal estás?- ahora los dos eramos unos completos desconocidos.

-Yo bien ¿y tu?-no sabía como tenía que reaccionar por lo que intente seguir la conversación de la forma más casual que fui capaz.

-Bien también.

Los dos nos quedamos callados esperando a que el otro dijese algo. Como no lo veía por la labor de decir nada me armé de valor y hablé.

-Robert ¿que quieres? No creo que me llamaras simplemente para preguntarme cómo estoy.

-Em...no... quería saber si estabas con Ed.

-¿Perdona?-pregunté sorprendida.

-Si... quiero decir... de mi se han dicho muchas cosas, hay toda clase de rumores y bueno... quería que supieras que no son verdad. No estoy con nadie.

-No tienes que darme explicaciones- le dije muy seria.

-No tengo que hacerlo pero quiero hacerlo, es diferente.

-Bueno Robert te tengo que dejar...- tenía que cortar ya la conversación. Cada segundo en contacto con él me hería desmesuradamente.

-Yo... te quiero.

Eso fue lo último que oí al colgar el teléfono.

martes, 9 de junio de 2009

Capítulo 38

Continué besando a Ed durante varios minutos. Lentamente al principio hasta que comprendí que aquello era algo que mi cuerpo llevaba esperando durante mucho tiempo aunque yo me había negado a ver la realidad.

Deslicé mis manos suavemente por su cuello mientras notaba como la noria se volvía a poner en movimiento. Separé mis labios de los suyos y lo miré fijamente a los ojos.

-Parece que ya nos toca bajar...- dije con resignación.

-¿Quieres ir otra vez?- preguntó confuso.

-¡Dios no! Creo que ya tuve noria suficiente para por lo menos cinco años.

Comenzamos a andar sin seguir ningún rumbo fijo.

-¿A donde vamos?-pregunté con curiosidad.

-No se... tengo la sensación de que ahora me toca escoger a mi...

-Deja de hacerte el interesante y dime a donde vamos...- protesté. Estar con Ed era como tenía que ser, fácil. Si dos personas se quieren las cosas deberían ser sencillas. Era algo que cada día tenía más claro.

-A la casa del terror...

-Ya veo por donde vas... y si esperas que me abrace a ti como una dama en apuros... te vas a llevar una desilusión- dije intentando parecer seria.

-Quizá sea yo el que me abrace a ti...- dijo mientras me sonreía.

Continuamos caminando hacia una casa de aspecto antiguo situada en lo alto del camino que seguíamos.

-Ed...

-¿Que?-preguntó mientras me miraba fijamente.

-¿vas a seguir yendo a cinco kilómetros de mi el resto del día? Dije mientras lo miraba con una sonrisa.

-¿que quieres decir? Creo que voy a la misma distancia de ti que siempre...

-A eso me refiero. ¿vamos a hacer como que lo que acaba de suceder nunca pasó?- dije con tristeza mientras mis ojos se clavaban en el suelo.

-No, ¡claro que no!- dijo mientras se acercaba a mi y besaba mi pelo- es solo que llevo tanto tiempo manteniendo las distancias que se me sigue haciendo extraño...

Me acerqué más a él. Agarré su mano y la apreté con fuerza.

Compramos la entrada y nos dispusimos a esperar nuestro turno para entrar.

-Nunca vi a nadie a quien le diese más miedo la noria que la casa del terror...-dijo riéndose.

-Algún día encontraré tu criptonita y te acordarás de estas risas tuyas...- dije de modo amenazador.

En ese momento unas chicas se acercaron a nosotros.

-Perdona, ¿podemos sacarnos una foto contigo?- dijo una de ellas, que en ese momento comenzaba a sonrojarse, mirando a Ed.

-Si, claro...

-¿Queréis que saque yo la foto?-pregunté mientras observaba a la chica que llevaba su cámara en la mano mirando en todas direcciones en busca de un fotógrafo.

Saqué la foto. Las chicas se colocaron detrás de nosotros en la cola, mientras discutían si yo era o no la novia de Robert Pattinson.

-Lo siento...- susurró Ed en mi oído.

-Tranquilo... por extraño que sea, estoy acostumbrada a esto...

-Tuvo que ser difícil para ti...

-No... Era extraño... pero para mi merecía la pena soportar eso...- me entristecí durante un momento y sonreí a continuación para que él no lo notase.

-Ustedes van en el siguiente vagón... prepárense porque no para- exclamó la chica de la atracción.

Vimos como el vagón aparecía ante nuestra vista. Ed agarró mi mano ayudándome a entrar en el compartimento y después entró él. Nos sentamos y dejamos atrás la luz del día para entrar en un oscuro túnel.

-¿Ni un poco de miedo?- preguntó de mientras pude escuchar como se reía.

-Callate...

-¿que pasa? ¿que hice?

Aproveché que jugaba con la oscuridad a mi favor para decir todo aquello que no dejaba de dar vueltas en mi mente.

-Ed... ¿que se supone que somos?-pregunté mientras notaba como mis mejillas se sonrojaban. Por suerte, él no podía darse cuenta.

-No se lo que somos. Se que yo quiero estar contigo.-respondió seguro.

-Yo también quiero estar contigo...

Busqué su mano en la oscuridad al mismo tiempo que el pasaba su brazo alrededor de mis hombros. En ese momento un sonido gutural que no esperaba sonó de fondo. Sin poder evitarlo pegué un salto en el asiento.

-Ni se te ocurra decir nada- dije de forma tajante mientras Ed no dejaba de reírse.

Continuamos el viaje con alguna que otra aparición de algún esqueleto, algún fantasma y algún que otro personaje del cine de terror que en general daba más pena que miedo hasta que tuve que cerrar mis ojos que se sentían dañados por la luz exterior.

-¿A donde vamos ahora? Es tu turno.

-¿Que te parece si comemos algo?- ya eran las doce y mi estómago comenzaba a rugir alarmantemente.

Cogimos comida en un puesto y nos sentamos a comer en un banco.

-Sabes que las revistas te criticarán ¿verdad?- preguntó Ed que en ese momento examinaba mi rostro.

-¿quieres saber la verdad? No me importa lo más mínimo lo que las revistas digan de mi. Llevo diecinueve años sin aparecer en ellas como para preocuparme a estas alturas por lo que puedan decir o no.

-Eres muy valiente...

-¿valiente? No creo que sea valiente para nada.

-Otras no lo llevarían tan bien. La prensa es capaz de volver loco al más cuerdo.

-No soy como otras y quizá todos esos cuerdos no eran más que locos disfrazados.

Ed me miró fijamente y me besó.

-Afeitate...- dije riéndome.

-Nunca te importó si llevaba barba o no- reprochó ofendido.

-Eso era porque antes no me pinchaba...- dije riéndome.

Ed se levantó en ese momento y me tendió una mano para que me levantase también.

-Vamos a las colchonetas...- dijo poniendo sonrisa infantil.

-¿Crees que nos dejarán subir?-dije contemplando los pequeños ocupantes de la colchoneta más próxima.

-Vamos...- dijo tirando de mi.

El hombre que se ocupaba del castillo de aire nos miro sarcásticamente en un primer momento y después accedió.

-Hace demasiados años que no subo en una...- dije intentando recordar la última vez.

-Hay ciertas cosas que no deberíamos dejar de hacer... a veces no está mal volver a ser niños...

Subimos a la colchoneta rodeados de unos cuantos niños que tendrían como mucho doce años. Observé a Ed que en ese momento saltaba con más énfasis que el resto de ocupantes juntos. Intenté imitarlo pero fui incapaz.

-Ed... te veo en tu salsa... pero te aseguro que yo no me veo cómoda en esta situación...

-Eso tiene fácil solución- dijo con una sonrisa maquiavélica en su rostro.

Antes de reaccionar Ed había venido saltado hacia mi y me había hecho un placaje de manera que ahora me encontraba en el suelo con su cuerpo sobre el mío.

-¡no te dará vergüenza! Estamos rodeados de niños- me reí.

-No no me da vergüenza en absoluto.

Juntó sus labios con los míos y comenzó a besarme mientras yo notaba como el suelo se movía debajo de mi espalda.

Después de bajar de la colchoneta dimos un paseo contemplando el resto de la feria.

-Creo que es hora de que nos vayamos...

-No, tengo que hacer algo antes...- no estaba para nada segura de la locura que estaba a punto de hacer pero aún y así tenía que hacerlo, lo necesitaba.

-¿que tienes que hacer antes?-preguntó confuso.

-¡Vamos a la montaña rusa!

-Denís... no... no tienes que demostrarme nada...

Sabía que no tenía que demostrarle nada. Sabía que él se refería a algo así como que no tenía que subir para demostrar que no tenía debilidades. Eso no era lo que buscaba. Tenía que demostrarme a mi misma que a su lado podía enfrentar cualquier cosa.

-Quiero hacerlo- dije intentando sonar segura. Tratando de convencerme interiormente a mi misma también.

-Está bien.

Esperamos durante un tiempo que se me hizo eterno a que llegase nuestro turno. Giré mi cabeza hacia arriba una y otra vez repasando el recorrido de los vagones. Escuché con miedo el ruído de las ruedas al atravesar el recorrido de los raíles a gran velocidad y finalmente el momento llegó.

-Ed... te juro que como me sueltes un solo segundo... te mato- dije agarrando su brazo con fuerza.

-Tranquila...- dijo acariciando mi mano con tranquilidad.

Cerré los ojos y pase los dos minutos más largos de mi vida. Gritando a cada vuelta con una mezcla de miedo y diversión.

...

Caminamos en dirección a donde habíamos aparcado el coche..

-¿Sabes que? No estuvo tan mal...- dije con una sonrisa.

-Tus gritos y la fuerza con la que agarrabas mi mano no parecían decir lo mismo...-dijo riéndose.

Entré en el coche y me quedé dormida. No soñé nada. Parecía mentira pero hacía demasiado tiempo que no dormía tan plácidamente. Al llegar Ed me despertó.

-Denís... ya llegamos... llevo un rato debatiéndome si despertarte o no... pero creo que estarás más cómoda en cama.

Siguiendo su particular ritual salió del coche y abrió mi puerta. Escuché como la cerraba detrás de mi y me acompañó hasta la puerta de casa.

-Deberías venir a dormir conmigo...-dijo mirándome seriamente.

-No vayamos tan rápido...

Ante esto estalló en una profunda carcajada.

-Para empezar he dicho a dormir... y para terminar... llevamos dos meses durmiendo juntos... ¿te parece que sería ir demasiado rápido que durmieses hoy conmigo?

-No seas imbécil- dije riéndome.- le di un beso y abrí la puerta.- Hasta mañana...

-Hasta mañana... duerme bien... y disfruta de ir despacio...

Miré durante unos segundos como se reía y finalmente cerré la puerta.

martes, 2 de junio de 2009

Capítulo 37

Permanecí clavada junto a la puerta del salón observándolo fijamente. No entendía el motivo de su visita, no le veía explicación ni sentido alguno.

Tom se levantó de su asiento y se acercó lentamente a mi. Antes de que me diese tiempo a reaccionar, pegó su cuerpo al mío y me dio un fuerte abrazo. Abracé su cuerpo también mientras miraba a mi hermana con incomprensión intentando que solucionase mis dudas, sin embargo su rostro en aquel momento reflejaba una expresión similar a la mía.

-¿Que tal estás?- preguntó Tom con emoción mientras se separaba de mi y me miraba fijamente.

-Eh... bien, supongo- no sabía si con su pregunta se refería al tema de Robert en concreto o a mi vida en general, no importaba, de todos modos me sentía incomprensiblemente bien.

-Hacía tiempo que no nos veíamos...- dijo Tom buscando las palabras adecuadas que parecía no encontrar.

-Tom... disculpame un momento...- dije mientras le hacía un gesto a mi hermana para que abandonase la habitación.

Salimos de la estancia y nos reunimos en la entrada.

-Beca... ¿ que hace él aquí?

-No tengo más idea que tu... Llamó a la puerta, le abrí y dijo que no se movería de aquí hasta que hablases con él...- mi hermana levantó los hombros dejándome claro que ella tampoco entendía el comportamiento del chico.

-¿Así? Llegó a la puerta sin más...

-Si... yo ni siquiera sabía quien era... Sara me lo dijo mientras no dejaba de acosarlo- dijo ahora riéndose.

-Tendré que hablar con él...- tomé aire y entré de nuevo en el salón.

Tom clavó sus ojos en mi y continuó mirándome durante un largo rato.

-Tom... ¿a que debo tu... visita?-por un momento iba a decir agradable, pero no lo era, su presencia en aquel momento me hacía sentir del todo incómoda.

-Bueno... ya sabes...- respondió con un hilo de voz.

-No, créeme, no lo se. Si lo supiera no te lo estaría preguntando. No creo que estés aquí por que me echases de menos ni porque tuvieses muchas ganas de verme. Así que dime... ¿que haces aquí?

-Robert no sabe que estoy aquí.... es más si lo supiera me mataría...- dijo esto último para si mismo.

-Oh tranquilo, yo no le diré nada...- lo miré con cierto recelo ahora, no sabía a donde quería llegar con aquello.

-Denís, él te quiere...

-Él me quiere, ya... No te engañes Tom. Robert no quiere a nadie además de a si mismo. ¿Te dijo algo?- pregunté riéndome. Aquella situación me resultaba chocante. En otro momento quizá me hubiese hecho falsas ilusiones, ahora mismo solo me hacía gracia.

-No... claro que él no me lo dijo pero lo conozco desde hace demasiado tiempo como para saber lo que siente sin necesidad de hablarlo.

-No te ofendas, aprecio tu esfuerzo pero si él me quisiese sería él quien estaría ahora hablando conmigo y no tú. Si me quisiese no me habría dejado como lo hizo...- mi voz permanecía serena e inquebrantable.

-Si te dejó fue para no hacerte daño...

-Si, claro... para no hacerme daño. ¿Tiene algún sentido cortarle la mano a alguien para que deje de dolerle un dedo? El daño que me hizo es mucho mayor del que me podría haber hecho si supiese que iba a volver.

-Se que quizá no lo hizo de la mejor manera, pero piénsalo. Él te quiere.

-Ya no importa. Cuando alguien toma una decisión debe enfrentarse a las consecuencias, ya no hay vuelta atrás.

-Si es lo que piensas, quizá no lo querías tanto como él a ti.

Lo miré fijamente con odio ante tal acusación.

-No te atrevas a venir aquí acusándome de que no lo quería. No te atrevas ni por un segundo a preguntarme cuánto lo eche de menos. Lo mal que lo pasé por su culpa no se lo deseo a nadie. Pero ahora ya esta, ya lo asumí, Robert se ha ido y yo ya he rehecho mi vida.

-Así que estás con Ed...- dijo entre afirmación y pregunta.

-Con quien esté o deje de estar no es asunto tuyo. Creo que no tenemos nada más que hablar- dije levántandome y mostrándole la salida.


Cerré la puerta una vez que hubo abandonado la casa y me apoyé en ella golpeando la madera con mi cabeza.

Subí corriendo a mi habitación y me acosté sin querer pensar en nada de lo que había pasado. Sin embargo al apagar la luz e intentar conciliar el sueño mi cabeza comenzó a dar vueltas.

¿Sería verdad que Robert no sabía nada de la visita de Tom? Era posible. Quizá si lo sabía y la única intención de aquella visita era enterarse de si yo estaba o no con Ed. No tenía ni idea de a que había venido aquello, sin embargo si sabía como me sentía yo al respecto. Totalmente indiferente. Quería a Robert, me había obsesionado con él desde el día en el que lo había conocido y estaba completamente segura de que así sería hasta el último de mis días. La diferencia en mi actitud se debía a que ahora simplemente lo veía como algo anhelado, cuya realidad estaba completamente en duda.

Cogí el teléfono inalámbrico que se encontraba en mi mesilla y marqué el número de Ed que ya sabía de memoria.

-Hola- saludó con alegría.

-Hola... no puedo dormir...- dije con voz de niña pequeña.

-¿No esperarás que te cante una nana?- dijo riéndose.

-No... es solo que es la primera noche que voy a dormir sin tenerte al lado. Se había convertido en algo tan habitual que ahora se me hace raro que no estés aquí...

-Mañana paso a buscarte a las ocho, ¿te viene bien?

-Si...

-Venga... ahora voy a empezar a contar algo hasta que te quedes dormida.

-Déjame poner el despertador...- me reí.

Ed comenzó a hablar. Al principio resultó un poco difícil quedarme dormida porque me empeñaba en contestarle. Finalmente sin saber con certeza cuanto tiempo había pasado, me quedé dormida con la voz de Ed a través del auricular.

...


A la mañana siguiente el despertador sonó a las siete en punto. Me dirigí a la ducha con los ojos entrecerrados. Tras ducharme me sequé el pelo, me vestí y desayuné.

A las ocho en punto el timbre sonó. Ed siempre era puntual. Abrí la puerta y lo observé durante unos segundos.

-Tienes cara de dormido...-dije riéndome.

-Puede ser... no resulta fácil esperar a que se duerma alguien que se empeña en contestarte constantemente- dijo reprochándome mientras se reía.

-¿A donde vamos?

-Sube al coche, nuestro destino está fuera de la ciudad.

Seguí sus órdenes y tomé asiento en el lugar del copiloto. Cambié la emisora de la radio y puse la música a todo volumen.

-¿Sabes que?

-Em... no, no se...- dijo mientras se reía y arrancaba el coche.

-Creo que voy a sacarme el carnet de conducir...- dije orgullosa.

-Enhorabuena... siempre y cuando no implique que yo tenga que subir contigo...- dijo mientras me miraba fijamente y se reía.

-Haz el favor de mirar la carretera, no se a donde vamos pero me gustaría llegar sana y salva.

Ed aceleró el coche y continuó mirándome.

-Eres un suicida... no quiero ver pasar mi vida ante mis ojos, así que si no te importa, despiértame cuando lleguemos.

Apoyé mi cabeza en el cristal y cerré los ojos. Intenté dormir lo que resulto imposible debido a los bruscos cambios de velocidad.

-Venga enana despierta, ya llegamos...-dijo Ed mientras movía mi brazo con delicadeza.

-Para despertar primero debería haber dormido...

Ed salió del coche y abrió mi puerta. Abandoné el vehículo y por primera vez contemplé el lugar en el que nos encontrábamos. Se trataba de una especie de feria situada en el medio de un bosque.

-¿Pero a ti de donde te sacaron?- le pregunté con ironía.

-¿Que quieres decir?-preguntó confuso.

-Me acabas de abrir la puerta del coche. ¿Lo ves normal?

-No se si es habitual, normal desde luego si...

-A veces tengo la impresión de que guardas algún extraño secreto...

-Puede que sea un poco estratega. En cuanto a secretos... te recomiendo que dejes de ver películas...- dijo riéndose.

Comencé a andar hacia la multitud que se aglomeraba en las proximidades de las atracciones. Ed me siguió a paso rápido hasta que se puso a mi misma altura.

-¿Montaña rusa para empezar?

-¡No! No voy a subir a la montaña rusa ni para empezar ni para acabar...- nunca me habían gustado ese tipo de atracciones. En lo que unos ven una forma de descargar adrenalina yo solo veo un modo de tortura innecesario.

-Elige tu entonces...

-¿La noria?- pregunté mientras observaba su reacción.

-Está bien. Ponte a la cola mientras yo compro las entradas.

Hice lo que él me había dicho mientras observaba como razonaba con el chico de la taquilla durante un buen rato.

Pasados unos minutos volvió hacia el lugar en el que yo me encontraba y se situó a mi lado.

-Ya nos toca... ¿contenta?

-Nunca estuve más contenta en mi vida...- dije con resignación.

Subimos en un vagón amarillo. La noria comenzó a ascender lentamente mientras el resto de compartimentos se llenaban. Clavé mis ojos en Ed con el fin de no mirar al suelo.

Una vez que todas las plazas estuvieron completas, la atracción incrementó la velocidad.

Dimos varias vueltas que se me hicieron eternas hasta que finalmente el ritmo comenzó a aminorar. Cuando estaba a punto de cantar victoria me di cuenta de que mis sospechas no eran acertadas. La noria, efectivamente se había detenido, el problema era que nosotros nos encontrábamos en la parte superior de ésta.

-Mira, desde aquí hay unas vistas maravillosas- dijo señalando nuestro frente.

-Ed... tengo vértigo.

-¿Me estás diciendo que acabo de sobornar al dueño para que nos tenga aquí el mayor tiempo posible cuando tú tienes vértigo?

-Si... algo así.

-Deberíamos trabajar la comunicación...- ante estas palabras estallé en una carcajada recordando lo que mi hermana había dicho ya anteriormente.

-Ed, por favor entretenme, háblame de cualquier cosa- dije sin apartar mis ojos de los suyos.

Me miró fijamente durante un instante y finalmente se acercó lentamente a mi hasta que nuestros labios entraron en contacto. Lo besé durante varios segundos hasta que sin saber porque lo aparté de mi.

-Ed... yo... no puedo, lo siento.-dije lamentándome ante aquella situación.

-Denís, se que somos amigos, que tú no me prometiste nada y que si me hice ilusiones la culpa es mía pero es que no soporto ver como segundo tras segundo vives con el recuerdo de quien no lo merece.

-Ed... no es eso. Es solo que me cuesta confiar... eso es todo.

-Denís... no puedes ponerte una coraza porque alguien te haya hecho sufrir antes.

-Ya lo sé... es solo que no quiero que me hagas daño.- dije con desesperación.

-Puedes dudar de que el cielo sea azul o incluso de que el agua hierva a cien grados, pero te aseguro que el hecho de que yo vaya a hacerte daño es algo que no puedes ni siquiera llegar a plantearte.

Lo miré fijamente durante varios segundos y sin necesidad de pensar mi siguiente paso enrosqué mis manos en su cuello y fundí mis labios con los suyos.